Central volvió a festejar en el Parque Independencia. Ganó River sin gustar

Central volvió a festejar en el Parque Independencia. Ganó River sin gustar

La fiesta se arma en la mitad de la cancha, los jugadores vestidos de azul y amarillo saltan, felices por un nuevo triunfo en el Coloso. Los hinchas, esta vez, no eligen apuntar contra los visitantes. Bajan furiosos los silbidos y el grito de guerra es “váyansetodos”, seguido de insultos. Rosario Central volvió a ganar el clásico en una cancha donde no pierde hace 17 años.

En esta ocasión, con el laboratorio del profesor Ariel Holan. Dos pelotas paradas que tuvieron a Malcorra y Quintana como partícipes necesarios. Los goles tuvieron el sello colombiano de Duarte y Campaz. El Canalla es líder de la Zona B. Newell’s, muy a pesar del talento de Ever Banega, sigue en caída libre: perdió cinco de los seis partidos del Torneo Apertura.

Cortado y con pierna fuerte. Esas fueron las características de un primer tiempo en el que Rosario Central acertó en la primera -y únicallegada clara. Un tiro de esquina de Malcorra, un anticipo de Quintana en el corazón del área y la definición de Duarte.

Hasta ese momento, apenas pasado el cuarto de hora, Newell’s había encerrado a su rival de siempre con el balón detenido y un ejecutante eximio como Banega. Fueron tres situaciones que los locales no capitalizaron. La mejor de todas, un córner desde la derecha que Montero cabeceó apenas desviado.

El tercer intento terminó en un contragolpe encabezado por Campaz que casi acaba en un inolvidable blooper cuando Tomás Jacob quiso rechazar contra su propio arco, la pelota rebotó en Luca Regiardo y reventó el travesaño de Keylor Navas. La siguiente jugada desembocó en el gol de Duarte.

Consciente de la presión que había a su alrededor, Soso se la jugó con un cambio de esquema y un número 9 como referencia. Apeló al 4-1-4-1 con Carlos González en el rol de centrodelantero. El paraguayo inquietó con su presencia y tuvo un duelo particular con Quintana. Ganó el calvo de Rosario Central. También fue importante el trabajo de Juan Komar, reemplazante de Facundo Mallo, lesionado en el gemelo derecho a los cinco minutos.

Rosario Central llegó hasta el Parque de la Independencia con su dibujo de siempre, un 4-2-3-1 en el que discutió la tenencia, pero apostó a la réplica con la velocidad de Campaz. Malcorra manejó las pelotas paradas y Duarte fue muy punzante por la derecha. El colombiano fue un dolor de cabeza para Martín Luciano.

Newell’s recién encontró alguna posibilidad en el final de la etapa inicial, cuando se liberó Mateo Silvetti y sacudió de zurda, algo mordido. Jorge Broun embolsó la pelota. El juvenil de 19 años encaró, pero no encontró sociedades. Empujó el paraguayo Fernando Cardozo, pero todo dependía de la claridad de Banega, algo de discontinuo.

Para el segundo tiempo, Soso entendió que tenía que hacer modificaciones. Salió Cardozo, un volante con dinámica pero más fuerte en la marca, y entró un creativo, Gonzalo Marioni. A la izquierda, el técnico sustituyó a Luciano que, dicho está, había sido muy permeable. En su lugar, ingresó Tabares.

Y pareció reaccionar el conjunto rojinegro. Desde un saque de costado, Marioni de espaldas asistió a Toledo, que sacó un zurdazo violento y encontró una gran respuesta de Broun. Sin embargo, a partir de otra pelota parada, Rosario Central pegó el segundo grito de la tarde. Volvió a ejecutar Malcorra, ganó una vez más Quintana en el cielo del área y por el segundo palo, Campaz cabeceó al ángulo, haciendo estéril la volada del arquero costarricense.

Perdido por perdido, Soso quemó su última carta: apostó a otro centroatacante ( Juanchón García) y sacó a un lateral (Montero). Y Banega, el único que conectaba, dejó a González mano a mano con Broun, pero volvió a tapar el “1”.

Al final, se la jugó con un extremo (Luciano Herrera) por un zaguero Salcedo). Mostró amor propio Newell’s. No pudo Juanchón con Broun, que bloqueó un tiro de media distancia, pero Banega logró vencer al notable arquero visitante con un bombazo de 35 metros.

