Inicio / Cultura / Leonardo Padura presentó Morir en la Arena en la Feria del Libro

Leonardo Padura presentó Morir en la Arena en la Feria del Libro

Leonardo Padura presentó Morir en la Arena en la Feria del Libro

La crónica de una derrota; pero también una historia de amor y de segundas oportunidades. De eso se trata Morir en la arena (Tusquets), la novela más amarga que Leonardo Padura presentó en la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. A partir de un parricidio real cometido por alguien cercano, el escritor cubano logra transmitir la frustración de una generación, los que hoy tienen alrededor de setenta años, que siguen trabajando para sobrevivir y no morirse de hambre. Rodolfo, recién jubilado, tiene dos marcas indelebles: el trauma de haber estado en la guerra de Angola y la muerte de su padre, asesinado a martillazos por su hermano Geni. Afectado por una enfermedad incurable, Geni va a salir de la cárcel y quiere instalarse en la casa familiar.

El desencanto de la realidad en La Habana se potencia en las páginas de su última novela, una trama que atraviesa sesenta años de la historia de Cuba. Rodolfo le retruca a un personaje que no sabe qué hubieran pensado sus padres, comunistas convencidos, del deterioro social, el hambre y la miseria en la que vive la mayoría de la población. “Ellos lo habrían justificado todo -le responde-. Estarían diciendo que la Historia se mueve en espirales y que el sacrificio es una prueba y nos fortifica. Que hemos sido víctimas de un bloqueo americano despiadado, el más largo de la historia moderna, y, como los buenos estalinistas que fueron, recordarían de paso la blandenguería de Jruschov y la traición de Gorbachov… (…) El comunismo no es una filosofía ni una ideología, o lo fue al principio, pero luego, para los que siguieron creyendo en él, se convirtió en una religión y, como todas, exigió una fe y la aceptación de un dogma, con sus liturgias incluidas”.

El amor de Padura por Cuba está en su lengua, en su decir y en su mirada. El escritor logró reconocimiento internacional con sus novelas policiales protagonizadas por Mario CondePasado perfectoVientos de cuaresmaMáscarasPaisaje de otoñoAdiós, HemingwayLa neblina del ayerLa cola de la serpienteLa transparencia del tiempo y Personas decentes. “Tú sabes que no soy de los que está en pose, creyendo que tiene a Dios cogido por la barba porque publico y vendo libros”, dice el autor de El hombre que amaba a los perrosganador del Princesa de Asturias de las Letras en 2015 y del Premio Pepe Carvalho en 2023, entre otros.

Un túnel sin luz

-¿Por qué uno de los temas centrales de “Morir en la arena” es la frustración?

-Mi literatura tiene dos características fundamentales: es muy generacional porque reflejo los conflictos y las experiencias de mi generación; y lo generacional está visto en el proceso social cubano. Es una generación que crece con la revolución y ve que aquello que se fue prometiendo empieza a difuminarse en la década de los años 90, en la que incluso se habla de la creación de una novelística del desencanto porque el desencanto social fue muy grande. Fue una época en que se vivía con un enorme desasosiego por la vida cotidiana y por lo que podía pasar en el futuro. El momento en que hubo una recuperación de la esperanza fue en los años del deshielo de (Barack) Obama, entre 2014 y 2016. Después viene la pandemia que provoca una conmoción universal, pero eso además generó un problema económico que se agudizó en Cuba porque la principal fuente de ingresos del país era el turismo. A partir del 2022 se empieza a salir de la pandemia, pero la economía cubana no levanta vuelo, sigue habiendo menos turismo, y el sistema productivo cubano demuestra lo disfuncional que se había vuelto. Se adoptan algunas medidas económicas, como por ejemplo la unificación de las dos monedas que circulaban en Cuba, que ha provocado una incalculable inflación y por supuesto una pérdida de la capacidad adquisitiva. En los últimos cinco años ha salido de Cuba entre un millón y medio y dos millones de personas; estamos hablando de un 12 a un 15 por ciento de la población. El túnel por el que transitábamos podía tener una luz al final. Pero esa luz no existe, incluso las paredes del túnel no se ven; es un momento de una gran frustración tanto en lo económico como en lo social y en lo político; en lo económico hay carencias de todo tipo: apagones; falta de medicamentos y falta de alimentos; en lo social, una inconformidad muy grande de la gente porque la mayoría se ha empobrecido y un pequeño sector, con algunas medidas económicas como la pequeña empresa privada, se ha ido enriqueciendo. En lo político, la gente cada vez exige más espacios de libertad. Todo esto ha provocado que la situación del país sea desesperante. Mi literatura refleja la desesperación; por eso digo que esta es mi novela más triste porque es el destino de una generación a la que se le prometió el futuro y mira a lo que hemos llegado: vivir con unas jubilaciones miserables; depender de los hijos que viven fuera de Cuba; realizar trabajos alternativos de jardinero, custodio, profesor repasador (que da clases privadas), lo que aparezca para poder sobrevivir. Es una generación más vulnerable y más pobre.

