
Sofía Cairó supo perfectamente lo que estaba a punto de hacer ante la arquera Anne Veenendaal. Supo que si convertía ese cuarto penal de la serie su equipo sería campeón del mundo y Las Leonas bordarían la tercera estrella. Todo eso lo supieron Cairó, Veenendaal, las 10 mil personas que tiñeron de naranja el estadio Wagener y el mundo entero que lo veía por TV. Pero algo las hizo diferentes a las dos protagonistas de ese momento único, mágico e irrepetible: las dos habían llegado hasta ese instante por caminos muy distintos.
Cairó es otro ejemplo (uno más) de lo que los clubes argentinos pueden lograr para el deporte nacional. Pero, en su caso, Mariano Moreno es un club especial en el hockey. De muy chica y por influencia familiar -por parte materna, los Zanotto son una pieza clave en la historia de su rugby y su mamá fue capitana del equipo de hockey durante 25 añosella se puso la camiseta roja y blanca y comenzó a correr detrás de una bocha con un palo en la mano.
El punto es que allí lo hizo siempre en una cancha de arena y no en una de agua como la que la vio consagrarse en Amstelveen junto a sus compañeras. Y, se sabe, hacerlo en esos dos tipos de sintético es absolutamente diferente. Casi que son dos deportes en uno. Cuando en 2019 llegó a las Leonas por primera vez lo hizo desde donde hoy permanece buscando el ascenso desde la Primera C en el Torneo Metropolitano. Y si llegara esa ansiada promoción, en 2027 su club deberá jugar de local en una cancha de agua porque la propia de arena no la podrá usar por una cuestión reglamentaria. Esa es su situación. Ese es su presente. Y su probable futuro inmediato si no acepta una de las tantas ofertas que tuvo y que tendrá para jugar en el exterior.
Veenendaal, en cambio, jamás pisó en su vida una cancha de arena. Sus atajadas siempre fueron en sintéticos de agua porque en su país no se conoce otro tipo de superficie. Y en Países Bajos, por ejemplo, un club de Primera división puede tener hasta ¡nueve! canchas de agua.
Ella, además, hace un deporte que en su país ocupa el cuarto lugar entre los que más practican los neerlandeses y allí alrededor de 252 mil jugadores son federados mientras el 1,4 por ciento de su población (que asciende a 18 millones y medio de personas) está asociada a un club de hockey.
Esta claro: las diferencias son notables y por eso, a medida que pasan los días y se descubren más datos y más historias, la importancia de las dos medallas conseguidas por los seleccionados nacionales en el reciente Mundial cobran una dimensión aún mayor.
En Argentina, cuya superficie es 67 veces más grande que la de Países Bajos, hay unos 230 mil jugadores federados (200 mil mujeres y 30 mil varones, aproximadamente) y nuestro país tiene más de 1.700 clubes en los que se practica ese deporte y más de 500 canchas sintéticas a lo largo y a lo ancho de su territorio. El gran inconveniente aquí es el económico: una cancha de agua puede costar más de 400 mil dólares ya que sólo en la carpeta se necesita una inversión de entre 260 mil y 320 mil dólares de acuerdo a su calidad. Mientras, por una de arena hay que invertir 250 mil dólares con alfombras que valen entre 100 mil y 120 mil dólares. Por eso, a diferencia de lo que ocurre en Países Bajos, los clubes argentinos más tradicionales en el hockey no tienen más de dos canchas de agua. Y esos clubes se cuentan con los dedos de una sola mano.
Otro ítem interesante para el análisis tiene que ver con el éxito histórico del hockey en Argentina. Las Leonas están en lo más alto desde su nacimiento en 2000. En los torneos más importantes, en los últimos 26 años lograron seis medallas olímpicas (tres de plata y tres de bronce y sólo en Río de Janeiro 2016 no subieron al podio), seis mundiales (tres de oro, una de plata y dos de bronce y apenas de Londres 2018 volvieron sin una presea), seis en la Liga Pro (desde Amstelveen 2019 fueron una de oro, cuatro de plata y una de bronce), 12 en el Trofeo de Campeones (entre Amstelveen 2001 y Changzhou 2018 lograron siete de oro, tres de plata y dos de bronce) y una en la Liga Mundial (oro en la 2014-2015).
Los Leones, por su parte, tienen el oro olímpico de 2016 como el punto más alto de su historia y a la reciente conquista del bronce mundialista hay que sumarles el mismo color de presea del Mundial de La Haya 2014, el bronce en el Trofeo de Campeones de Rotterdam 2008 y la plata en la Liga Mundial de 2016-2017.
Esos éxitos forman parte también del macro de los deportes de conjunto en Argentina, un grupo en el que está el hockey, por supuesto.
Pero, ¿por qué, entonces, Argentina es potencia en los deportes por equipos y baja la calidad -y los resultados, por consiguiente- en los deportes individuales salvo las lógicas excepciones?
Primero, un dato de la realidad: cuando en Atlanta 1996 el seleccionado de fútbol perdió la final y ganó la medalla de plata, se inauguró una era que ya lleva tres décadas muy exitosas en los que los equipos le dieron a Argentina nada menos que 14 de los 33 podios olímpicos conseguidos en ese lapso. Es decir, un 42 por ciento de las medallas obtenidas en los últimos 30 años llegaron desde ese tipo de deportes que entregan dos como máximo (una por sexo).
Pero no se trata sólo de que los deportes por equipos obtienen mejores resultados. Se trata, simplemente, de que están más desarrollados en nuestro país. Porque que haya resultados positivos en fútbol, hockey, basquetbol, rugby, voleibol o handball, por ejemplo, no depende de la calidad de los atletas y de los cuerpos técnicos o de los procesos. No es que un entrenador de hockey trabaja mejor que uno de judo o canotaje.
“El factor de fondo se llama desarrollo deportivo”, dice Carlos Siffredi, ex director de Alto Rendimiento Deportivo de la secretaría de Deporte y ex gerente técnico deportivo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo y una de las personas que más sabe del tema en Argentina. “Las condiciones de base son más sustentables y robustas en ese tipo de deportes y cuando uno quiere comparar es muy simple: hay muchos menos chicos en nuestro país que hacen atletismo, natación o cualquier otro deporte individual”, sostiene Siffredi.
El hockey tiene su momento. Uno más como el que tuvo el mismo hockey o tuvieron otros deportes en la historia. Pero este momento es ahora. Las autoridades -las políticas y las deportivas- deben buscar los caminos para aprovecharlo de la mejor manera.
Mariano Ryan/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón