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La curiosa historia de Jonas Vingeggard, el flamante ganador del Tour de France

La alegría del ciclista danés en París junto a su hijo.

Jonas Vingegaard (25) descubrió el ciclismo casi de casualidad. Cuando tenía unos diez años, su papá Claus lo llevó a ver la largada de una etapa de la Vuelta a Dinamarca, que partía de Hillerslev, su ciudad natal, y él quedó deslumbrado. Los viajes de vacaciones a Francia con toda su familia cada verano, justo en la época en la que en ese país se corre unas de las pruebas de ruta más míticas del deporte de las dos ruedas, no hicieron más que alimentar su pasión y él empezó a imaginar con alguna vez ser protagonista en las rutas de la Grande Boucle. Ese sueño, finalmente, se cumplió. Ayer, el líder del equipo Jumbo Visma trepó a lo más alto del podio instalado en medio de los Campos Eliseos de París y, con el Arco del Triunfo de fondo para recibir su trofeo como nuevo campeón del Tour de Francia.

El título -el primero de su carrera en una de las tres Grandes Vueltas- escribió su nombre en los libros de historia del ciclismo mundial, porque Vingegaard se convirtió en el segundo ciclista de su país en coronarse campeón del Tour y en el primero en hacerlo en 26 años. El pionero y último en conseguirlo había sido el polémico Bjarne Riis, ganador en 1996. La victoria fue además un premio para un corredor persistente y luchador, al que le costó un poco encontrar su “rol” arriba de la bicicleta.

En sus primeros años, cuando era aún un niño de baja estatura y muy delgado, sufría en las competencias ante rivales más grandes y fuertes que él, que le sacaban muchísima ventaja en los sprints de los trazados planos y con mucho viento de Hillerslev. Su físico ya lo había llevado a abandonar el fútbol, el primer deporte que probó, porque eran tan pequeño que sus compañeros no le pasaban la pelota.

Pero él se negó a dejar que le costara también la chance de practicar su nueva disciplina. Eventualmente descubrió que era un escalador por naturaleza, un talento extraño para un ciclista de un país que tiene como punto más alto el monte Mollehoj, de apenas 170 metros de altura. Pero por alguna razón, cuando la carretera iba en ascenso, él pedaleaba a un nivel superior a los demás.

Comenzó a competir a los 17 años y a principios de 2015 se sumó a las filas del equipo danés amateur Odder CK. Pero sus buenos resultados y su habilidad en la montaña enseguida llamaron la atención de los profesionales. En 2016, firmó con el ColoQuick, también con sede en su país y licencia continental, y no tardó en dar qué hablar. En el Tour de China de esa temporada, su primera competencia con esa formación, finalizó segundo en la clasificación general con solo 19 años.

Conscientes de su potencial, los directivos del equipo le hicieron una recomendación inusual. Le dijeron que buscara un trabajo a medio tiempo que lo obligara a respetar una rutina diaria y a tener disciplina. Jonas escuchó el consejo y empezó a repartir sus jornadas en dos: por la tarde, entrenaba arriba de la bicicleta y por la mañana, trabaja en una fábrica de pescado en el puerto de Halsthom. El flamante campeón del Tour entraba a las 6, salía a las 12 y se encargaba de limpiar, cortar * y empaquetar el pescado, que luego se exportaba. Durante dos años cumplió esa rutina, a pesar de que no tenía necesidades económicas y podría haberse enfocado solo en el deporte. Pero se dio cuenta que ese trabajo iba forjando su carácter.

«Tener que entrenar después de todo el día trabajando en la fábrica me ayudó mucho. Es muy diferente tener el día entero para dedicarse al ciclismo que levantarte temprano, trabajar y luego ir a entrenar durante cuatro horas. Me cambio la manera de encarar el deporte. Me hizo crecer mucho», contó Vingegaard. En el verano de 2018, igual, se tomó un descanso para ir con el ColoQuick a un campo de entrenamiento en Calpe, España. Ese viaje también le cambió la vida. En las colinas españolas, mejoró los tiempos de muchos profesionales y pulió aún más su talento natural como escalador. Su nombre apareció, entonces, en el radar del Jumbo Vista, que buscaba armar una formación fuerte para encarar la temporada 2019. Y el equipo neerlandés, uno de los más poderosos del UCI World Tour, decidió apostar por él. Vingegaard no tardó en sumar sus primeros buenos resultados. En el Tour de Polonia de 2019, ganó una etapa -la sexta- y llegó como líder de la general al último día, aunque no pudo “rematar” el triunfo y terminó incluso afuera del top 10. Poco después, finalizó segundo en el Tour de Dinamarca. Y en 2020, corrió la Vuelta a España, su primera gran prueba, en la que finalizó 46°. Poco menos de un año después, todo el

mundo hablaba de él. Es que Jonas fue la gran revelación del Tour de Francia del año pasado, en el que tuvo más protagonismo del esperado. El líder de su equipo, el esloveno Primoz Roglic, uno de los grandes candidatos al título, decidió abandonar la prueba antes de la novena etapa, después de sufrir varias caídas y algunas lesiones importantes. Y Vingegaard, que hasta ese momento solo había competido como ayudante de los principales nombres de sus formaciones, dio un paso al frente. Fue segundo en dos ocasiones en las llegadas a la cima, por detrás del ganador final de la montaña, el esloveno Tadej Pogacar, y tercero en las dos contrarreloj para asegurarse el segundo puesto en la general, convirtiéndose en el segundo corredor danés en lograr un podio en el Tour, después de Riis.

Este año -tras ser campeón de la Semana Coppi/Bartali y en la Drôme Classic; y ganar la octava etapa del Critérium du Dauphiné- llegó a la gran vuelta francesa como líder de un potente Jumbo. Ganó dos etapas. La 11ª, el 13 de julio, en los Alpes, con final en el Col du Granon, que le permitió llegar por primera vez a la punta de la general. Y la 18ª, la más importante disputada en los Pirineos, en la que el jueves dio una exhibición que le permitió acabar con la resistencia de Pogacar y prácticamente asegurarse la victoria, que terminó de sellar este domingo para hacer historia. ¿Qué será de Vingegaard a partir de esta victoria? “Ignoro si las cosas van a cambiar ahora o más adelante. Habrá que verlo… Sé que la semana que viene va a ser loca. Subir al balcón del ayuntamiento (de Copenhague), el miércoles, será muy fuerte. Primero quiero celebrar esta victoria. Por supuesto quiero regresar al Tour para ganar otro. Pero no me he fijado ganar cinco Tours de Francia o algo parecido. Sólo quiero volver y ganar», confesó.

Luciana Aranguiz/Clarín-Deportes

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