
El texto de presentación hace gala de su veteranía y puntualidad: “Con la misma regularidad con la que un proyector dispara veinticuatro fotografías por segundo sobre una pantalla, así el Festival de Cine Alemán vuelve a abrir las salas para invitar a la comunidad de espectadores a compartir su 26° edición ininterrumpida”. La más añeja de las “semanas” y “encuentros” de cine dedicados a exhibir anualmente un puñado de realizaciones recientes de determinada cinematografía levanta nuevamente el telón a partir de este jueves.
Los proyectores seguirán activos hasta el miércoles 23, como siempre en la tradicional sede de Cinépolis Recoleta, ofreciendo esta vez más de una docena de largometrajes y la usual selección de cortos de jóvenes realizadores llamada Next Generation Short Tiger. “El regreso de este año”, continúa la presentación del catálogo, “esta signado por la energía renovada de un festival en el que juventud y experiencia se equilibran, potenciadas por las convicciones de siempre: ofrecer un panorama con lo mejor de la producción cinematográfica alemana del año. La tarea no es sencilla, porque el cine alemán volvió a brillar, marcando con su presencia los espacios más importantes del séptimo arte”.
La película elegida para abrir el juego, El hombre que se desvanece, ópera prima del realizador Welf Reinhart, viene de estrenarse en el Festival de Rotterdam y ya tiene asegurado un lanzamiento comercial en nuestro país. El punto de partida narrativo es singular. Hanne, una maestra de manualidades y escultora de cierto renombre, vive una vida tranquila (tal vez demasiado tranquila) junto a Bernd, un pastor protestante jubilado. Un día como cualquier otro, Kurt, el exmarido de Hanne, se aparece en la puerta de casa como si no hubiesen transcurrido tres décadas desde la separación. El Alzheimer hace de las suyas y para el hombre ese sigue siendo su hogar y Hanne su esposa. A partir de ese momento, y luego de varios intentos infructuosos por devolver al desmemoriado a un lugar adecuado para su condición, comienza una convivencia forzada que hace tambalear el equilibrio emocional de la pareja, que inevitablemente pasa a ser un peculiar trío. Con homenajes tangenciales a Jules et Jim (la corrida por el museo es un guiño a otro film y a otro cineasta, sin embargo) y una banda de sonido que incluye un tema de la banda anarquista de culto Ton Steine Scherben, el de Reinhart es, en más de un sentido, un título ideal para oficiar de película de apertura.
Si El hombre que se desvanece utiliza un registro naturalista y un juego de caracteres narrativo relativamente clásico, en la vereda opuesta se ubica El sonido al caer, el segundo largometraje de la directora Mascha Schilinski, que obtuvo el Premio del Jurado en la competencia oficial de Cannes el año pasado. A lo largo de dos horas y media, Schilinski ofrece un fresco en el cual –a la manera de Intolerancia, de Griffith, aunque con un único y exclusivo ámbito geográfico– se entrelazan cuatro relatos ubicados en distintos momentos históricos, desde comienzos del siglo XX hasta la actualidad. La mirada es, inexorablemente, joven y femenina, y si en un primer momento la realizadora parece guiñarle el ojo al Bergman de Fanny y Alexander el film se abre luego a otras formas y sensibilidades.
El sonido al caer alterna temporalidades y entrelaza la vida de cuatro muchachas y sus respectivas familias con un tono que cruza el realismo con lo onírico, y lo concreto con lo poético. Hay cierta severidad en algunos pasajes (ahí está el protestantismo como sinónimo de vigilancia y rigor) y la amenaza de alguna catástrofe personal atraviesa varias instancias de las historias, que son íntimas pero no pueden evitar verse envueltas en el torbellino de la Historia con mayúscula.
Una de las propuestas seleccionadas como título infantil y/o familiar, El piso secreto también gira alrededor de distintas temporalidades. O, mejor dicho, de viajes en el tiempo. El protagonista de la película de Norbert Lechner, un niño de doce años llamado Karli, se muda con sus padres al pie de los Alpes para regentear un hotel, y vaya sorpresa que se lleva el joven cuando descubre un montacargas de aspecto misterioso que permite la posibilidad de viajar en el tiempo.
Más allá de la aventura en sí misma, durante uno de los viajes aterriza en ese mismo hotel pero en 1938, entablando amistad con una niña judía, con todo lo que ello implica en ese marco espaciotemporal. El otro film para toda la familia propuesto por el Festival de Cine Alemán es un documental centrado en un chico que viaja por el país y más allá junto a un circo. Según afirma el catálogo del encuentro, Circusboy, de Julia Lemke y Anna Koch, “ofrece una mirada a la vida de los últimos nómadas de Alemania, y a cómo es crecer en una gran familia extendida rodeado de animales y sin red de seguridad, explorando el poder de la pertenencia y la comunidad”.
