
La Copa Davis no hace más que confirmar una y otra vez, a lo largo de sus más de cien años de historia, que su esencia está cargada de anomalías. No se trata de una competencia convencional, más allá del trillado motivo del componente de los equipos en un deporte individual como el tenis. Se trata de algo más: sin importar el formato de disputa, modificado varias veces en más de 120 años de existencia, siempre esconderá sorpresas motorizadas por factores infrecuentes en el circuito.
Argentina protagonizará una de ellas, acaso tan inédita como inesperada: del 7 al 8 de febrero próximo, en la lejana Busan y sobre superficie dura, visitará a Corea del Sur, por la primera ronda de los Qualifiers, con cuatro tenistas debutantes: Thiago Tirante (24 años; 103° en singles), Marco Trungelliti (35; 130°), Federico Gómez (29; 190°) y Guido Andreozzi (34; 32° en dobles). De los convocados sólo Andrés Molteni (37; 26°) estuvo en el Final 8 de Bologna, en noviembre pasado, en el que Argentina estuvo a punto de vencer a Alemania y clasificarse para las semifinales.
Para dimensionar el calibre del desafío resulta necesario destacar que Argentina no podrá contar con ninguno de los siete singlistas que tiene entre los cien mejores del ranking ATP: Francisco Cerúndolo (21°), Sebastián Báez (43°), Camilo Ugo Carabelli (48°), Tomás Etcheverry (57°), Francisco Comesaña (66°), Mariano Navone (72°) y Juan Manuel Cerúndolo (85°). Tampoco estará Horacio Zeballos, actual cinco del mundo y el doblista más destacado de la historia del país. ¿Qué ocurrió? El reglamento de la Federación Internacional de Tenis (ITF) le permitió a la Federación de Corea del Sur perjudicar al equipo de Javier Frana, un capitán que sintió el golpe por no haber podido confeccionar el plantel ideal. Ni mucho menos.
El país anfitrión tenía la alternativa de escoger que la serie se jugara el 6 y el 7 de febrero o bien el 7 y el 8 del mismo mes. La elección, tan racional como lógica, fue la opción más tardía, con la intención de que fuera mucho más cerca del arranque del ATP de Buenos Aires -el cuadro principal comienza el 9 de febrero-, primero de los tres torneos de la gira sudamericana sobre polvo de ladrillo, la etapa del año en que los tenistas argentinos cosechan la mayor porción de los puntos para su ranking personal. Corea utilizó las reglas para forzar lo que quería: los primeros argentinos del ranking priorizaron evitar el extenso trayecto a la otra punta del mundo por el torneo de Buenos Aires y el segundo lote también prefirió no perderse el Challenger de Rosario, cuya segunda edición será la semana previa y coincidirá con la fecha de la Davis.
Frana anunció a los citados a través de un video en el que fue crítico con ambas federaciones: “Quiero darles el contexto de todas las adversidades que tuvimos desde el minuto uno en el que supimos cuál era el sorteo. Los cambios producidos por la ITF en cuanto a las fechas y al calendario hicieron que nuestro tenis se viera claramente perjudicado porque afecta directamente y no es compatible con la gira sudamericana, porque priva a los jugadores que estén en el equipo de participar del Challenger de Rosario y de no llegar al torneo de Buenos Aires”.
Más allá de la visible incomodidad para la Argentina, lo cierto es que no hubo tales cambios de fechas ni sorpresivas modificaciones reglamentarias: desde que los duelos mano a mano se juegan a cinco puntos en dos días, en 2021, la serie de primera ronda de Qualifiers siempre estuvo ubicada la semana previa de Buenos Aires. Es más: con la localía de su lado, Argentina eligió jugar sábado y domingo en dos de las tres ocasiones en que lo tuvo en sus manos: con Bielorrusia en 2021 y ante Lituania en 2023, sin importar lo que ocurriera con los rivales.
Sin éxito, la Asociación Argentina de Tenis (AAT) hizo un intento con la ITF para adelantar la fecha, pero los coreanos sostuvieron su elección para conseguir el beneficio deportivo dentro de los márgenes reglamentarios. “Hubo insistencias muy fuertes para tratar de cambiar la fecha, adelantarla aunque sea uno o dos días, para que nos diera la posibilidad de que algunos jugadores tengan al menos la chance, aunque sin tanta preparación, de jugar el torneo de Buenos Aires. Pero Corea fue inflexible y llevó la fecha lo más tarde posible en una sede más alejada que hace muy difícil la logística porque nos llevará más de 40 horas poder llegar”, blanqueó Frana.
Los principales jugadores argentinos optaron por no jugar contra Corea, en efecto, porque el viaje demorará casi dos días, con dos tramos en avión y uno en tren hasta llegar al Gijang Stadium de Busan, una ciudad ubicada a más de 400 kilómetros de Seúl. Tampoco fue azarosa la elección de la localidad: jugar lejos de la capital surcoreana suma un trecho más para los argentinos en un periplo de película.
Corea del Sur viene de superar 3-1 como local a Kazajistán en el Grupo Mundial I, disputado en septiembre pasado. Contra Argentina repetirá la formación: estarán Hyeon Chung (361°), de 29 años y ex 19° del mundo, quien supo derrotar nada menos que a Novak Djokovic en el Abierto de Australia (2018), y Soonwoo Kwon, de 27 años (481°; ex 52°), además de Sanhui Shin (357°) y los doblistas Uisung Park (242°) y Jisung Nam (170°).
“Lo que nos entusiasma y lo desafiante es que habrá cuatro jugadores que serán debutantes, que dieron el sí por su generosidad, por su convicción y porque esto también es parte de un sueño que se cumple para ellos. Vamos a ir a Corea a dar lo mejor, a entregar toda nuestra capacidad y estamos convencidos de que vamos a tener un resultado positivo. El equipo es mucho más grande que los cuatro o cinco mejores jugadores del ranking”, sentenció Frana. Afectado por las complicaciones en el armado del plantel, también está esperanzado para traerse un triunfo y tiene motivos suficientes: Argentina viajará con dos jugadores con biotipo y resultados en canchas duras (Tirante y Gómez), con un experimentado trotamundos que pasó la clasificación de todos los Grand Slams (Trungelliti) y con dos doblistas entre los mejores 40 del ranking.
Pablo Amalfitano/Página 12-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón