Juan Onofri Barbato estrena Las Ruinas en el Centro de Experimentación del Colón

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¿Qué memorias guardan los cuerpos? ¿Cómo reaccionan ante la crisis? ¿Qué movimientos emergen, qué gestos, qué sonidos, qué palabra? ¿Qué le ocurre al lenguaje? Algo de eso se pregunta el bailarín, coreógrafo y director Juan Onofri Barbato en su nueva creación, Las ruinas, que podrá verse en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. En diálogo con Página/12, asegura que como artista necesita que su cuerpo esté involucrado en las crisis: “Me cuesta tener distancia con respecto a las crisis o elaborarlas desde afuera. No vivo en crisis, tengo las cosas básicas resueltas, pero necesito que mi cuerpo sea atravesado por la intensidad de las crisis, que pueda romperse un poco, dejarse penetrar”.

Antes proponía esto a través de otros intérpretes, pero desde hace un tiempo lo hace con su propio cuerpo en formato de solo. “Esto me da más permisos, intensidades que no le pediría a otros salvo que las condiciones estén dadas. Me interesan los artistas que se dejan atravesar por las crisis, esos artistas que permiten que su trabajo esté abollado por la crisis; no me interesa la distancia o la mirada cenital”, subraya. En Veneno, su obra anterior, reflexionaba sobre la ópera experimental a partir de un procedimiento de sustracción que escindía el sonido de la coreografía. Aquella obra transcurría en las terrazas (de Fundación Andreani, de Arthaus), pero ahora se desplazó al sótano porque Las ruinas se despliega en los subsuelos del Teatro Colón.

El artista tenía ganas de profundizar esa búsqueda. En octubre de 2024 coincidió con la dramaturga Laura Sbdar en la Escuela de Invierno de Nueva Ópera de la Fundación Williams –donde comenzó a gestarse la pieza– y en 2025 el proyecto avanzó con una residencia de creación en Planta Inclán, espacio que fundó en Parque Patricios y donde se ensayó íntegramente este trabajo. “Nosotros trajimos la obra terminada”, apunta. Sbdar escribió la dramaturgia, Onofri delineó el dispositivo coreográfico, Ailín Grad compuso la música, Tomi Lebrero la canción “La Argentina arde”, Rodrigo González Garillo diseñó la escenografía, Matías Sendón la iluminación y Mariana Seropian el vestuario. “Mi idea era pensar una obra grupal con una escala un poco más ambiciosa. Lo hice en otros momentos de mi vida y sé que en estos procesos hay una potencia muy distinta”.

Las ruinas propone un recorrido espacial y temporal por las catacumbas del Colón a través de dos figuras singulares: la bailarina y coreógrafa española Antonia Mercé (conocida como “La Argentina”) y el bailarín japonés Kazuo Ohno, quien le dedicó un homenaje. Ese hallazgo activó un eje sobre la identidad y la memoria. Onofri llegó a ellos de manera fortuita: una epifanía. “Un día fui a buscar a mi hija al Instituto Vocacional de Arte (IVA) de la sede Garay y vi una placa que decía: ‘Antonia Mercé, La Argentina’ con una fecha”, recuerda.

El director andaba dando vueltas alrededor del butoh y Antonia Mercé fue la inspiración de Kazuo Ohno, uno de los creadores de esa danza. “Lo más extraño es que me acompañaba el papá de un compañerito de mi hija; él es japonés y bailarín de butoh. Fue muy loco. Los dos nos quedamos mirando la placa. Esa señal activó la investigación. Nos dimos cuenta de que había un sentido asociado a la Argentina. Me pareció interesante investigar el gesto de dos artistas tan importantes para la danza del siglo XX que usan el nombre de nuestro país sin que su trabajo refiera a nada de nuestro territorio”.

El trabajo empezó con la exploración sobre cuerpos derruidos por acción del fentanilo, cuerpos contemporáneos un poco zombis que habitan esa zona liminal entre la vida y la muerte. “No queríamos romantizarlos pero se volvieron cotidianos. Acá no se consume fentanilo pero sí paco. Yo soy del sur de la ciudad y estoy cerca de la villa Zavaleta entonces veo la acción de esas sustancias. La historia nos llevó a Pompeya y a 1933, año en que Antonia visitó Argentina”.

