Boca recuperó la memoria en Mendoza. River goleó a Godoy Cruz

Boca recuperó la memoria en Mendoza. River goleó a Godoy Cruz

Cortó una racha nefasta, vergonzante, deshonrosa para la historia de Boca. Eso, de por sí, es el punto saliente de la noche: volver a ganar significa volver a ilusionar, recomponer lazos con la gente, pensar a futuro en positivo, poder planificar. Boca, como club e inclusive como equipo, es mucho mejor que esos 12 partidos sin ganar, que deberán quedar como una referencia de lo que no hay que hacer. Pero no fue una racha nacida de la casualidad: decisiones dirigenciales, técnicas y futbolísticas llevaron al club hasta esas profundidades. De aquí en adelante, varias cosas deberán cambiar para que eso no vuelva a suceder. Porque un resultado solo no tapa el bosque aunque modifica mucho el paisaje: sin ir más lejos, Boca volvió a la zona de Copas.

De todas maneras, tampoco el triunfo ante Independiente Rivadavia nació de un repollo, y acaso eso termina siendo una segunda buena noticia, tan importante como la primera. Boca elevó el nivel colectivo. Primero desde lo táctico, con un parado más lógico, con menos desacoples en relación al primer tiempo con Racing, con Battaglia al lado de Paredes, con Palacios más colaborador que Velasco, con más nociones del oficio del mediocampista, y con todo el equipo enfocado en mantener el orden y en no bajar la intensidad. Cuestiones básicas que este equipo de Russo, extrañamente, no había mostrado, salvo en los esporádicos buenos momentos que tuvo contra Benfica y Bayern Munich en el Mundial de Clubes. Sin ser una maravilla (es impropio pensar que un equipo que viene jugando muy mal pase a jugar muy bien de un partido a otro), tuvo una evolución también en el juego. Porque Paredes se soltó más y no se paró tan atrás (y cuando lo hizo fue evidente los problemas que tuvo el Xeneize para elaborar juego), porque Aguirre quizá jugó su mejor partido en Boca y porque Palacios tuvo esos arranques desequilibrantes que se los había olvidado en Chile.

Claro, a Boca lo ayudó ese gol carambolesco que nació en un centro de Paredes (centro atrás, ni siquiera fue un buscapié) que pegó en Bottari, defensor de Independiente, y que después el arquero Centurión, en un movimiento extrañísimo, la terminó metiendo adentro. Después de siete partidos, Boca se ponía al frente en el marcador y desde ahí también se explican las mejoras. ¿Alcanza? Y no. Pero es un punto de partida, sobre todo porque Russo encontró un modelo, una estructura, a la que le falta funcionamiento y confianza. Boca necesita de un mejor Merentiel y ni hablar de un mejor Cavani, que ayer no solo le erró al arco, también le erró a la pelota cuando tenía un gol servido.

¿Que no le sobró mucho? Por supuesto. Independiente lo apretó casi todo el segundo tiempo, más allá de que no generó muchas chances y que Boca, de contra, tuvo varias (Zeballos y Giménez mano a mano). Y así definió el partido, vía Changuito primero, y por Velasco después, para dejar su emoción y sus lágrimas después de lo que sufrió, una postal de lo que fue el sufrimiento de todo Boca.

El 3-0, celebratorio, es un resultado abultado, por no decir mentiroso. En la mayoría del segundo tiempo, el equipo de Russo tuvo que bancar la parada, meter, defender. Otra vez: cuestiones básicas del fútbol, mucho más si hablamos del ADN del juego de Boca, que estuvieron en default en los últimos meses. Y que muchas veces son la diferencia entre ganar y perder, entre estirar la racha más larga sin triunfos de la historia, y cortarla de raíz, de una vez y para siempre…

Pablo Ramon/ole.com.ar

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Aunque era tentador que se le fuera la cabeza directamente al jueves por el clima de Copa que había en el Monumental, River se vio obligado a jugar al Galoppo en uno de los partidos más vibrantes y entretenidos del fútbol argentino en lo que va del año. De la mano (y los goles) del ya no tan sorpresivo killer Giuliano y de un Driussi on fire tras su lesión, el 4-2 en Núñez terminó siendo la antesala perfecta para la definición de la serie de octavos ante Libertad.

De hecho, si el resultado no terminó siendo similar a un set de tenis fue porque, en un segundo tiempo de dominio total ante un rival desgastado, sin ideas y que sigue sin triunfos en el semestre, las chances que parecían caerse de las manos no terminaron adentro del arco de Petroli. Y eso, pese a que casi todos se repartieron al menos un tiro al arco, hasta los ingresados. Incluido un Borja seco, quien erró tres posibilidades bastante claras (en la del medio, les pidió perdón a los hinchas). Spoiller alert para el colombiano: hasta Dadín, suelto en su debut, le mostró que no puede relajarse para no perder su lugar entres los suplentes…

Lo curioso que eso pasó aunque el equipo de Gallardo volvió a ser dual, fundamentalmente en los primeros 45 minutos: así como en Asunción había sido muy diferente en ambos tiempos, esta vez fue uno en defensa y otro en ataque. Que su rival le haya convertido en 29 minutos el doble de los goles que le habían hecho en los seis encuentros anteriores del semestre se explica por algunos flojos rendimientos individuales y por un bloque defensivo con poco rodaje.

Porque Portillo mostró sus 82 días de inactividad en esa carrera que perdió con Andino, Rivero tuvo una tarde repleta de errores y Castaño dejó mal parado al equipo con dos entregas desacertada en la previa del segundo y del que pudo haber sido el tercero. Un triángulo al que se le notó la falta de conocimiento, pero que no terminó opacando una producción ofensiva que le dio tranquilidad al Muñeco.

Es que, con el juego vertical y una notable efectividad como principales aliados, River desarmó el plan defensivo ideado por Ribonetto y dejó la sensación de que podía anotar cada vez que pisaba el acelerador. El pedal, en ese sentido, fue un Giuliano Galoppo a quien el gol le sale fácil y que contagió al resto con su optimismo en el área y sus ganas de ir siempre por más.

Además de un Driussi que se puso solo en el equipo de gala por virtudes propias y errores ajenos, GG y un Nacho Fernández que volvió a recuperar viejas sensaciones y como en Asunción le hizo honor a su apodo de Cerebro fueron los grandes ganadores de una noche en la que River quedó líder de su zona y de la tabla anual. Porque pensando en la revancha contra Libertad ambos hicieron méritos para meterse en el 11 en lugar de un Castaño que ya alarma por sus bajas performances y un Lencina que fue de mayor a menor.

Gallardo, en efecto, encontró parte de las respuestas que necesitaba para mejorar a su River copero en este 4-2 que mereció ser más abultado. Porque su equipo, con un Giuliano Galoppo que maquilló en el área contraria las fallas en la propia fue la doble G: ganó y goleó. Para gustar (aún más) está el jueves.

Gastón Pestarino/ole.com.ar

OTROS RESULTADOS

Banfield 3 – Estudiantes 2

Central Córdoba 1 – Barracas Central 1

Defensa y Justicia 1 – Newell´s 1

Gimnasia 1 – Lanús 2

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