
La mexicana Litzy Vázquez Ochoa intentará apoderarse hoy del título interino superligero de la Asociación Mundial de Boxeo. La Bomba tiene 25 años, uno menos que Milagros, la hija mayor de la mujer a la que procurará destronar, la chubutense Soledad Matthysse, quien en el Coliseo Pedrín Zorrilla de San Juan de Puerto Rico expondrá por primera vez esta corona, la tercera que atesora en una carrera profesional que le está regalando una segunda juventud y que, por el momento, no tiene final a la vista.
“Me siento muy bien y no tengo ganas de retirarme. La fórmula es conservar las ganas de levantarme para ir al gimnasio todos los días”, explica a Clarín Matthysse, quien el 6 de agosto cumplirá 46 años y, si nada se interpone, el 18 de mayo próximo celebrará dos décadas de trayectoria en el boxeo rentado.
“Todavía tengo mucha energía y sigo aprendiendo, incluso más que cuando empecé. Además, me siento muy confiada en el trabajo de mi equipo”, añade.
El currículum de la Itaka incluye dos títulos en la categoría pluma, el de la AMB y el del Consejo Mundial de Boxeo (conseguidos en 2013 y 2015, respectivamente), y enfrentamientos con 16 campeonas, excampeonas o futuras campeonas mundiales, algunas ya retiradas como la Tigresa Marcela Acuña o la mexicana Jackie Nava (miembro del Salón de la Fama de Canastota desde el mes pasado), y otras en plena vigencia como la estadounidense Alycia Baumgardner o la turca Elif Nur Turhan. Y todo ello lo hizo tras ganarle una batalla al calendario.
Después de haber probado distintas disciplinas como el karate y la gimnasia acrobática durante la infancia y la adolescencia, más por impulso materno que por deseo propio, Matthysse se calzó un par de guantes por primera vez a los 23 años, una edad tardía para iniciarse en este deporte, y lo hizo después de haber dado a luz a sus tres hijas: Milagros, Sasha y Yanessis (además tiene tres nietos).
“Me metí en el gimnasio para bajar de peso y entonces le tomé cariño al boxeo”, cuenta. Sin embargo, el pugilismo es parte de su vida desde el día de su nacimiento. Su padre, Mario Edgardo Matthysse, hizo 58 combates como profesional, el penúltimo de ellos ante Jorge Locomotora Castro en diciembre de 1988, en Trelew. Su hermano menor, Lucas, fue campeón mundial superligero del CMB y wélter de la AMB. Su hermano mayor, Walter, fue un potente noqueador que llegó a combatir por el cetro wélter de la Federación Internacional de Boxeo.
Además, Soledad está en pareja desde los 14 años con Mario Narvaes, quien también fue púgil profesional y es uno de los hermanos de Omar Andrés Narvaes, exmonarca mosca y supermosca de la Organización Mundial de Boxeo. Mario no es sólo su compañero de vida, sino también su entrenador y uno de los dos integrantes de su equipo. El otro es el preparador físico Federico Wittenkamp, quien antes trabajó con Lucas Matthysse y Omar Narvaes.
Ese doble vínculo nunca fue un problema para la pareja, sino todo lo contrario. “Yo sé respetar su lugar como entrenador. En el gimnasio, si tiene que corregirme, me corrige; si tiene que retarme, me reta. Y cuando subo a pelear, mi vista está en la rival y mis oídos están en el rincón. En el ring escuchás todas las voces, pero yo consigo bajarles el volumen a las otras y escucharlo solo a él. Mario me grita qué tengo que hacer y yo lo ejecuto. Él dice que funciona como un joystick”, explica la campeona.
En febrero pasado, Matthysse aceptó combatir por el título interino superligero de la AMB, pese a que ello implicaba un salto de dos categorías, ya que había hecho sus últimos siete combates en superpluma. Ello no fue obstáculo para que batiera por nocaut técnico en el noveno asalto a la invicta estadounidense Samantha Worthington en el Little Caesars Arena de Detroit.
Fue apenas su cuarta definición antes del límite, pero tres de esas resoluciones categóricas fueron en sus últimas tres presentaciones: antes había superado a la griega Kalliopi Kourouni en Hollywood y a la santiagueña Lilian Dolores Silva en Trelew.
“Lo primero que pensé en ese momento fue que se había terminado un trabajo muy duro que había empezado hacía meses. Y enseguida me pasaron por la cabeza un montón de cosas. Porque cada casa es un mundo y durante esa preparación tuvimos problemas con mis hijas y pasamos por situaciones muy feas. Mientras nos pasaba todo eso, yo me entrenaba y, al mismo tiempo, me organizaba para estar con mis hijas. Tuve que tener la cabeza muy fuerte”, revela la Itaka, quien además de boxear profesionalmente trabaja desde hace más de 20 años como auxiliar de la educación en la Escuela Nº 207 del Barrio INTA de Trelew.
Con ese triunfo ante Worthington, Matthysse se convirtió en la boxeadora argentina más longeva en conseguir un campeonato mundial: lo hizo con 45 años y 200 días y así superó la marca de María Magdalena Rivera, quien había obtenido el título interino mosca de la AMB con 44 años y 27 días, al vencer a la mexicana Jacqueline Calvo el 22 de agosto de 2024 en el Casino de Buenos Aires.
“Salió todo bien. Y además la promotora que me llevó (Salita Promotions) quedó muy contenta y firmamos un contrato por tres años”, cuenta la peleadora que tiene un récord de 21 victorias, 16 derrotas y un empate.
La primera pelea de ese acuerdo y la primera defensa del cetro de las 140 libras será ante Litzy Vázquez Ochoa, quien tiene mucha menos experiencia que la monarca: ganó sus ocho pleitos profesionales (seis antes del límite), todos fueron en suelo mexicano, siete estuvieron encuadrados en la categoría ligero y el restante, en superpluma. En su última presentación, la veracruzana batió por nocaut técnico en el tercer asalto a la venezolana Liliana Palmera, excampeona supergallo de la AMB.
“Yo voy preparada tanto para atacar como para boxear. Ella es un poco más alta y un poco más técnica. Está invicta, pero no peleó con boxeadoras muy conocidas. Ya estuvimos estudiando sus errores y trabajamos a partir de eso. Tengo que trabajarla mucho abajo y conectar las derechas por arriba, porque se las come mucho”, analiza la campeona.
Muy probablemente, la categoría superligero experimentará movimientos en los próximos meses. La campeona regular de la AMB, Katie Taylor, una de las mejores peleadoras libra por libra de la última década y también dueña de los cinturones de la FIB y la OMB, anunció que se retirará después de enfrentar a la francesa Flora Pili el 5 de septiembre en Dublín, en un combate en el que también estará en juego la faja del CMB.
Si la irlandesa gana y cumple su promesa, todos los títulos quedarán vacantes. Por ello una victoria ante Vázquez Ochoa le otorgaría a Matthysse una silla en la mesa en la que se discutirá el futuro de esas coronas.
“Voy con toda la confianza a esta pelea y sé que si todo sale bien, se van a abrir puertas grandes y vendrá algo importante en diciembre”, se ilusiona la trelewense, quien sueña con hacer una pelea mundialista en su ciudad. Pero no se apura. “Hay que ir pasito a pasito”, advierte. El primero deberá darlo el hoy en Puerto Rico.
Luciano González/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón