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River goleó y Boca ganó sobre la chicharra. Todos los resultados

Pablo Solari festeja su conquista que abrió la goleada Millonaria.

River tuvo pasajes brillantes y justificó el 3-0 sobre Central Córdoba que le permitió quedar a cuatro puntos del líder, Atlético Tucumán -recién juega mañana-. Sin embargo, también repitió sus conocidos bajones y en algunas jugadas debió aparecer Armani como salvador.

El triunfo ante los santiagueños es indiscutible aunque la diferencia la marcó en moments en los que pudo prevalecer en el juego y aparecieron sus individualidades. También repiti sus conocidos bajones y en algunas jugadas tuvo que aparecer Armani como salvador.

River está subido a una montaña rusa. Y los vaivenes que tiene no lo hacen tener una regularidad. Entonces, puede estar más bajo o más alto, acelera y frena, se apaga y se enciende, va de la euforia a la parsimonia y de repente se enchufa, vuelve a andar por los carriles de siempre y otra vez se ilusiona. Y todas esas emociones puede tenerlas en mismo partido. Como pasó ante Central Córdoba, al que goleó en el Monumental.

River muestra dos caras en este torneo. Que se ven partido a partido. En uno es Doctor Jekyll y en otro Mister Hyde. Después de la goleada a Newell’s y de una floja presentación ante Arsenal en Sarandí en la semana, volvió a mostrar una mejor cara en su casa, en la que lleva dos triunfos consecutivos, luego de algunos resultados adversos.

Y esa fortaleza en Núñez la edifica a base de una solidez defensiva, que encontró en los últimos tres encuentros con la dupla Mammana-Pinola en la zaga central y con el respaldo de las manos de Franco Armani detrás de ellos. Y cuando Enzo Pérez está bien, la pelota fluye de una mejor manera en un mediocampo en el que De La Cruz no puede faltar ya que el uruguayo es una pieza esencial, tanto en la recuperación como en la elabora

ción del juego. Y cuando Juanfer Quintero tiene una buena tarde, un rato de su buen fútbol alcanza para ayudar al equipo. Y arriba, de a poco, nace una estrella, que es Pablo Solari.

Gallardo volvió a las bases. A un 43-1-2 sobre el que busca sustentar a su equipo en el último intento por meterse de lleno en la pelea por el campeonato, aunque para ello todavía deberá encontrar la regularidad que el técnico tanto pretende.

Y ayer quedó claro. Es que si bien River terminó goleando y tirando firuletes, la victoria se construyó en base a pasajes de buenos momentos.

No tuvo una continuidad en el juego pero si fue contundente y determinante. Y pasó de las dudas iniciales a florearse al final del encuentro, no sin antes pasar por algunos pozos de los que lo rescató Franco Armani, una vez más clave bajo los tres palos.

Luego de las imprecisiones del comienzo y de tardar unos minutos en acomodarse en el partido, de repente se encontró con una ventaja de dos goles. Y tal vez haya influido el planteo de Central Córdoba, que intentó salir a jugar pero dejó espacios y quedó abierto en varias jugadas.

Para lograr esa ventaja inicial, fueron trascendentales Solari y Herrera, los protagonistas del primer gol. El delantero estuvo atento para capturar una pelota que quedó flotando cerca de la medialuna del área rival luego de algunos rebotes y abrió la pelota para la llegada de Andrés Herrera (jugó su mejor partido en River, con criterio para defender y para proyectarse al ataque). El lateral derecho pasó a pura velocidad por su andarivel y tiró un centro-buscapié al que el propio Solari mandó a la red.

Y cuando el Monumental todavía estaba festejando ese gol, Juanfer sacó a relucir la magia de su pie zurdo y de un córner le puso la pelota en la cabeza a Miguel Borja, quien se desemarcó muy bien para casi sentenciar rápidamente el partido.

Era prematuro animarse a decir que el encuentro ya estaba liquidado. En otros tiempos del River de Gallardo cualquiera se hubiera animado. Pero este equipo todavía genera algunas dudas. Y cuando aparecieron, Armani las disipó con sus atajadas.

El arquero sacó un zurdado de González Metilli en el primer tiempo y también apareció en el comienzo del complemento para tirar al córner un tiro libre de Iván Rámirez, tras una falta de Javier Pinola, a quien Facundo Tello perdonó ya que el capitán

de River estaba amonestado. Y del tiro de esquina posterior, Renzo López se la bajó a González Metilli y Armani le puso sus manos al cabezazo del mediocampista de Central Córdoba.

River había terminado bien el primer tiempo y hasta pudo convertir otro gol pero Palavecino la tiró por arriba luego de que Solari lo dejara mano a mano a Palavecino y tras una jugada en la que Quintero bailó sobre la pelota y asistió a Elías Gómez, el lateral izquierdo no pudo definir.

Sin embargo, el equipo de Gallardo cayó en el comienzo del segundo tiempo, cuando Central Córdoba le copó la mitad de la cancha y le sacó la pelota. Entonces, Gallardo metió mano: sacó a Juanfer, cansado, y a Enzo Pérez, con una molestia en la rodilla izquierda, y reacomodó el mediocampo con Aliendro y Zuculini.

Pero fundamentalmente creció De La Cruz, quien, además, ejecutó magistralmente el córner que terminó en el tercer gol con el cabezazo de Zuculini. Así, River sacó un arma que tenía en desuso: la pelota parada. Con ella aseguró la victoria.