Literatura “sinflictiva”

-En la novela, Rodolfo vuelve de la guerra de Angola con mucho miedo. ¿El miedo es también generacional?

-Hay personas que por una cuestión de carácter son capaces de enfrentar mejor determinadas coyunturas de la vida. Hay otras que les provoca temor y Rodolfo pertenece a ese grupo: acepta ir a la guerra de Angola y tiene ahí una experiencia muy traumática. Hay otros personajes que también sufren el miedo, como el escritor Raymundo Fumero, que tiene el miedo de los escritores que comienzan a escribir en los años 70 y saben que tienen que escribir según los requisitos ideológicos que le piden a los creadores. La literatura, la novela, se mueve con conflictos. En Cuba se la llamó literatura “sinflictiva”, literatura sin conflicto. Ese “sinflictivismo” era la respuesta al miedo que se instaló en el mundo artístico cubano y que marcó su desarrollo hasta hoy. Si escribes una novela en la que dices determinadas cosas que no le conviene o no le gusta a las instituciones del Estado, que son las que publican y difunden los libros, esa novela no se publica. Las consecuencias que puede tener hoy no son tan drásticas como en los años 70, que venía con una marginación brutal; pero todavía hay una visión muy ortodoxa de la creación. Mis últimas cuatro novelas no se han publicado en Cuba. Siempre hacíamos ediciones de mis libros en Cuba, con permiso de la editorial Tusquets. Incluso se publicó El hombre que amaba a los perros, un libro bastante fuerte en su expresión de la realidad social y política cubana. La transparencia del tiempoComo polvo en el vientoPersonas decentes y ahora Morir en la arena no se publicaron en Cuba. Tampoco se publicaron mis libros Ir a la Habana y Agua por todas partes. Yo tengo la posibilidad de que mis libros salgan inmediatamente en España y que circulen por toda América Latina; pero un escritor que depende de una editorial cubana tiene que seguir aceptando esas reglas de juego, si quiere publicar.

-¿Cómo te sentís respecto a que no te puedan leer en tu propio país?

-Es doloroso porque los cubanos deben ser mis lectores naturales; son lectores que tienen que buscar alternativas de copias piratas, digitales o que alguien le mande el libro a Cuba para poder leerlo; entonces eso hace que sea una relación muy complicada la que existe entre lo que escribo y lo que pueden leer mis lectores. Nadie tiene derecho a decirle a los demás qué cosas pueden o no pueden leer; qué cosas deben o no deben leer, y eso todavía se practica en Cuba.

La realidad cubana es mi alimento”

-Siempre fuiste muy crítico de la situación cubana y elegiste quedarte en La Habana, en tu casa en Mantilla. ¿En algún momento dudaste y dijiste: “hasta acá llegué, me voy”?

-En muchos momentos, pero más bien eran reacciones casi fisiológicas. El hecho de seguir en Cuba tiene mucho que ver con lo que soy como persona y lo que he sido y quiero ser como escritor. La realidad cubana es mi alimento, la lengua cubana es mi lengua. Los personajes de las novelas de Mario Conde hablan distintos niveles de la norma lingüística cubana, pero está la norma popular que es la que oigo y la que puedo reproducir (y creo que se me da bastante bien) en los diálogos de estos personajes. El hecho de que comparto una manera de entender la vida, de ver el mundo, de que soy muy gregario y dependo de las relaciones con las otras personas, y mi casa y mi madre me atan a Cuba. Ahí sigo y seguiré hasta que me boten de Cuba. Ojalá no me boten nunca.

-¿Alguna vez te pidieron que te fueras?

-No, nunca se acercó ninguna autoridad a pedírmelo, pero me siento culturalmente marginado. Como soy académico, el otro día hice una conferencia en La Habana con la Academia Cubana de la Lengua, una organización no gubernamental que no pertenece al Estado cubano. Fue mucha más gente de la que pensamos que iba a ir, y alguien dijo: “¿Por qué Padura no hace esta conferencia en la universidad?”. Alguien le preguntó a un funcionario de la universidad y ese funcionario respondió: “Padura, no”.

Domesticar a los padres literarios

-En “Morir en la arena” hay un parricidio. Los jóvenes escritores suelen matar a sus padres literarios. ¿A qué padres literarios tuviste que matar para poder escribir?

-Más que matar a padres literarios, lo que hice fue intentar domesticarlos. Yo le debo muchísimo a escritores de distintas procedencias culturales, escritores norteamericanos, franceses, pero sobre todo de lengua española. He aprendido muchísimo y le tengo gratitud a Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Fernando del Paso, Julio Cortázar y la lista sería infinita. No te hablo de mi proceso de distanciamiento de la novela policial que se escribía en Cuba porque estéticamente era un producto tan endeble que no había que matar. Se murió sola. No había que practicar el parricidio; fue una literatura que se autoinmoló porque practicó la propaganda. Recuerda que ese tipo de novela se llamaba “novela policial revolucionaria”; con eso te lo dije todo.

