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Del Potro entrena en Miami. Los Juegos Olímpicos, el gran motor de su vuelta

El tandilense completó una temporada completa sin jugar.

La pelea continúa. Juan Martín Del Potro no tiene intenciones de abandonar. No sabe lo que significa rendirse. Durante toda su trayectoria, un camino repleto de obstáculos físicos y emocionales, siempre supo cómo levantarse. Incluso cuando estuvo al borde del retiro, según sus propias palabras. A más de dos años de la fractura de su rótula derecha, sin embargo, sabe que aún tiene que luchar para volver a darse una oportunidad. Una última gran oportunidad.

«Voy a ser sincero: la verdad es que me está costando mucho volver. Se me hace muy difícil pero no me voy a rendir. Amo el tenis y me niego a terminar fuera de la cancha«, reconoció días atrás el tandilense, con suma honestidad, sobre el estado de su lesión y la perspectiva de su carrera.

Con 32 años y siete cirugías acumuladas, cuatro en las muñecas y tres en la rodilla, Del Potro sueña con una nueva resurrección. Cada vez le cuesta más, es cierto, pero mantiene la ilusión intacta gracias a un sueño inalterable: los próximos Juegos Olímpicos, postergados por la pandemia para julio de 2021. «Yo cambié la manera de pegarle a la pelota por mis problemas de muñeca pero no puedo modificar la forma de correr. Por eso me cuesta, aunque la peleo para estar en Tokio«, expresó el doble medallista -bronce en Londres 2012 y plata en Río 2016-.

Del Potro se fracturó la rótula en octubre de 2018, en Shanghai, y desde entonces no paró de buscar soluciones. Probó con tratamientos conservadores, consultó con varios médicos, intentó algunos regresos truncos y afrontó las tres cirugías. En junio de 2019 lo operó Ángel Ruiz Cotorro, el médico de Rafael Nadal, en Barcelona; en enero de este año lo hizo Lee Kaplan, en Miami; y en agosto el encargado fue Roland Biedert, el hombre de confianza de Roger Federer, en Berna.

Tres meses después de la última intervención, el tandilense finalizó su primera temporada sin partidos oficiales en 18 años como profesional -jugó sus primeros torneos en 2003-. Nunca pasó tanto tiempo parado, ni siquiera con las lesiones de muñeca. No salió del ranking sólo por el congelamiento que implementó la ATP a raíz del coronavirus: hoy figura 154°, con puntos del año pasado en Madrid, Roma, Roland Garros y Queen’s.

Con casi un año y medio de inactividad, y tras haber atravesado los primeros meses de rehabilitación en Buenos Aires, el ex número tres del mundo lleva unas semanas instalado en Miami. No está solo: lo acompaña un amigo pero nadie de su equipo de trabajo. Incluso en el último tiempo hubo «cortocircuitos» con alguna pieza fija del team. En la ciudad de Florida, no obstante, tiene varios profesionales cercanos a los que podría acudir de ser necesario: además de Kaplan también está Harlan Selesnick, el médico del Miami Heat de la NBA, quien llegó a examinar su lesión el año pasado -el propio Kaplan fue alumno de Selesnick, asistente de cátedra en el departamento de Ortopedia y Medicina deportiva de la Universidad de Miami entre 1985 y 1997-.

Si bien el futuro no asoma del todo claro, Del Potro siempre necesitó pensar en ciertos plazos factibles a los que apuntar. Por eso la idea, en caso de que todo marchara bien, sería hacer la pretemporada en Miami y ensayar un regreso en febrero en Delray Beach, el torneo que escogió más de una vez para reaparecer en el circuito. En caso de no llegar para esa fecha lo intentaría un mes más tarde en el Masters 1000 de Miami, otro de sus eventos predilectos. Por la distancia geográfica, las condiciones actuales y la exigencia, el Abierto de Australia quedaría descartado. No hay demasiadas certezas pero, a tres meses de la última cirugía en Suiza, existe una suerte de «planificación».

Del Potro es un especialista cuando se trata de resurgir. Lo hizo infinidad veces y siempre volvió más fuerte. Ahora el desgaste es otro, claro, pero el campeón del US Open 2009 no bajará los brazos. «Si no está al cien por cien para competir con los de arriba no va a volver. No regresará si no puede jugar de igual a igual con los mejores, con los que él quiere derrotar”, llegó a decir pocas semanas atrás Marcelo Gómez, su formador y primer entrenador. Y tiene sentido: Del Potro es un fuera de serie, un galáctico, y no pertenece al segundo pelotón. Su deseo es luchar por cosas importantes.

En su entrevista más reciente, desde Miami, destacó que aún está firme más allá de las dificultades: «Me gustaría tapar la realidad pero es lo que me pasa. Todavía me mantengo de pie por las ganas de jugar que tengo». No hay dudas: Del Potro tendrá una bala más, un último gran intento, una nueva oportunidad. Y dejará atrás, por fin, otro capítulo oscuro de su carrera.

Pablo Amalfitano/Página 12

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