River tuvo tiempo para florearse. Mostró una mejor cara y los asientos de la montaña rusa a volvieron a subir y a acelerar.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

Luis Vázquez, en el último suspiro, le dio tres puntos a Boca que lo ponen en carrera.

Un desahogo. Un remate imperfecto que se hizo ideal en el final en la única resolución ofensiva. Una contra, solo una, de las tantas que insinuó Villa en la noche. Un gol en el último instante, el de Luis Vázquez -después de 16 partidos volvió a marcar- para ganar un encuentro que estuvo cuesta arriba en un buen tramo del segundo tiempo. Una victoria, que no es poco, en Florencio Varela al siempre complejo Defensa y Justicia de Sebastián Beccacece. Y las cuentas que dan mejor que la realidad: cinco partidos sin derrotas, con tres vallas invictas en fila, a 6 puntos del líder Atlético Tucumán (todavía tiene un partido) al que va a recibir en la Bombonera en la próxima semana. ¿Un punto de partida? Se parece más a un alivio de cara a la transición que se eligió hasta octubre en la que el tiempo le marcará los retornos de un plantel diezmado pero que no parece encontrar certezas más allá de los resultados. Aunque en el bolso se haya llevado los tres puntos, lo del conjunto de Hugo Ibarra luce como una historia distinta en cada encuentro, impredecible en su desenlace pero constante en su falta de juego.

Es que el ritmo del partido siempre parece marcarlo el rival de turno de Boca. Si es veloz como Racing o Defensa y Justicia, se corre a esa velocidad e intensidad (ya no en slow motion como en los primeros tres encuentros fuera de Brandsen 805). Si en cambio es a un tranco más cansino como el de Platense o Rosario Central, entonces los de Ibarra juegan a ese tono que invita el otro. Jamás logra acelerar o poner al otro equipo en situación de asfixia por presión o someterlo en campo ajeno. Las estadísticas lo posicionan en el top 5 de equipos en la posesión de la pelota (arriba del 65%) pero todo lo hace en la intrascendencia del triángulo Alan Varela y los centrales del día (en Florencio Varela fueron Roncaglia y Figal, ante la sanción de Zambrano y la lesión de Marcos Rojo). Así, Boca juega a reaccionar y nunca a proponer. En eso anduvo con la búsqueda de algún error rival, con Luis Vázquez aislado (y con falta de confianza, incluso en el gol le pegó sin firmeza) y Villa corriendo más en el retroceso que tomando decisiones en los metros finales. Todo hasta esa última pelota en la que por fin le salió lo que intentó a cuentagotas. Aunque no se trate de una estrategia a trabajar, sí es un arma que todos los rivales conocen que Boca tiene, pero que pocos suelen desactivar durante los 90 minutos.

Siempre lució más entero el equipo de Sebastián Beccacece, pese a que en los primeros 45 minutos casi no inquietó el arco de Agustín Rossi. Aunque para esto último hay una explicación: en los últimos meses el equipo de Varela perdió a todo su gran bloque ofensivo -y con él se fueron 90 goles. ante las transferencias de Merentiel, Bou, Rotondi y Pizzini. Los reemplazos siguen sin asustar al que se le pone adelante. Y eso termina repercutiendo en lo que propone, con movimientos aceitados, con relación a lo que termina consiguiendo.

La segunda parte tuvo al local como dominador. Motorizó por la banda izquierda con Togni el mejor funcionamiento y apostó a las pelotas cruzadas a las espaldas de un Sández desbordado, atolondrado y siempre impreciso. Por eso, con pocas chances pero con una constancia mayor a la de Boca, hizo trabajar a Rossi. Con un zurdazo a Rios y con una atajada oportuna a Frías. No mucho más, pero lo suficiente como para que la balanza le haya favorecido al local.

Ibarra metió mano, pero fue cambiar algo para no cambiar nada. Entraron el chico Brandon Cortés, de gran nivel en la Reserva pero al que le costó hacer pie, Payero y Aaron Molinas. ¿En la teoría? Para hacer de la tenencia de la pelota su método de ataque con algo más de continuidad en las asociaciones. ¿En la práctica? Siempre apostando a la segunda pelota y a la velocidad del colombiano Villa, capaz de iniciar tantas contras como de desperdiciarlas en un ir y venir con Tripichio, quien solo lo descuidó en el cierre y lo terminó pagando demasiado caro.

El segundo tiempo se fue llenando de roces, faltas (Sández pudo irse expulsado cuando estaba amonestado y le pegó un manotazo a su rival) y una mitad de la cancha en la que sobraron energías pero pocas ideas de juego. Porque tanto el local como la visita quisieron adueñarse de las bandas pero ninguno logró hacerlo. Y así se diluyó un partido que no dejaba a nadie conforme en Florencio Varela. Hasta que apareció esa distracción que esperó Boca durante más de 90 minutos, porque Villa aceleró todavía con los pulmones con oxígeno y eligió bien por única vez en la jornada. Y porque Vázquez, repleto de dudas y vacío de confianza, controló una pelota que lo dejó mal perfilado. El zurdazo pifiado, débil, que entró casi sin fuerza al arco de Unsain fue una analogía de lo que hoy es Boca. Un equipo que es capaz de ganar, pese a todas sus dudas.

Matías Bustos Milla/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Godoy Cruz 1 – Independiente 1

Lanús 1 – Arsenal 0

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