Pareció muy poco el tiempo adicionado por Fernando Echenique (4 minutos), un árbitro muy permisivo. La historia, de todos modos, estaba juzgada. Con Quintana como líder defensivo, Rosario Central cantó victoria. Newell’s quedó más herido y con su técnico, al borde del adiós.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

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Justo en el momento en el que el Monumental empezaba a ser una caldera y comenzaban los cantos contra los jugadores, apareció Miguel Borja. Y así como en tiempos de Martín Demichelis el colombiano rompía redes para rescatar al equipo, volvió a hacerlo ahora con Marcelo Gallardo en el banco de suplentes. Pero en Núñez no son tiempos de carnaval. Se sufre cada partido. Y el que termina asegurando la victoria y apagando el fuego es Franco Armani.

Se jugaba el tiempo de descuento cuando Agustín Rodríguez le ganó en carrera a Germán Pezzella y la tiró por arriba del arquero, pero el “Pulpo” tiró un tentáculo y sacó lo que pudo haber sido el empate de Lanús. Y no fue la única, claro, ya que tuvo otras estupendas intervenciones durante el partido.

Al fin y el cabo, la igualdad hubiese sido lo más justo, pero lo ganó River. Por las manos de Armani y por el oportunismo de Borja, que aprovechó una pelota que se desvió de un rebote y le rompió el arco a Losada. ¿Y el juego? No aparece.

Algo tenía que hacer Marcelo Gallardo. River necesitaba un sacudón, que haya modificaciones significativas en el equipo. Y las hubo. Para jugar ante Lanús, el Muñeco apostó por un mediocampo mucho más ofensivo, en el que ingresaron un emblema -Pity Martínez- y un pibe -Santiago Lencinapara ser los encargados del juego. A su vez, volvió Enzo Pérez y armó un doble pivote con Galoppo.

Sin embargo, salvo por los minutos iniciales, en la primera parte el equipo no fluyó. River volvió a repetir los patrones de las últimas fechas y generó muy poco. Es más: terminó haciendo todo forzado, buscando que alguna inspiración individual lo salvara o algún remate de afuera del afuera.

Y eso que el Pity y Lencina intentaron darle juego al equipo, sobre todo el pibe, que se mostró bastante en su primera aparición como titular. Y a pesar también de estar encasillados contra las bandas, que de poco le sirvió a River porque dio muchas referencias.

River sufrió el concepto de la “manta corta”. Poner mucha gente en ataque le generó algunos huecos de mitad de cancha para atrás. Y casi son aprovechados por Lanús. Tras una falla compartida entre Acuña y Martínez Quarta, Peña habilitó a Moreno y le sirvió el gol a Bou, pero Armani se lo sacó.

Entonces, cabe de nuevo la pregunta: ¿está Enzo Pérez en condiciones de bancarse prácticamente solo la recuperación? El mendocino tuvo que correr de un lado a otro. Es que un Lanús bien compacto cubrió mejor los espacios en el medio y Marcelino Moreno fue un arma de peligro.

La historia quizás hubiese sido otra si al inicio del partido Colidio hubiese mandado a la red la pelota que desde el área chica tiró arriba del travesaño. Fue la única vez que River llegó casi abajo del arco. Tampoco tuvo fortuna el ex Tigre con un remate que dio en el travesaño luego de que la manoteara Losada. Pero es muy poco para River.

Para el segundo tiempo, River volcó más el juego por la derecha, con Montiel más lanzado al ataque. De hecho, inició la jugada que había terminado en gol de Galoppo pero fue bien anulado porque el lateral interfirió la vista de Losada.

Otra vez Montiel termina siendo el mejor jugador de campo de River porque es el más punzante. Le sirvió el gol a Borja tras una buena jugada combinada pero Losada se estiró y atrapó la pelota.

River parecía perdido y las tribunas agitaban cuando estalló el grito de gol del colombiano, que no la pudo hacer completa porque después falló un penal. Entonces, River sufrió hasta el final. Pero ganó. Y más allá que tiene que mejorar, no es poco.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Huracán 1 – Unión 0

Talleres 1 – Atlético Tucumán 1

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