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El escritor español David Uclés publicó La Ciudad de las Luces Muertas

El escritor español David Uclés publicó La Ciudad de las Luces Muertas

David Uclés (Úbeda, Andalucía, 1990) saltó a la literatura, y a la vida, española con un libro insólito, La península de las casas vacías, que acabó de muy joven y tardó en abrirse camino en la historia reciente de la literatura española. Al fin hace un año lo publicó Siruela. Muy pronto halló relevancia en los medios y, sobre todo, en los lectores, que lo convirtieron en un best seller insólito que ahora lleva cerca de treinta ediciones y que pronto será materia literaria en lenguas extranjeras.

Su autor, que aquí habla como es, abierto y alegre, y también profundo, no ha parado de dar entrevistas y de aparecer en medios, hablando de sus libros, de su vida, y del país que inspiró aquella obra impresionante que retrata la guerra civil como si él hubiera estado en las casas vacías en que se dirimió aquella batalla triste.

Cuando el libro llegaba a su segundo año le vino a Uclés otra alegría: el premio Nadal de Literatura, que otorga Destino y el más antiguo de los galardones españoles. Su título, La ciudad de las luces muertas, que ocurre en Barcelona, donde, en la novela, se apaga la luz, y donde aparecen ganadores pretéritos del mismo galardón: las escritoras Mercé Rodoreda, Montserrat Roig y Carmen Laforet.

En esta entrevista para Clarín, Uclés habla como quien es escribiendo y explicando lo que escribe: como un poeta que es a la vez un músico, un narrador y un muchacho de 37 años asombrado ante su éxito y, también, ante lo que ocurrió en el pasado de su país y, también, en el actual futuro inexplicable.

-¿Dónde queda ahora La península de las casas vacías?

-Sigo con La Península de las casas vacías. Yo tengo una promoción internacional con ese libro. No la voy a dejar nunca: es el libro de mi vida. Sigue ahora La ciudad de las luces muertas. Es un libro que estará en las estanterías como un título más de Uclés.

-¿Qué le dice La península de las casas vacías al nuevo libro, La ciudad de las luces muertas?

-Los lectores van a reconocer el mismo estilo, porque está en clave de realismo mágico y hay pistas de audio, porque soy el mismo narrador. Y, sobre todo -esto es importante-, porque la nueva novela la comencé a escribir en 2021, antes del boom de La península de las casas vacías. Es muy fiel a mí. No he tenido ese miedo de “¿qué escribo ahora?”, con el vértigo de los focos. Aunque las novelas tienen la misma estructura, en el título y demás, son historias diferentes, pero se nota que están talladas por el mismo carpintero. La novela siguiente ya será hecha desde el vértigo del éxito, pero Las luces muertas y Las casas vacías fueron talladas bajo el anonimato.

-¿Puedes recordar la primera vez que cogiste la pluma para escribir La península de las casas vacías?

-Sí. En 2009, en Úbeda. Fue para hacer el mapa de personajes con mis familiares. A partir de ahí comencé a tallar la historia. Me acuerdo de que era de noche, que estaba mi madre en el salón viendo la tele. Le enseñé la cartulina y me bajé al sótano a hacerlo. Me acuerdo muy bien de ese día. Empecé con esa ilusión hace dieciséis años.

Sobre su gran novela, dice: “Esa historia es ahora de tantos… En todas las presentaciones la gente se muestra muy emocionada con el texto, porque reconoce a su abuelo, reconoce una vida perdida del campo que ya no está… Muchos ven su infancia, independientemente de que tengan 80, 40 o 20 años. Es un libro que ha sido revulsivo para muchas personas, que les ha enseñado a comprender las raíces de su país, que les ha provocado a viajar. Ahora veremos qué provocan las traducciones en los idiomas extranjeros. Yo creo que provocarán ganas también de venir a España, ¿no? Porque también es una oda a la riqueza y a la belleza de este país. La península de las casas vacías, por eso lo digo, es la novela de mi vida.

-Hay muchos méritos en tu libro más importante, La península de las casas vacías. ¿Cuál sería para ti el mérito que vino después, cuando ya habías escrito, cuando ya eras alguien conocido en las letras españolas? ¿De qué estás orgulloso de este tiempo que pasa, por ejemplo, de enero del año pasado a enero de este año?

