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Racing goleó a Aldosivi. San Lorenzo rescató un punto. Otros resultados

Emiliano Vecchio fue la figura de un Racing que recuperó volumen de juego y contundencia.

El Cilindro vive emociones fuertes. Se despide Nery Domínguez, que llegó de la vereda de enfrente para ser campeón y se ganó la ovación. Hay tristeza por el referente que deja el club, pero una alegría que contradice el momento. Racing volvió a encontrarse con la victoria y con su mejor nivel, aquel que lo había impulsado al reconocimiento de todo el fútbol argentino y que empezó a diluirse, justamente, después de la última vez que enfrentó a Aldosivi. Fue 5 a 0, también, aquella noche de cuartos de final en la Copa de la Liga.

Después, llegaron los golpes y las eliminaciones. Con Boca en los penales, con el River uruguayo en la Copa Sudamericana y con Agropecuario en la Copa Argentina. Tal vez esta goleada, con idéntico resultado y ante el mismo rival marplatense, tenga el efecto inverso. Quizá sea el punto de partida. Cambió la Academia. Mostró otra cara. ¿Podrá sostener este rendimiento en el futuro?

Era cuestión de ser directo, de dejar de dar tantas vueltas con la pelota. Y aunque la propuesta de Fernando Gago está vinculada en la elaboración del juego a través de una buena cantidad de pases, Racing logró explotar su contundencia con dos envíos largos. Y en dos ráfagas, justo cuando terminaba el primer tiempo, se puso en ventaja y justificó la diferencia de jerarquía, más allá de la voluntad y el esfuerzo de Aldosivi.

Hubo dos cambios esenciales. Uno en la previa y otro durante el juego. El primero tuvo que ver con el ingreso de Emiliano Vecchio y la salida de Edwin Cardona. El segundo, con la rotación de posiciones que hubo entre Tomás Chancalay y Johan Carbonero durante el transcurso del partido.

Con características similares, viejos enganches devenidos volantes internos en el fútbol moderno, Vecchio se preocupó por hacer una buena pretemporada tras su salida de Rosario Central y le da mucha más dinámica al funcionamiento colectivo. Cardona, además de su estado físico, hace lento el juego. Y a partir de la inteligencia y categoría del rosarino, Racing tuvo un guía. Que encontró variantes para alimentar a Eugenio Mena en sus proyecciones por la izquierda, para asociarse con Leonel Miranda, para abrir cuando había que hacer ancha la cancha y profundizar cuando buscaba lastimar por el centro. El colombiano está lejos de darle esa oferta a sus compañeros.

Carbonero, en tanto, arrancó por la izquierda, donde se mostró en Gimnasia. Rápido para aprovechar los espacios, hábil y gambeteador. Pero su presencia en ese sector tuvo una floja contraprestación de Chancalay por el otro extremo. El entrerriano se siente mucho más cómodo con el perfil cambiado. Y terminó todas mal por la derecha, muy a pesar de su condición de diestro. Gago advirtió esta coyuntura y desde la media hora, cambiaron de punta.

Racing dominaba, pero no lograba pesar en el área ante un rival con líneas y dientes apretados. Que se cerraba con cinco en el fondo y buscaba lastimar con la velocidad de Braian Martínez, el manejo de Leandro Maciel y la presencia de Santiago Silva.

Peleaba Aldosivi. Hasta que llegó el pelotazo frontal de Leonardo Sigali, el rechazo de Mario López Quintana apurado por Enzo Copetti y la bomba de Vecchio, inalcanzable para José Devecchi. Y casi sin respiro, llegó el segundo. Que nació en un córner de Aldosivi –Sigali le puso la cabeza a un remate de Tomás Martínez; antes había tenido un gran cruce frente a Maciel- que anticipó Vecchio en la medialuna. Recogió Chancalay, encaró contra la raya, enganchó hacia adentro y metió un cambio de frente bárbaro que Copetti pinchó por encima de la cabeza del arquero correntino.

Vecchio hizo todo bien. Y volvió a mostrar sus luces en el tercer gol. Mena abrió para Chancalay, llegó el centro atrás, Sigali de espaldas jugó con el Magnate y la devolución dejó al central perfilado para definir con un zurdazo. El partido ya parecía liquidado al cabo del primer tiempo, ni hablar a esa altura, con el 3 a 0 consumado.

Gago eligió mover el banco. Entraron Gabriel Hauche y Nery Domínguez, primero. Jonathan Gómez y Maxi Romero, después. Más tarde, Cardona. Silva tuvo el descuento, pero su remate pegó en el travesaño. Y enseguida, Gómez jugó para Hauche, el Demonio metió el centro y cabeceó Romero, tapó Devecchi y Rufino Lucero, en su afán por despejar, la metió en su propio arco.

Quedaba resto para más, para otro golazo, una jugada fantástica de Gómez que recibió un toque bárbaro de Romero, y definió a lo Messi, ese apodo que se ganó por su parecido físico.

Fue una noche feliz en Avellaneda, como en la mayor parte del primer semestre. El tiempo confirmará si se trata del comienzo de algo bueno.

