
“Obviamente, estamos viendo menos cine argentino; es un hecho, se está produciendo menos. Pero de todos modos, el cine argentino tiene mucho talento, entonces por más que quieran que desaparezca del mapa no lo van a conseguir, porque ese talento se va a mover de distintas maneras, como sea”. Quien habla es José Luis Rebordinos, histórico director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que comienza este viernes 18 -con una gala en la que se homenajeará al director alemán Werner Herzog– y que, en sus distintas secciones, incluye quince películas argentinas o en coproducción. Entre ellas dos que competirán por el premio mayor del concurso oficial, la Concha de Oro: Mis muertos tristes, dirigida por el chileno Pablo Larraín, basada en relatos de Mariana Enriquez, y Glaxo, de Benjamín Naishtat, con Lali Espósito, Marcelo Subiotto, Esteban Bigliardi y Esteban Lamothe al frente del elenco. “Son dos de los platos más fuertes que tenemos en la Sección Oficial”, afirma el responsable del festival.
“A ver…”, explica Rebordinos. “Mis muertos tristes no es de un realizador argentino, pero está rodada en Buenos Aires, con Mercedes Morán y Dolores Fonzi en los papeles principales, sobre cuentos de Mariana Enriquez (que hace unos años fue jurado aquí en Donostia), entonces, ni hablar: es una película más argentina que el dulce de leche…”. De hecho, la versión que se presenta en concurso en San Sebastián es la adaptación para cine de la serie del mismo título que se verá en todo el mundo, apenas unos días después del festival, en Netflix, la plataforma productora del proyecto.
“Luego, están las muchas películas argentinas que se están haciendo gracias a las coproducciones, concretamente Glaxo, que desde su tema y su elenco es argentina de arriba abajo, pero que fue filmada en el sur del Brasil con producción mayoritariamente brasileña”, sigue advirtiendo Rebordinos. Ambientada en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires entre finales de los años cincuenta y principios de los ochenta, la nueva película del director de Puán está basada en la novela homónima de Hernán Ronsino y narra la historia de cuatro jóvenes cuya amistad se rompe para siempre cuando un ex policía (Subiotto) y su bella esposa (Lali) llegan al pueblo donde se ubica la fábrica homónima. La película se describe en el catálogo del festival como “una historia sobre el deseo y la venganza, ambientada en una época en la que todo un país perdió la inocencia”. La Chivilicoy de 1957 fue reconstruida en la ciudad fronteriza de Jaguarão, en el estado de Rio Grande do Sul, Brasil, además de contar con locaciones adicionales en Argentina. Es una producción del brasileño Rodrigo Teixeira asociado con la compañía argentina REI Pictures.
“Para mí, Benjamín Naishtat es uno de los directores más importantes de América latina, cada nueva película suya la espero con impaciencia”, se entusiasma Rebordinos. “Pero de Glaxo me atrevería a decir que es la consagración de Lali Espósito como actriz. Todo el elenco de la película está increíble, pero ella tiene un papel que le permite lucirse como nunca. Lo comentaba con un compañero del comité de selección: nos hace acordar a las grandes figuras del Hollywood clásico, tiene esa presencia y esa fotogenia”.
“Y después se ven coproducciones con Uruguay, con Chile, con México y con España incluso”, enumera orgulloso Rebordinos. “Es el caso de A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, una película estupenda, nos encantó cuando la vimos”. La realización de la directora cordobesa María Aparicio que concursa en San Sebastián en la sección Zabaltegi-Tabakalera viene de ganar en el Festival de Venecia el premio principal de la sección paralela Giornate degli Autori. Rodada íntegramente en España, en locaciones de Madrid y muy especialmente en el Museo Reina Sofía, donde Aparicio hizo una residencia de trabajo, A veces me entra tristeza, otras veces rebelión narra los encuentros y desencuentros de una mujer y un hombre (Eva Bianco, Roger Koza), ambos argentinos de paso por la capital española. “Una película que retrata la soledad del presente, aunando una dimensión íntima y una carga política, y que nos invita a reflexionar sobre el trabajo, la inmigración y el privilegio a través de una delicada puesta en escena construida sobre pequeños gestos más que sobre grandes acontecimientos”, dijo el jurado del premio GdA, presidido por la directora española Carla Simón.
La sección Zabaltegi, que se desarrolla en el magnífico espacio del centro cultural Tabakalera, una usina creativa que alberga todo tipo de manifestaciones artísticas, tiene en esta edición del Donostia Zinemaldia (como se llama el festival en lengua euskera) una presencia argentina inusitada. Además del film de Aparicio, concursa El fantasma, una producción de El Pampero Cine dirigida por Ignacio Masllorens y el artista plástico David Lamelas, donde dos jóvenes productoras reciben el encargo de filmar un documental sobre Rubén Santantonín, una misteriosa figura de la vanguardia artística argentina de los años 60 que destruyó casi toda su obra. La condición del cliente es que lo hagan junto al artista conceptual David Lamelas, excompañero del retratado, lo que transforma el proyecto en un híbrido lúdico entre el documental y la comedia absurda.
Zabaltegi también alberga la performance de Albertina Carri denominada Cine vivo y que incluye tanto una celebración del libro del mismo título que acaba de publicar la directora de Los rubios como un cortometraje y la lectura de textos. “Todo lo impuro de la escritura mezclándose con lo impuro del cine para conformar este nuevo ciberorganismo vital”, define la propia Carri al acto en cuestión. Y la apertura de la sección, nada menos, también está en manos argentinas, las de María Alché y Benjamín Naishtat (haciendo doblete con Glaxo), quienes realizaron juntos el documental Pedro en el país, un documental centrado en la singularísima figura de Pedro Catella. Hijo de Alicia Eguren y adoptado por John William Cooke, Catella tiene una historia de vida que atraviesa cada gran episodio histórico de América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Agente de la resistencia peronista desde los 9 años, tirador de élite en la sierra del Escambray, Cuba, a los 17, su vida estuvo signada por un destino revolucionario. Y la cuenta toda frente a cámara. “En euskera, Zabaltegi quiere decir ‘Zona abierta’ y el documental de Alché y Naishtat, que combina entrevista, material de archivo y reflexión nos parece ideal para inaugurar la sección”, señala Rebordinos.