Cuba necesita cambiar”

-¿Hay temor en la sociedad cubana de que Trump intervenga directamente Cuba como lo hizo en Venezuela con Maduro?

-El problema es que los cubanos que viven en Cuba no tienen ni la capacidad ni la posibilidad de cambiar el sistema. Un posible cambio de sistema, presionado por fuerzas exteriores de carácter económico como es el bloqueo petrolero, que es la sublimación del bloqueo comercial y financiero, o por parte una intervención militar, pueden ser soluciones para la sociedad cubana, pero que llegarían por los caminos más escabrosos. Cuba necesita cambiar su economía y su política, pero no porque alguien desde afuera le exija que cambie, sino porque los cubanos que vivimos en Cuba necesitamos que el país cambie, para que la gente no tenga que vivir como viven algunos de los personajes de esta novela o los personajes que veo a mi alrededor, en mi barrio, que bien pudieran estar en esta novela. He comenzado una nueva novela y la primera escena que cuento es alguien que está revolviendo un montón de basura, de desechos que llevan muchos días sin recogerse. La Habana se ha llenado de basureros. Hay dos personas que empiezan a pelear entre ellos por algo que encontraron en la basura. Para que esa escena no sea posible, hace falta que Cuba cambie, porque esa escena que narro ocurre en la realidad cubana. Gente comiendo de la basura eso en Cuba no ocurría, pero ahora está ocurriendo.

-¿Cuán avanzada está la nueva novela? ¿Vuelve Conde?

-Estoy muy en el principio; es una novela que transcurre en 2025 y Conde tiene que buscar a alguien. No te voy a decir nada más.

-¿Cómo imaginás el futuro? ¿Hacia dónde va Cuba?

-No puedo especular porque tengo poca información; hay tan poca transparencia que cuesta mucho trabajo imaginar cómo puede cambiar. No soy economista ni sociólogo, soy un observador de los fenómenos de la realidad y me cuesta mucho trabajo convertirme en alguien que prediga los fenómenos de la sociedad cubana. Pero estoy convencido de que hay que cambiar. Los caminos pueden ser muy diversos; puede haber una especie de modelo chino; puede haber una especie de modelo vietnamita o puede haber un modelo Disney World.

-Después de la gran protesta en 2021 por los apagones, ¿qué pasó con las movilizaciones?

-Desde entonces no volvió a haber protestas prácticamente. Hay protestas puntuales, pero no de la dimensión que tuvo aquella. La sociedad cubana está agotada y con miedo a que si se manifiesta pueda ser reprimida. Pero no tiene tanto temor a ser reprimida policialmente. La policía te da un palo en la cabeza, te ponen cuatro puntos de sutura y a los quince días se te caen los puntos. Pero si te meten en la cárcel puedes estar diez años. La represión judicial es la que más teme la gente; por eso no hay manifestaciones y por eso cuesta mucho trabajar intentar cambiar el sistema desde adentro.

-Nunca fuiste un escritor que le diera la espalda a lo que sucede en Cuba, pero los problemas cubanos se fueron metiendo con más intensidad, novela tras novela, ¿no?

-La realidad en Cuba no te toca la puerta, abre y entra.

La madre de Padura tiene 98 años; su hijo cree que si continúa bien de salud podría llegar a los 100 años. Siempre lee sus novelas, ahora con más dificultad y lentitud porque tiene un problema en la vista y necesita usar una lupa. Después de leer Como polvo en el viento, le dijo: “Oye, ¿por qué escribes libros tan grandes?”. En Buenos Aires el escritor cubano se siente muy querido. “El otro día estaba en la pizzería Güerrín y me tuve que retratar con tres lectores que me reconocieron”, revela y sonríe.

-¿Hay series o películas basadas en tus novelas que se estén por filmar?

-Hay varios proyectos que están en el principio para hacer Como polvo en el viento El hombre que amaba a los perros, pero con muchas indefiniciones sobre si serán series o películas. Yo no quiero intervenir en los guiones. Lo único que quiero es seguir escribiendo novelas.

Silvina Friera/Página 12-Espectáculos

Compruebe también

La exposición La Alegría, de Edgardo Giménez, con entrada libre en Torre Macro

La exposición La Alegría, de Edgardo Giménez, con entrada libre en Torre Macro

“Mi obra -explicaba Edgardo Giménez en la recorrida inaugural de la exposición- busca lo positivo, …

La magia de Vangelis: Nexus-7 toca Blade Runner en el Teatro Colón

La magia de Vangelis: Nexus-7 toca Blade Runner en el Teatro Colón

Una distopía futurista de 1982 en un teatro de arquitectura clásica. Una atmósfera acaso ideal …

Dejanos tu comentario