La estructura del espectáculo contempla el desplazamiento del público: el itinerario arranca en 1933 con una familia de mercachifles que intenta imitar a La Argentina para hacer unos mangos afuera del Teatro Colón, sigue en 2001 con los cosplayers de Kazuo Ohno y concluye en un futuro fentanílico habitado por mutantes. “Cada época tiene sus conflictos y el país siempre está atravesado por algo en esos momentos de la historia. También es un loop”, explica el coreógrafo.

–Hay un juego de cajas chinas en torno a la imitación, la farsa, el homenaje, la reescritura. ¿Cómo pensás esta dimensión?

–A mí me da cierta ternura la fantasía de imitar y no ser descubierto. Me parece que hay un gesto noble y tierno al creer que el engaño es tan poderoso que no se van a dar cuenta. No me indigna ni lo juzgo; me genera ternura, sobre todo cuando esa engañifa es por supervivencia. Esta familia que creamos para la escena ve en su nena a La Argentina, pero nosotros vemos otra cosa. Me gusta lo que pasa cuando el arte desborda los lugares hegemónicos de cultura y está en la calle. En los vendedores ambulantes, por ejemplo, veo un gesto artístico, un encantamiento. A las mal llamadas artes menores se les baja el precio pero siempre aportan ingenio y audacia. En el arte callejero hay mucha precisión, obsesión, estética, dedicación.

En Veneno el director había ideado el procedimiento de sustracción junto a Ailín Grad. “La coreografía produce sonido además de movimiento. Ese sonido puede ser palabra, canción, algo abstracto. La coreografía suena y habla. Acá presentamos una paleta variada para pensar el diálogo entre danza y palabra: una escena A donde el cuerpo está al servicio de la palabra, una escena B donde la palabra entra por un dispositivo y el movimiento por otro (los lenguajes están autonomizados) y la escena C donde el lenguaje se degrada y la palabra pierde jerarquía. Para eso pensamos procedimientos de amputación del lenguaje”, dice. La danza mutea la voz por la dificultad que implica moverse y hablar al mismo tiempo. Por lo general, los gemidos o jadeos están penalizados pero Onofri considera que “hay que habilitarlos e incluso componer con eso”.

–Acá hay diversidad corporal y no es habitual en el mundo de la danza. ¿Es algo que te propusiste a la hora de encarar el trabajo?

–Era un objetivo desde la hora cero. Quería armar una grupalidad relativamente grande con un corte etario y corporal muy diverso. Me parecía que el trabajo tenía que poder abordar esas diferencias. Me seduce trabajar con cuerpos distintos y singulares que no son los que comúnmente imaginamos como “cuerpos que bailan”: súper entrenados, flaquitos, blancos. Yo me copo con gente que maneja estados escénicos potentes, no me importa el cuerpo que tengan. Da la casualidad de que no son el típico bailarín o bailarina. Como director no termino de sentirme convocado por ese tipo de corporalidades. Por supuesto hay excepciones de todo orden, pero me interesan los intérpretes que pueden afearse, enloquecerse y volverse peligrosos en la escena.

Esos performers son Florencia Ciucci, Mariano Landa, Tomi Lebrero, Luis Monroy Grandon, Andrés Molina, Tiago Mousseaud, Paula Servetto y Jorge Thefs. Onofri se dedica a la danza desde hace veinte años y asegura que este es “un momento crítico” por los recortes presupuestarios desde el Estado pero también por la desorganización de la comunidad. “Ya no se sabe muy bien quiénes somos parte de esa comunidad: muchos se fueron a vivir afuera y otros no se pueden dedicar a esto. Así como hay crisis de representación en los partidos políticos, algo tan lábil como la danza contemporánea en CABA también se ve golpeada. Hay una imposibilidad para organizarnos, crear cosas colectivamente y generar reclamos. Este síntoma decanta en falta de propuestas contundentes, falta de espacios (se han cerrado varios este año), falta de apoyos y falta de público”, concluye.

  • Las ruinas se presenta jueves 22, viernes 23, sábado 24, miércoles 28, jueves 29, viernes 30 y sábado 31 de octubre a las 20.30, y los domingos 25 de octubre y 1° de noviembre a las 18 h en el CETC (Tucumán 1171). Entradas en teatrocolon.org.ar.

Laura Gómez/Página 12-Espectáculos

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