Daniel Avellaneda/Clarín

Bareiro, quien convirtió el empate de penal, intenta superar la marca de Cabrera.

El Nuevo Gasómetro se transformó en un escenario complicado para el propio San Lorenzo. No gana desde el 21 diciembre (2-1 a Newell’s). Pasan las presentaciones en ese estadio y el equipo azulgrana sigue sin poder ganar allí. En el mediodía dominguero, el conjunto de Ruben Darío Insua volvió a empatar. Fue 1-1 con Tigre, y ahora acumula diez sin victorias en su casa (suma siete igualdades y tres derrotas). Sin embargo, al margen del clima político pesado, la gente reconoció con aplausos el esfuerzo de los pibes (el promedio de edad de los titulares fue de 22 años y terminó con ocho de la cantera en campo), que mostraron personalidad y entrega hasta el final.

Por primera vez en el ciclo Insua, San Lorenzo salió a proponer otra postura de entrada, una más dominante. Y Tigre, por su parte, jugó a lo que venía jugando el Ciclón en los partidos anteriores. Parece engorroso, pero es simple. El dueño de casa, que venía siendo bastante cauteloso de la mano del Gallego en sus primeras presentaciones, esta vez decidió, tal vez envalentonado por el triunfo de la fecha anterior en Santiago del Estero, tratar de ser el que controle la pelota para desde allí buscar espacios.

Por el contrario, el visitante esperó. Parado con un 4-2-3-1 se plantó en la mitad de la cancha y allí aguardaba para empezar a ahogar a los jóvenes mediocampistas azulgranas y desplegar un fútbol vertical hacia el arco defendido por Augusto Batalla. Y así, el duelo táctico hizo que el espectáculo quedara en deuda en gran parte de los 45 minutos iniciales. Las

áreas parecían vetadas. Y el balón se prestaba de piernas a otras piernas con diferentes medias.

Saludable la intención de Ruben Darío de mostrar otra cara, pero sin los amables botines de Néstor Ortigoza (pubialgia) y de Agustín Martegani ( con alguna molestia en un isquiotibial aunque el DT dijo que no tenía nada), se le hizo muy dificultoso en la parte elaborativa. Y todo decantaba en toques intrascendentes sin profundidad en los últimos metros. Algún intento de Adam Bareiro y no mucho más por el lado de los azulgranas.

El Matador, en tanto, hizo uso de sus aptitudes para atacar de modo directo, sobre todo por las bandas. Facundo Colidio apareció como un rayo por la izquierda y pisando el área grande tiró una diagonal imparable hacia el centro. Allí, atrajo rivales y abrió para Lucas Blondel, el lateral derecho que subió y dio la sorpresa al enganchar y definir con la zurda al palo más lejano del arquero. Palo y a la bolsa total de Tigre, que siguió con su plan de no dejar huecos en su campo y morder en el medio para contragolpear velozmente.

Ni las cábalas del Gallego Insúa ayudaban al Ciclón. El entrenador vistió su innegociable atuendo negro (campera de cuero incluida) con zapatillas blancas y, además, esta vez decidió cambiar de lado del banco de suplentes y utilizó el que está más cerca a lo que era la popular local. Claro, es el que lo tuvo cuando salió campeón en la Copa Sudamericana 2002, 20 años atrás. Hasta se vieron algunas cabezas de ajo al lado de los arcos antes del encuentro…

Pero a este San Lorenzo todo le cuesta demasiado. Sin Ezequiel Cerutti (preservado por una contractura muscular), el elenco de Boedo perdió explosión arriba, aunque buscó suplirlo con el pibe Iván Leguizamón, de ingresos goleadores en los últimas dos fechas y la subida permanente de Agustín Giay, un mocoso de 18 años con atrevimiento, frescura y arrebato que viene siendo citado por Javier Mascherano para la Sub 20.

Después de algunas chances desperdiciadas por un incansable Mateo Retegui, Tigre entregó algunas desatenciones en el fondo. Y lo aprovechó Bareiro, el paraguayo al que la vuelta al gol le inyectó confianza. Abel Luciatti lo pisó en el área al guaraní y el árbitro Héctor Paletta (reemplazó a Ariel Penel, quien se lesionó debió dejar el partido) cobró penal luego de revisarla ante el llamado del VAR. El propio Bareiro la metió otra vez -fuerte al medio- y equilibró una tarde muy pareja.

Para esa altura, Insua ya había sacado a Malcom Braida, incómodo en la franja izquierda, para meter a Nahuel Barrios. También puso al pibe Luis Sequeira, otra promesa de la cantera cuerva que pide pista desde la Reserva. Así, con el desparpajo de los chicos, San Lorenzo se animó a ganarlo y los de Victoria hicieron temblar a Batalla con tiros desde afuera que pasaron cerquita.

Al final, no fue para Cuervos ni Matadores. Pero los purretes del Ciclón se quedaron con una mueca de sonrisa porque dejaron en claro que, a pesar de todo, no negociarán la enjundia.

Nahuel Lanzillotta/Clarín

OTROS RESULTADOS

Platense 0 – Sarmiento 0

Argentinos 1 – Arsenal 1

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