A su vez, en la sección Horizontes Latinos, dedicada exclusivamente a películas latinoamericanas, la productora argentina Agustina Llambí Campbell forma parte del jurado, que incluye –además de títulos de Chile, México y Colombia- las películas nacionales El tren fluvial, opera prima de Lorenzo Ferro y Lucas Vignale, revelación de la Berlinale de febrero pasado, y La ilusión de un verano sin fin, primer largometraje de la fotógrafa Alessandra Sanguinetti, con producción de Julia Solomonoff, que viene de ganar dos importantes premios en el Festival de Locarno: el Leopardo de Oro al mejor film de la sección Cineasti del presente y el Swatch First Film Award a la mejor opera prima. Filmado a lo largo de casi treinta años, lo que ya de por sí es un hecho de una excepcionalidad absoluta, el documental de Sanguinetti sigue las vidas paralelas de dos primas y amigas nacidas y criadas en una pequeña localidad de la pampa húmeda, Belinda y Guillermina, mientras atraviesan distintas etapas y cambios existenciales: la niñez, la adolescencia y luego ya como mujeres y madres.
Por su parte, Ricardo Darín tiene el privilegio de ilustrar el afiche oficial del festival. “El privilegio es nuestro”, retrueca Rebordinos. “Yo a Ricardo lo considero un amigo, es alguien que siempre ha sido muy generoso, tan buena gente con el festival, y éste es mi último año como director y pensando con mis compañeros nos dimos cuenta de que nunca habíamos tenido en el cartel a nadie de América latina y decidimos que éste era el momento y que Darín era el indicado. Hay muchos actores y actrices que adoramos, pero Darín es un ícono del cine argentino en España. Además de su larga relación con el festival, donde ya le otorgamos hace unos años el Premio Donostia. Así que este es un nuevo homenaje para Ricardo pero también es un honor para nosotros y es por eso que hemos programado, en una función especial, la nueva película que ha hecho para Netflix, Lo dejamos acá, una comedia muy divertida que protagoniza junto a Diego Peretti y donde él tiene un papel muy lucido, está muy gracioso. Y en San Sebastián la gente muere por ver una película con Darín, y más con Darín en la sala, así que será toda una fiesta”.
Para Rebordinos, es claro que “el cine argentino siempre va a encontrar las fisuras para encauzar todo ese enorme talento que tiene. Nadie va a hacer desaparecer de pronto a Darín, a Subiotto, a Mercedes Morán, a Naishtat, a María Alché… Están demostrando que saben sobrevivir a la espera de que vengan tiempos mejores”.
Otras presencias argentinas
Además de las películas y figuras mencionadas en el cuerpo principal de la nota, hay en San Sebastián muchas otras presencias argentinas. En funciones especiales, se verán dos producciones del Complejo Teatral de Buenos Aires, Cyrano en mi cabeza, dirigida por Maxi Gutiérrez, con protagónico de Gabriel Goity, y La verdadera historia de Ricardo III. La película, de Marcelo Piñeyro, con Joaquín Furriel. A su vez, en el WIP Latam, un apartado de industria para películas en su fase final de desarrollo, estarán La cuestión criminal, de Matías Scarvaci, y Viajes y placeres, del cordobés Mariano Luque, ambas protagonizadas por Marcelo Subiotto. El productor Juan Pablo Miller forma parte del jurado de la sección New Directors, y en el Foro de Coproducción Europa-América Latina, se presentan proyectos de Celina Murga, Ingrid Pokropek, Santiago Loza, Felipe Solari Yrigoyen e Ignacio Acconcia González. “Y nos hubiera gustado tener en competencia oficial la Biografía de Jorge Luis Borges, de Mariano Llinás”, agrega José Luis Rebordinos. “Pero El Pampero Cine eligió privilegiar al Festival de Venecia, lo cual es muy válido. Se trata de una de las mejores películas latinoamericanas del año”.
La competencia oficial
*Geister, de Fatih Akin (Alemania)
*5 minutos más, de Javier Ruiz Caldera (España)
*Artakalan, de Yeşim Ustaoğlu (Turquía – Francia – Luxemburgo – Bulgaria)
*Border, de Ah Biao (Hong Kong – EEUU – Corea del Sur)
*El mal padre, de Roberto Bueso (España)
*Garrat du váimmu, de Amanda Kernell (Suecia – Noruega – Dinamarca – Islandia – Bulgaria)
*Glaxo, de Benjamín Naishtat (Brasil – Argentina)
*Krux, de Tony Vahl (Alemania – Polonia)
*Les Misérables, de Fred Cavayé (Francia)
*Markens Grode, de Hans Petter Moland (Noruega – Dinamarca – Alemania)
*7:40 ce matin-là, de Nicole Garcia (Francia)
*Mis muertos tristes, de Pablo Larraín (Argentina – Chile)
*In My Father’s Room, de Maha Harada (Japón)
*Sants, de Mikel Gurrea (España – Italia)
*Tender Loving Care, de Mike Leigh (Reino Unido)
*The Debut, de Jesse Eisenberg (EEUU)
*Vicentina pede desculpas, de Gabriel Martins (Brasil)
Luciano Monteagudo/Página 12-Espectáculos desde San Sebastián
MG Radio 24 Villa Pueyrredón