A pocos meses de su estreno mundial en la sección Panorama del Festival de Berlín, Entiendo su descontento enseña las influencias del cine de los hermanos Dardenne ya desde la primera escena, que sigue a su personaje principal mientras transita un día laboral como cualquier otro. Es decir, otra jornada extenuante, llena de problemas y plazos a cumplir, amén de llamados telefónicos con quejas y pedidos de urgencia.
El primer largometraje de ficción del realizador Kilian Armando Friedrich –que visitará Buenos Aires para presentar su creación y conversar con el público– refleja los conflictos laborales y las complejidades de la inmigración en Europa a partir de la figura de Heike, una mujer de casi sesenta años que supervisa los trabajos de un grupo de empleados en una empresa de limpieza de edificios en Múnich. Heike corre, pasa la mopa cuando alguien falta al trabajo, reúne grupos de trabajadores para alguna faena urgente y convive con su ex a regañadientes, corolario de la situación económica y otros reveses.
También engaña a su jefe con pequeñas trampas y no duda en expulsar a un empleado con artimañas. De esa manera, Friedrich refleja un estado de las cosas en el mundo capitalista del siglo XXI sin cargar las tintas, con una antiheroína que es, al mismo tiempo, entrañable e irritante, víctima y victimaria. En otras palabras, muy humana.
Hablando del mundo contemporáneo, Babystar, de la realizadora Joscha Bongard, refleja en el espejo deformante de la sátira el universo de los influencers. Quien aporta el punto de vista narrativo es Luca, una adolescente sometida desde su mismo nacimiento a las lentes de los teléfonos celulares de sus padres, un matrimonio que ha hecho de la vida cotidiana –y de los canjes de toda clase de productos, desde cremas faciales hasta piscinas de plástico– un regio negocio comercial, apoyados en las redes sociales y la publicación de videos.
Es un mundo en el cual las sonrisas suelen ser de fantasía, reflejo de un concepto de familia feliz que no es otra cosa que una fachada. El anuncio de la madre de Luca de un posible embarazo provoca en la joven protagonista una crisis de dimensiones existenciales, comienzo de un cisma que pone patas para arriba el equilibrio emocional y material del clan. El de Bongard, quien ya había abordado cuestiones similares en su ópera prima, Pornfluencer (2022), es un film sobre la identidad en tiempos donde la existencia online parece ser muchas veces más relevante que el derrotero de la vida real.
Basada en la novela autobiográfica del escritor y actor alemán Joachim Meyerhoff, Ay, ese vacío, ese espantoso vacío es el nuevo largometraje del director Simon Verhoeven, hijo de la actriz Senta Berger y del también cineasta Michael Verhoeven. Luego del film biográfico-musical Girl You Know It’s True, que reconstruía el ascenso, escándalo y caída del dúo Milli Vanilli, Verhoeven hijo “combina recuerdos familiares, formación artística y episodios de iniciación a la vida adulta con un particular equilibrio entre humor y melancolía”, según describe la sinopsis oficial del Festival. La historia es la de Joachim, un muchacho de veinte años que acepta la oportunidad de estudiar en una escuela de arte dramático en Múnich y, para ello, se muda con sus excéntricos abuelos. Comedia amable con toques dramáticos al uso, el film con el título más extenso del programa es un relato de crecimiento que poco y nada le debe a los exponentes más conservadores de Hollywood.
La programación del 26° Festival de Cine Alemán se completa con la proyección de óperas primas y el regreso de nombres consagrados. En el segundo grupo debe destacarse El héroe de Berlín, la nueva película del director de Good Bye, Lenin!, Wolfgang Becker, cuya historia transcurre durante el aniversario de los treinta años de la caída del Muro. Una mentira periodística es el puntapié inicial de una serie de falsedades históricas que transforman al dueño de un videoclub en decadencia en un auténtico héroe nacional, el supuesto responsable de la mayor fuga masiva en la historia de la República Democrática Alemana gracias a un desliz en la estación subterránea de la calle Friedrichstrasse, en el centro geográfico de una ciudad entonces dividida.
El humor también forma parte de La rana y el agua, de Thomas Stuber –otro director con varios años de experiencia–, una particular road movie que comienza en la ciudad de Colonia y continúa en parajes de Suiza y Japón. Home Stories, de Eva Trobisch, Rave On, dirigida a cuatro manos por Nikias Chryssos y Viktor Jakovleski, Luisa, de Julia Roesler y, finalmente, Seis semanas después, con dirección de Jacqueline Jansen, completan la cosecha 2026 del Festival de Cine Alemán, cuya programación, como suele ser la costumbre, ofrece un vistazo panorámico a la diversidad temática y formal del cine germano contemporáneo.
26° Festival de Cine Alemán
Del 17 al 23 de septiembre en Cinépolis Recoleta
Programación completa, días y horarios en https://cinealeman.com.ar/
Entradas a la venta en https://www.cinepolis.com.ar/
Diego Brodersen/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón