Racing, tras 28 años, a la semi de la Libertadores. Maracanazo de Lanús

Racing, tras 28 años, a la semi de la Libertadores. Maracanazo de Lanús

El corazón se acelera en las tribunas. Sí, aunque la clasificación es una certeza, y cada uno de los hinchas que llegaron al Cilindro lo expresa a viva voz, esperan por el silbato de Ostojich. Entonces, el ruido del pitazo se transforma en una canción. Por esos jugadores que “dejan la vida por los colores”, como ofrece el estribillo de la popular. Por Gustavo Costas, que se abraza a sus hijos y colaboradores, el líder espiritual de un equipo que ya puede jactarse de hacer historia. Por Racing, claro, semifinalista de la Libertadores luego de 28 años.

La gente, que se expande de felicidad, pide ganar esa Copa que se conquistó una sola vez, en aquel lejano 1967. Y aunque la victoria está fresca y los jugadores arman una ronda a pura fiesta sobre el campo de juego, exigen que el domingo, “cueste lo que cueste”, haya una victoria aquí mismo, en el derby contra Independiente.

Racing se instaló en esta instancia, donde espera por Flamengo o Estudiantes, con autoridad. Porque enfrente tenía un rival que se la había hecho difícil en Liniers, muy a pesar de jugar con un hombre menos. Sin embargo, en Avellaneda, el único toro fue celeste y blanco. Y Vélez, cuyo técnico había imaginado una cornada en rodeo ajeno con la impronta del Martín Fierro, terminó eliminado y superado, sobre todo en la etapa inicial.

El gol de Solari llegó con delay. Porque la Academia -que también había ganado 1 a 0 en la ida- debió ponerse en ventaja mucho tiempo antes, en esa primera etapa en la que su dominio fue abrumador.

Como si necesitara liquidar rápido la serie, impuso condiciones y, a diferencia de otros partidos, jugó con aplomo. Fue un equipo ordenado con un cambio de sistema que sorprendió a propios y extraños: archivó el 4-3-3 que no había funcionado en Liniers y encaró el duelo a bordo de un 4-1-4-1 con el que encontró equilibrio.

Racing jugó concentrado, fue directo y generó ocho situaciones en el área visitante. No pudo con Marchiori, que tapó cinco pelotas, una más difícil que la otra. Y hasta hubo un disparo de Solari que el arquero manoteó y rebotó en el palo.

Vélez se vio sorprendido e inofensivo. Y aunque jugó con tres puntas bien definidos, nunca inquietó a Cambeses. Cada vez que sus extremos se lanzaron al uno contra uno, perdieron con su oponente. Machuca ni cerca estuvo de aquel buen primer tiempo de la semana pasada y Elías Gómez casi no pasó al ataque porque se vio desbordado por Mura. En este contexto, Santos quedó perdido.

Hubo una clara deficiencia de Vélez, sin dudas, que nunca pudo hacer pie en el medio. Pero también, un mérito de Racing que ganó las divididas, que se lució en las segundas pelotas y en la recuperación. El compromiso colectivo fue notable. Y entre todos, se destacó Santiago Sosa, el soporte del medio, que anticipó siempre y la jugó redonda para el compañero.

Marchiori resultó la figura al cabo de los cuarenta y cinco minutos iniciales. Tapó un tiro de media distancia de Agustín Almendra, muy inteligente para manejar la pelota, y dos cabezazos, uno de Solari y otro de Franco Pardo, ambos a partir de dos tiros de esquina de Gabriel Rojas. Y un tirito de Conechny. Después, lo perdieron Solari y el propio Conechny abajo del arco. Maravilla Martínez, está vez, fue el conector de cada jugada.

En el segundo tiempo, Barros Schelotto entendió que el problema estaba en la zona neurálgica.

Entonces, metió mano en el banco. Entraron Andrada y Lanzini. Y Vélez tuvo una mejor sintonía en simultáneo con una postura más contragolpeadora de Racing.

