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Paula Pedrozo sobre las Yaguaretés y mucho más

Paula Pedrozo sobre las Yaguaretés y mucho más

No debe haber un deporte menos pensado para la práctica femenina que el rugby. La afirmación corre el riesgo de ser tildada de machirula, pero en los más de 200 años que tiene la práctica de ese deporte, las mujeres aparecen en la línea de tiempo de una manera difusa y con un mojón plantado 160 después de la incomprobable historia de Webb Ellis y el súbito reflejo de tomar la pelota con las manos y correr hacia adelante.

En Argentina, en 2025 se cumplirán 40 del primer encuentro entre dos equipos de mujeres. Luego, un silencio de 15 años hasta que la actividad comenzó a florecer sin importar el qué dirán y ya no es tan fácil conjugar eso de que el rugby es un deporte de bárbaros jugado por caballeros, aunque no haya muchas frases que involucren a las damas en la idea.

La Unión Argentina de Rugby instaló la rama femenina en el Torneo Nacional de Clubes y el Seven de la República, además de contar con un seleccionado de Seven que en 2021 dejó de ser Las Pumas para llamarse Las Yaguaretés.

La capitana del seleccionado, Paula Pedrozo, hace 10 años fue convocada por primera vez y si compara aquel tiempo con el que se avecina, las diferencias le brotan sin tener que hacer memoria. “Era un equipo muy amateur cuando yo empecé. Hoy te encontrás con adornitos como la ropa, el agüita, ¿viste? El gimnasio no existía, Casa Pumas, tampoco: en 2015 usábamos un espacio en el CeNARD que no tenía cancha de rugby. Los recursos eran muy escasos”, dice Pedrozo, Pula, desde casi siempre y para todos.

Ella también piensa en las aspiraciones de aquel entonces y las inmediatas: el Challenger Series 2025 en el que competirán para intentar meterse en el circuito Mundial el año próximo. “En el 2015 esto era recontra inesperado”, le asegura a Clarín antes de viajar con la delegación a Ciudad del Cabo, donde hoy jugarán los dos primeros partidos. Licenciada en kinesiología y fisiatría, estructura su día para entrenar en su club, atender a sus pacientes, conjugar planes con su pareja, “limpiar el departamento”, sentarse “a leer algo” y volver a entrenar con el seleccionado. Pero también, salir de gira con su el equipo nacional.

-Jugabas al basquetbol, ¿cómo apareció el rugby?

-Empecé a jugarlo porque mi mamá es profe de educación física y me veía condiciones. La verdad, tanto no me gustaba, no lo entendía. Me parecía muy complejo, pero encontré cierta gratitud en agarrar la pelota y correr. Me fui enamorando del deporte. Al ser un deporte de contacto lo primero que te dicen es que siempre va a haber algo, una parte del cuerpo que te va a doler. Creo que somos particulares las personas que nos animamos a jugar a este deporte y, principalmente, las mujeres. No a todas las chicas les gustan los deportes de contacto.

-¿No hay prejuicio para las mujeres?

-Al principio, sí. Todavía pasa que hay clubes que se niegan a incluir al femenino.

-Hay una diferencia obvia entre el rugby masculino y femenino que es el físico. Pero también la idiosincrasia: las jugadoras no tienen una dificultad para hablar, por ejemplo, de diversidad sexual, algo que en los jugadores es un tabú ¿Por qué?

-En su momento fue un poco un tabú la homosexualidad. El hombre, quizá en los deportes más rudos, se ve privado de poder mostrarse libremente. Al principio se decía que las chicas que jugaban al rugby eran todas homosexuales; entonces vos estabas en una lucha contraria de decir: “No, no, las heterosexuales también juegan”. Siempre está la curiosidad: “¿Cuántas chicas tienen novia en el equipo…?” ¡Somos dos!

-Claro, pero esa misma pregunta no se la hacen a Los Pumas.

-Hay todavía una diferencia en eso, pero me parece que hay una evolución. Ahora ellos son un poco más cariñosos, ¿viste? Pero me parece que sí, que todavía hay que destrabar algo ahí y ellos tienen un camino también, una lucha propia. Siempre se habla de la desigualdad de la mujer en el ámbito masculino y no se habla de los conflictos de ellos que quizá tienen por ser un ámbito tan masculino.

-Cuando eras mucho más joven, dijiste que más o menos a la edad que tenés ahora sería el tiempo del retiro ¿Te arrepentís?

-Yo programe retirarme en 2025. Hoy estamos peleando un challenger y decís: “Un año más”. Y los Panamericanos y “otro año más’” Pensás en un Mundial 2029 en el que voy a tener como 33 años y vas postergando esa idea. En algún momento va a tocar cerrar ciclos, pero no estoy tan concentrada en eso sino en vivir el momento. Ojalá entremos en el circuito Mundial y me tire un año más. En las mujeres el hecho de programar el retiro tiene que ver con el proyecto de ser madres…

-¿Ese es el plan?

-Sí. Yo tengo pareja y estamos tratando de ser mamás. Ella está tratando. Si queda embarazada, viene el bebé y estoy viviendo dos proyectos paralelos. Después lo comparas con el masculino y decís: “Pero ellos lo hacen”. Y es un poco decir: “Pucha, nosotras no nos consideramos entonces como profesionales del ámbito”; y entonces ahí es cuando vas trabajando por ese lado y vas cambiando sobre la marcha los planes.

Hoy Argentina jugará la primera etapa del Challenger Series -a las 10.33 ante México y 14.14 frente a Tailandia- La segunda etapa será el próximo fin de semana, también en Ciudad del Cabo, y si el equipo se clasifica entre los ocho primeras avanzará a la tercera en Cracovia.

Luciano Bottesi/Clarín-Deportes

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