La Copa Sudamericana 2025 es de Lanús. Por Losada y el corazón de todos

La Copa Sudamericana 2025 es de Lanús. Por Losada y el corazón de todos

Después del empate sin goles ante Atlético Mineiro, en un partido trabado en Asunción, le ganó 5-4 en los penales y alcanzó su tercer título internacional. El arquero Losada, con una atajada a lo Dibu y deteniendo tres penales, fue la gran figura. Con esta coronación de Lanús, Barracas Central consiguió clasificarse a la Sudamericana 2026.

El sacrificio de José, que tiene 65 años y manejó acompañado por su esposa durante 17 horas desde Tucumán hasta Asunción. El amor de Daniel, bombero voluntario que vendió rifas y promovió el hashtag #LolaALaFinal para que su hija de 9 años pudiera viajar en uno de los 60 micros que puso el club. Llegaron a Paraguay gracias al empujón final de Julio Soler, que hizo realidad un sueño que parecía deshecho. La pasión de otro Daniel, más joven, rápido para cancelar las vacaciones con sus amigos cuando se consumó el pasaje a la final tras la victoria ante Universidad de Chile.

El esfuerzo de todos refleja los de 15 mil hinchas granates que viajaron a Asunción en autos, motos, combis, micros y aviones. Y todo cobra sentido en el preciso momento en que Nahuel Losada se queda con el remate de Vitor Hugo y decreta la victoria de Lanús ante Atlético Mineiro por penales: 5 a 4, tras el 0 a 0 en los 120 minutos.

Lanús es campeón de la Copa Sudamericana. Es el final soñado para los que estuvieron en las tribunas del estadio Defensores del Chaco, donde festejan y se vuelven a emocionar. Hay besos y abrazos. Y, por supuesto, un grito afinado y bien sincronizado: “¡Dale campeón, dale campeón!”. Lo mismo se vive en el estadio de Lanús.

Conviven hinchas de diferentes generaciones. José y Roberto vieron a Lanús en la Primera C cuando dos descensos consecutivos lo mandaron a la tercera categoría en los fatídicos años 70. A otros más jóvenes, que también peinan canas, como Miguel o Gustavo, les tocó comer mierda cuando entrada la década del 90 bajaron dos veces a la B en tres años. Los más chicos, como Fran o Facundo, hoy niños y adolescentes, agradecerán por siempre que pese a aquellos fracasos se haya decidido sostener en el cargo a Miguel Russo, para saborear luego el dulce sabor del éxito.

¿Cuántos de ellos habrán sentido que con el penal fallado por Lautaro Acosta -el último gran ídolo tuvo la oportunidad de coronar, pero mandó la pelota a la tribuna- se escapaban todas las chances? Lo salvó Losada con tres penales atajados. Héroe. Gigante. Eterno.

“Es el broche de oro para mi carrera. No les puedo pedir más a la vida ni al fútbol. Me emociono porque son mis últimos tiempos en la cancha. Toda una vida jugando al fútbol y es el momento de dar un paso al costado”, sentencia Acosta.

“Tengo un año más de contrato y quería salir campeón para jugar la Copa Libertadores y la Recopa. Mi broche de oro es cerrar mi carrera así. Voy a seguir, ¡obvio!”, asegura Carlos Izquierdoz, otro baluarte.

Mauricio Pellegrino es claro en cuanto a lo que transmitieron sus jugadores experimentados: “Cualquier grupo humano o cualquier empresa necesita gente positiva y que dé el ejemplo, que es el estilo de liderazgo que a mí me gusta. Las personas no son tanto lo que dicen sino lo que hacen. Los jóvenes ven cómo se comportan y se preparan para entrenar. Tener a estos futbolistas me ayudó muchísimo”.

Eduardo Salvio es un hombre de la casa y no da más de la emoción. “Es una felicidad enorme, es algo que tanto buscaba. Siempre soñé salir campeón con el club que me vio nacer. Fuimos merecedores de este titulo y ahora nos toca festejar”. Y vaya si festejaron los jugadores.

Como festejó la gente en Asunción, donde temprano en la mañana había llegado con la caravana de micros. Se estacionaron ocupando la Costanera y la mano de enfrente. Al rayo de un sol penetrante, cuando la térmica marcaba 34 grados que se sentían como si fueran 50, la avenida José Asunción Flores se transformó en una sucursal de Cabrero y Guidi.

“Este es el año Granate”, fue el hit que sonó con cumbia de fondo mientras los vendedores ambulantes ofrecían todo tipo de bebida fría, hamburguesas e indumentaria del club. “Tenés que dejar la vida, tenés que salir campeón”, continúa.

Lanús no pudo imponer el juego asociado que tanto trabajó Pellegrino y que lo llevó hasta la final luego de algunos momentos de dudas y tramos de buen fútbol. Sin embargo, los dirigidos por el ahora campeón por primera vez como DT

exhibieron una fiereza admirable para pelear cada pelota ante las estrellas del Mineiro de Sampaoli, siendo conscientes de todo lo que se jugaban y sin pasarse de rosca en los duelos individuales. Cabeza fría y corazón caliente.

Jugaron por Daniel, para que el sueño de Lola fuera completo. Le cumplieron el deseo a José, quien tal vez ahora piense que pueda volver a viajar para ver a Lanús campeón. A Roberto, Facundo, Gustavo, Miguel y Fran… Y lucharon no sólo por esos 15 mil hinchas sino también por aquellos que no pudieron viajar y debieron quedarse en casa. En definitiva, dejaron la vida y lograron el objetivo. Lanús, campeón de la Copa Sudamericana y con pasaje a la Libertadores 2026. La fiesta será larga.

Juan Nicolás Branz/Enviado Especial de Clarín

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