-Estoy contento de haber sabido elegir a quién acercarme y a quiénes quiero que sean mis amigos y mis compañeros. Estoy feliz y creo que he acertado al comprobar con el tiempo que quienes yo pensaba que eran bondadosos, nobles y sin falsedad, han coincidido con eso. No me he defraudado con nadie. He tenido buen ojo. Y en la gente de la que me he rodeado yo noto el cariño. Y me ayudan, estén de acuerdo o no.

-¿A qué le tienes miedo?

-A la incapacidad. Aunque de repente tengo tantas ideas, tantos proyectos, se me han abierto tantas puertas que, de repente, digo, yo qué sé, ¿y si pierdo una mano, si me quedo ciego?, cosas así. Ese es mi único miedo. Porque luego el miedo a la hoja en blanco no la he tenido nunca. No la reconozco como un mal, porque no la he sentido.

-¿Cómo era la hoja en blanco cuando tú empezaste a escribir aquel libro, La península de las casas vacías?

-Era una hoja… Era una hoja amable. Es que nunca le he tenido miedo a la hoja. Vendrá, probablemente, porque todo llega, pero no le he tenido nunca miedo. Ya veremos cuando escriba el siguiente si me ocurre. Pero, ¿sabes, Juan? Me tomo las cosas en serio. Yo estoy muy feliz de poder dedicarme a esto, de poder ver a la gente feliz leyendo, y si me va muy mal, muy mal, muy mal, y pasa lo que sea que de repente ya nadie quiera leerme o lo que sea-, para mí vivir es viajar. Me voy a Praga, me cojo el acordeón en la calle y soy feliz, ¿sabes? Así que como sé que tengo esa felicidad ahí, pues yo juego. Me dejo llevar. Hago lo que siento de corazón. Y si el día de mañana no cuaja, no pasa nada. No pasa nada.

-¿Eso es algo que también aprendiste cuando eras niño?

-Sí. Sufrí bullying y violencia física de pequeño… por ser gay. Por aparentarlo, porque yo no sabía que era gay. Así que de pequeño me di cuenta de que había gente mala. Yo dije: “Vale, esta gente es mala, tiene veneno por dentro”. Y crezco y noto que esa gente sigue ahí. A lo mejor han cambiado mucho, pero hay otros que siguen siendo malos. Entonces, cuando comprendes eso, lo que haces es descartar y quedarte con lo bueno. Sigo manteniéndolo. Eso lo hacía de niño, sí. Lo hacía de niño y lo hago de mayor, y tengo buen ojo. Si veo que el otro no tiene buen fondo, por muchas riquezas -supuestas riquezas- que me vaya a dar, no me acerco.

Has escrito ya varios libros, todos ellos en este país. ¿Cómo encuentras tú a este país al que ahora te diriges?

–Muy crispado, muy polarizado. La primera entrevista que me hizo El País, al principio -no había salido el libro aun-, el titular que sacaron era una foto mía y una frase que decía: “No me extrañaría una segunda guerra civil entre nosotros”. Y todo el mundo se me echó encima. Incluso yo mismo me eché encima de mí y dije: “David, hijo mío, qué frase…”. Pero ahora, Juan, ahora ese titular no sorprendería a nadie. Es decir, hemos alcanzado una crispación entre nosotros, una polarización. Hay tantos grupos que hacen tanto ruido, o tanto mal, que nos están intentando separar más. Lo veo mal, veo mal el país en muchos sentidos. Hay una decadencia, una decadencia espiritual y social.

Sobre la literatura argentina, dice: “Piglia me encanta. Lo descubrí hace muy poco. Borges, por supuesto. Ernesto Sábato me maravilló. Cortázar para mí era argentino; no era belga, aunque naciera allí. Me fascinan también contemporáneas como Mariana Enríquez, que es un referente. Los argentinos, además, en el cine toman riesgo. Tienen una voz muy… muy reconocible. Yo localizo su manera de decir, su manera de escribir, y me gusta, lo celebro. Y tengo muchas ganas de ir. Por eso este año que viene hago la gira internacional. Como nunca he cruzado el charco y me da miedo, solo he cogido cuatro destinos, y de Latinoamérica solo tres: Bogotá, Guadalajara y Buenos Aires. Voy a la Feria del Libro de Buenos Aires. Por cercanía literaria. Porque sus voces no me son ajenas y me apetece conocer el país y la ciudad de Buenos Aires”.

Juan Cruz Ruiz/Especial para Clarín

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