
Es el premio al haber optado por el camino más largo. Por haberse despojado de los prejuicios, por confiar en un cambio de paradigma y además de resultados ir cosechando un estilo. Ese estilo que se vio desdibujado porque enfrente estuvo nada menos que quien mejor lo ejerció en el último tiempo. Por eso el festejo italiano es aún más valioso. Y al sueño de gritar campeón otra vez (como en 1968, su única Eurocopa ganada) le queda un solo paso. Será el domingo, frente al ganador de Inglaterra-Dinamarca.
Cada vez se analiza más al juego. Y lo que a priori resulta saludable, a veces provoca el alejamiento de lo básico, de lo esencial. Suele decirse que no hace falta tener la pelota para tener el control de un partido. Pero con la pelota, vaya obviedad, todo es más fácil.
España hace un culto de lo básico. Vuelve a la esencia, toca y toca. Se agrupa, avanza en bloque, genera los espacios, les quita referencias a las marcas rivales.
Neutralizar a Italia no es algo sencillo. Porque desde que llegó Mancini logró impregnarle su sello, con esas mismas premisas que llevaron a España a gritar campeón mundial y a golear a la Azzurra en su última final de Eurocopa, en 2012.
En Wembley, el equipo de Luis Enrique domó a un rival que llegaba con la prepotencia de quien encontró un estilo con el que se siente cómodo y consigue resultados. El mérito de Italia fue saber adaptarse a la incomodidad. Alteró su receta de juego de tenencia por una búsqueda más directa y punzante. Y en una semifinal muy equilibrada encontró el premio en los penales.
España sorprendió en la formación inicial con Oyarzabal en lugar de Morata y desarticuló a la defensa italiana. Bonucci y Chiellini, dos fieras en la marca al hombre que venían de controlar nada menos que a Lukaku, tuvieron que defender al espacio, sin un rival que sirviera de referencia.
De mover los hilos se encargó Pedri, el talento que con 18 años es titular indiscutido en Barcelona y su selección. Del primer pase se ocupaba Busquets y de ser la rueda de auxilio en defensa y ataque se hacía cargo Koke. A este dominio (casi 70% de posesión en los 90 minutos) que tuvo una constancia envidiable solo le faltaba un poco de explosión. Y en ese rubro Italia, con Jorginho impreciso, sin poder encontrar a Insigne ni las diagonales filosas de Barella, se las ingeniaba para con un par de trepadas de Emerson (reemplazante del lesionado Spinazzola) advertir su peligrosidad.
Los goles llegaron en el complemento y fuera de contexto. Cuando se extendía el libreto inicial, con los de Luis Enrique dominantes y los de Mancini tratando de encontrarle la vuelta al partido y a punto de mover el banco para buscar soluciones, llegó el golazo de Federico Chiesa. Made in Italia: desde Donnarumma en el área propia hasta la definición exquisita en el área ajena. De punta a punta, en tres pases y a toda velocidad.
La ventaja dio lugar al tramo más fluido de la Nazionale, que llega a 33 partidos sin derrotas. Porque el equipo de Mancini también ejerce el control desde la pelota pero el problema es que esta vez su rival no se lo permitía.
No es novedad: el estado anímico condiciona el juego y parecía que España entraba en un pozo al ver cómo se destruía todo lo que había hecho sin traducirlo al marcador.
La merecida igualdad fue otro golazo que no encajó con el momento del partido. Made in España: Morata, ingresado, la empezó de 10 y la terminó de 9. Le dio la voracidad que el equipo no había tenido, construyó una pared con Dani Olmo definió como un crack, engañando al arquero y tocando suave a un palo.
En el tiempo extra (el tercero consecutivo para España y el segundo de Italia en el torneo) la combinación entre el miedo a un error que precipitara el adiós, y el desgaste físico lógico por la presión y la seguidilla de partidos, se plasmó en un trámite sin sorpresas y derivó en los penales.
Arrancaron fallando ambos. Unai Simón le atajó a Locatelli y Olmo tiró el suyo alto. La balanza se inclinó cuando Donnarumma tapó el tiro de Morata y luego Jorginho desató la locura italiana con un toque sutil.
Clarín/Deportes

Las selecciones de Inglaterra y Dinamarca pelearán este miércoles (21.00 horas/Telecinco) por el segundo billete para la final de la Eurocopa en el estadio londinense de Wembley, donde los locales contará con el apoyo de su afición y su excelente momento de forma ante un adversario convertido en la revelación del torneo.
Inglaterra no disputa una semifinal europea desde 1996, cuando cayó en los penaltis frente a Alemania. La anfitriona de dicho torneo sufrió aquella decepción en Wembley, precisamente el mismo escenario que ahora le ofrece posibilidad de redención y soñar con su primera clasificación para una final continental.
Será la tercera oportunidad histórica para el equipo británico, que también cayó en semifinales ante Yugoslavia en 1968 (1-0), y la que encara con más convicción tras su gran desempeño en la presente Eurocopa, donde se ha convertido en la primera selección que llega a semifinales sin encajar un solo gol.
La paliza en cuartos a Ucrania (4-0), primera vez que anotaba cuatro goles en eliminatorias de un gran torneo desde el añorado Mundial 1966 -único título de su historia- reafirmó la candidatura de Inglaterra, que contará con el apoyo de una afición entregada en el mítico estadio londinense.
Además, a su solidez defensiva suma el despertar en ataque de Harry Kane, quien después de quedarse seco en la fase de grupos viene de marcar un gol ante Alemania y dos ante Ucrania, rozando el ‘hat trick’ en el segundo. Gareth Southgate tiene a todo su equipo disponible y descansado, ya que pudo dosificar esfuerzos en cuartos.
Dinamarca se mira en 1992
Por todo ello, el rol de supuesta víctima recae sobre Dinamarca, aunque la selección nórdica ya sabe lo que ese destrozar todos los pronósticos. Lo hizo en 1992, cuando se proclamó sorprendente campeona, mientras que en sus dos anteriores apariciones en semifinales acabó eliminada: en 1964 contra la URSS (3-0) y en 1984 contra España (1-1) en la tanda de penaltis.
El equipo entrenado por Kasper Hjulmand se rehizo del fatídico debut ante Finlandia, con derrota y el gran susto de Christian Eriksen, y viene de encadenar tres victorias frente a Rusia (4-1), Gales (4-0) y República Checa (2-1) en las que ha exhibido su acierto ofensivo con Kasper Dolberg, autor de tres goles, como máximo peligro.
Además, Dinamarca ya reinó hace poco en Wembley, concretamente el pasado 14 de octubre, cuando sometió a Inglaterra en la Liga de Naciones con un penalti transformado por Eriksen (0-1), su única baja en esta semifinal. En el balance histórico, Inglaterra ha sumado 12 victorias en 21 precedentes, por cuatro triunfos daneses y cinco empates.
INGLATERRA: Pickford; Walker, Stones, Maguire, Shaw; Rice, Phillips, Mount; Sancho, Sterling y Kane.
DINAMARCA: Schmeichel; Christensen, Kjaer, Vestergaard; Stryger, Hojbjerg, Delaney, Maehle; Braithwaite, Damsgaard y Dolberg.
–ÁRBITRO: Danny Makkelie (NED).
–ESTADIO: Wembley.
–HORA: 16.00/Direct TV/ TNT Sports.
lanacion.com
MG Radio 24 Villa Pueyrredón