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La exposición La Alegría, de Edgardo Giménez, con entrada libre en Torre Macro

La exposición La Alegría, de Edgardo Giménez, con entrada libre en Torre Macro

“Mi obra -explicaba Edgardo Giménez en la recorrida inaugural de la exposición- busca lo positivo, porque la negatividad está alojada en todos lados, aunque yo siempre me la saqué de encima. Todas mis obras invitan al buen humor y al bienestar. Sobre todo porque todo lo que ocurre en el mundo es bastante trágico. La alegría es una rareza”.

¿Es política la alegría cuando se promueve el odio? -preguntó este cronista.

-Sí. cuando se promueve el odio, es política -respondió Edgardo Giménez.

La intención explícita de la muestra se puede constatar en las obras, que incluyen pinturas, esculturas, obra digital, instalaciones, objetos, mobiliario y arquitectura -tanto obras especialmente realizadas para la muestra como inéditas-.

“Cuando mis obras entran en colecciones -decía el artista en la recorrida inaugural- la colección también cambia, porque cuando comparás, resulta que las obras que te invitan a sonreír y a pasarla bien siempre son las de Edgardo Giménez”. “Lo que más me gusta es que el público que disfruta de mis obras va de los dos años hasta pasados los noventa”. “Cuando el arte es muy solemne, lejos de abarcar más público, aburre a la gente: a nadie se lo cambia aburriéndolo”.

Entre las panelería dispuesta para colgar las obras, se despliega una cita del célebre crítico arte y gestor Jorge Romero Brest (1905-1989), escrita para uno de los libros de Edgardo Giménez, en 1980: “¿Acaso he conocido otra persona tan segura de sí misma? Le da lo mismo construir una casa, diseñar un jardín, proyectar un corto publicitario, hacer el decorado de un film, objetos o posters. En cada caso, con vista de águila -si es que la águilas tienen buena vista- que le hace ver en la naturaleza y en las personas lo que otros no ven, también con mano ágil y mente clara, resuelve la forma. Como si jugara, mejor dicho, jugando; pues si la vida no pudiera ser un juego, él no la podría soportar”.

“Jorge Romero Brest -explica Edgardo Giménez- fue alguien excepcional, creador del Di Tella. Solo basta con pensar que en un país donde todo se olvida rápidamente, y una noticia tapa a otra, el Di Tella, después de sesenta años, sigue siendo el nombre que nos trae una vanguardia que fue un éxito total, que cambió la manera de hacer cultura”.

La alegría es hoy una actitud política, en tiempos en que desde el poder del Estado se genera a través de expresiones desencajadas: odio, resentimiento, machismo, vendetta, violencia, empobrecimiento, supresión de derechos y abandono del Estado como como mediador entre los intereses particulares y el bien común.

En contraposición con la hostilidad dominante, en la muestra de Edgardo Giménez campea la imaginación, la ensoñación, la fantasía y la sensualidad.

Sus obras, desde comienzos de los sesenta, pueden considerarse ingenuas, buscando lo artístico en la vida y fuera de la formación académica.

Así como Manuel Puig no tomaba de la literatura los ‘materiales’ para sus novelas, sino que lo hacía de las películas de los años cincuenta, Edgardo Giménez también alimenta en parte su obra con fuentes cinematográficas.

El ritmo de la muestra, además de los colores; la retroalimentación y la confluencia con el mundo de la publicidad, lo marcan aquí y allá una fauna (integrada por ejemplo, por monas, conejos, perros, elefantes) que, como en las fábulas, presentan aspectos humanizados, que generalmente remiten a cierta picardía.

Giménez trabajó desde muy joven en agencias de publicidad: los medios masivos y la publicidad fueron fuente de su trabajo. No solo por los temas sino por las estrategias, de una obra que apunta a un público más amplio que el de las artes visuales tradicionales. La naturaleza, los colores y las formas simples marcan una impronta decorativa.

Edgardo Giménez (Santa Fe, 1942) ha realizado numerosas exposiciones individuales, colectivas y retrospectivas, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (2023), el Museo Nacional de Arte Decorativo (2021), el Museo de Arte de Tigre (2018), en el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén (2016), el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (1997) y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (1987), entre otros.

Su producción también se ha extendido al campo de la arquitectura, donde desarrolló proyectos experimentales que hoy forman parte de la historia del diseño argentino, como la emblemática Casa Azul (1970–1972), presentada en el MoMA de Nueva York dentro de la exposición Transformations in Modern Architecture (1979), así como la Casa Colorada (1976), la Casa Amarilla (1979–1981), la Casa Blanca en la provincia de Buenos Aires y la Casa de las Columnas Doradas (1987) en el barrio de Belgrano. Más recientemente, participó en la Fundación Ama Amoedo Residencia Artística (FAARA) en José Ignacio, Uruguay (2021).

Su trabajo en gráfica también alcanzó reconocimiento internacional cuando fue incluido en la exposición “Los carteles más bellos del mundo”, presentada en 1987 en el Grand Palais de París, bajo el auspicio de la UNESCO. Ha ganado diversos premios, es autor de varios libros. Sus obras forman parte de colecciones de museos y fundaciones de la Argentina y el exterior.

  • La exposición antológica La alegría es lo que hace girar el mundo, de Edgardo Giménez, sigue hasta fin de junio en Torre Macro, Avenida Eduardo Madero 1172 , Ciudad de Buenos Aires, de lunes a viernes de 10 a 18, con entrada libre y gratuita.

Fabián Leblenglik/Página 12-Espectáculos

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