Y en los primeros quince minutos, tuvo chances para igualar la llave. Lanzini lo perdió por centímetros. Pero la jugada más clara fue el remate de Machuca que Cambeses amortiguó y salvó en la línea de sentencia. El asistente corrió a la mitad de la cancha, Ostojich marcó el gol, los jugadores visitantes festejaron, pero intervino el VAR y quedó claro que la pelota no había cruzado toda la raya.

Fue un susto para Racing, que mejoró con los cambios. Ingresaron Zaracho y Nacho Rodríguez. Y se afirmó el equipo. Hubo lucha en el medio y los intentos de Vélez chocaron contra una defensa sólida, asistida por un impasable Sosa.

El propio Sosa casi abre la cuenta con un cabezazo que pegó en el travesaño. Hasta que llegó el saque de costado de Rojas, el rechazo de Bouzat que volvió al pie del lateral, que gambeteó entre tres rivales, metió el centro atrás y Solari, por detrás de todo, empujó al gol.

No le quedó resto a Vélez. Y Racing, impulsado por su gente, logró su cuarta victoria consecutiva, un pase que esperó durante tres décadas y una fe como nunca antes en más de medio siglo.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

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En el mítico estadio Maracaná frente al último semifinalista del Mundial de Clubes. Minutos después de que la Policía moliera a palazos y rociara con gas lacrimógeno a algunos de sus hinchas. Y tras verse superado física y futbolísticamente durante el primer tiempo. Sin dudas, la clasificación de Lanús a las semifinales de la Copa Sudamericana tras empatar 1-1 con Fluminense tiene tintes épicos.

Los primeros minutos del partido mostraron paridad. Pese a la ventaja mínima que traía del encuentro de ida, el Granate no retrocedió más allá del círculo central y buscó discutirle el dominio al Flu. Sin embargo, más por mérito del rival que por deficiencia propia, duró poco esa postura del equipo argentino. La voracidad ofensiva del conjunto brasileño se lo llevó puesto. Volcó su juego por el sector izquierdo, donde el colombiano Kevin Serna desbordó una y otra vez y fue una pesadilla para Gonzalo Pérez. Por ahí, justamente, se gestó el 1-0: Serna llegó al fondo, envió un centro que encontró a Luciano Acosta y el ex Boca, con su metro 61, la bajó de cabeza para Agustín Canobbio, que definió de tijera.

Ya había tenido el gol el propio Acosta de cabeza y luego fue Everaldo quien se aproximó también de arriba, ambas jugadas con intervención previa de Serna. Además, Samuel Xavier pegó un tiro en el palo. Así las cosas, el 1-0 que llevó al descanso fue la mejor de las noticias para Lanús. Perdía, pero tan sólo por un gol.

En el entretiempo, en tanto, el fútbol quedó de lado por un rato. Hubo un violento enfrentamiento entre los hinchas argentinos y la Policía brasileña. Represión a palazos y gases lacrimógenos. También balas de goma. Desesperación en la tribuna y en los propios futbolistas, que tenían allí familiares y pidieron al árbitro que no inicie el segundo tiempo. Una historia tan lamentablemente conocida.

La segunda parte inició con 20 minutos de demora y se mantuvo la tónica de la etapa inicial. Como Chiquito Romero en Brasil 2014, Nahuel Losada se convirtió en héroe al tapar un furibundo remate a quemarropa de Matheus Martinelli. Y minutos más tarde, tras un nuevo y preciso centro de Serna, el argentino Juan Pablo Freytes cabeceó exigido por el segundo palo.

Perdonó Fluminense, que no tuvo la suerte de su lado, y el que no lo haría sería Lanús, eficaz como pocas veces. De contraataque, se jugó la personal Dylan Aquino, tiró una pared genial con Marcelino Moreno y definió ante la salida de Fabio. El gol de su vida a los 20 años. Se festejó con bronca en la tribuna. Corrieron y lucharon los dirigidos por Mauricio Pellegrino en el final. Se aferraron a un empate que fue victoria. Y espera en la semifinal por Alianza Lima o la U de Chile.

Clarín-Deportes

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