
Boca vive en un estado de permanente ebullición. Empieza a calentarse en la interna, donde el Consejo de Fútbol no termina de decidirse por despedir a Sebastián Battaglia, de quien ya dieron señales de que no lo quieren. Y termina de hervirse en el campo de juego, donde el técnico no le encuentra la vuelta, más allá de la actitud del segundo tiempo. La derrota de anoche en San Pablo lo dejó al borde del nocaut. Último en el Grupo H por diferencia de gol, deberá aspirar a un empate entre Always Ready y Deportivo Cali, que se enfrentan mañana en La Paz. Y la semana que viene, jugarse todo en Bolivia.
Se encontró muy pronto en desventaja Boca. Bastó que despegara Fagner por la derecha y ejecutara un centro preciso para el cabezazo de Maycon, que atacó el espacio que dejó Advíncula y venció a Javier García. No habían pasado cinco minutos.
Sin embargo, en ese breve lapso ya se habían denunciado las intenciones de Corinthians, que se mostró avasallante, dominador y muy intenso. Con la dinámica de sus jóvenes volantes, el propio Maycon y Du Queiroz rodeando al veterano y lúcido Renato Augusto, empezó a tallar en el medio, sorprendió por afuera y tuvo buenos movimientos en ataque por el activo Jo y el talentoso Willian.
Por eso generó las mejores situaciones del primer tiempo ante García. Le faltó la puntada final. Un tiro de Adson que tapó el arquero xeneize, una triangulación entre Adson, Willian y Renato Augusto que terminó con un enganche y un disparo del mediocampista por encima del travesaño. Y la más clara, un mano a mano de Adson que se filtró entre los centrales, que quedaron pagando en la mitad de la cancha, y halló una notable respuesta de Fabra, quien cruzó como un zaguero cuando el delantero quedaba de frente al segundo.
Fabra pareció redimirse en aquella jugada del final del primer tiempo. El colombiano no tuvo una tarea aceptable. Por el contrario, sufrió horrores porque Corinthians eligió ese sector para lastimar, a espaldas de Juan un interno que dio facilidades, y de Eduardo Salvio, enfocado en su función ofensiva, movedizo, el más inquietante en 3/4, pero sin voluntad de retroceso.
Boca produjo muy poco y mostró un problema recurrente: su bajo volumen de juego. No conectó líneas, muy a pesar de contar con futbolistas como Oscar Romero y Guillermo Fernández. El paraguayo jugó demasiado retrasado y buscó ser un lanzador. Pol, directamente, pareció otro marcador central. Casi no cruzó el círculo central. Sin un circuito aceitado en la gestación, volvió a depender de la inspiración individual.
No obstante, Corinthians fue demasiado rudo. Cortó con infracciones y agobió a los receptores. Dio la sensación de que Andrés Matonte debió expulsar a Renato Augusto por un planchazo a Carlos Zambrano. La mejor situación que tuvo Boca se produjo cuando Salvio escapó de la marca, abrió para Cristian Medina y el centro rasante del pibe no terminó en gol porque Luis Vázquez no logró conectar.
Y como si los problemas futbolísticos no fueran suficientes para conspirar contra Boca, la cancha regada impedía que sus jugadores hicieran pie.
No obstante, en el segundo tiempo salió con mayor decisión. Tomó el control de la pelota, atacó, pero no fue profundo. Sumó gente en ataque con los ingresos de Darío Benedetto y Exequiel Zeballos, pero nunca pesaron frente a Cassio. Después, Battaglia sacó a Juan Ramírez, metió a Alan Varela y adelantó a Pol. Tarde. Nunca pudo articular su juego Boca.
Y Romero regaló un pase que terminó en un contragolpe letal de Corinthians. Willian habilitó a Guedes, el “9” metió el centro atrás, manoteó García y Maycon la clavó de zurda.
Boca se deshizo en su impotencia ante cada envío que Joao Vitor rechazó en el cielo del área. Y no se quedó con uno menos porque Matonte decidió no expulsar a Benedetto, que ya estaba amonestado, por una fuerte infracción desde atrás.
Fue una nueva frustración azul y oro. Y Battaglia, otra vez, quedará en el centro de las miradas.
Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

A paso firme, con su identidad clara y con apellidos para la historia. Así avanza este Estudiantes que construyó Ricardo Zielinski y que derrotó 2-0 a un duro Bragantino para liderar en soledad el Grupo C y pensar en el pase de ronda en la Copa Libertadores.
Las jugadas más claras de los primeros 45 minutos fueron de Estudiantes y desde su vía preferida: la pelota detenida. Aunque no siempre de un tiro libre o un tiro de esquina, porque el local aprovechó también los laterales para poner en ofensiva su potencia aérea. Así, tras un cabezazo de Noguera, Del Prete se perdió un gol insólito abajo del arco: su remate se fue arriba del travesaño. Y un rato más tarde, Boselli cabeceó y el arquero Cleiton salvó con lo justo, pese a la queja del delantero, quien entendía que la pelota había ingresado. En ese rebote, Rogel tocó al palo. Un anticipo de lo que llegó.
Todo empezó a resolverse desde la pelota quieta en el segundo tiempo. Un centro, una segunda bola que bajó Del Prete y Rogel convirtió para darle una ventaja que ya merecía el local. Una estrategia por demás conocida pero que nadie logra desactila var: envíos precisos de Zuqui y búsquedas de los muchos cabeceadores que tiene: Rogel, Noguera, Boselli, Díaz, Más, Rodríguez. Nadie los frena.
Desatado el nudo, Estudiantes percibió que Bragantino había quedado dañado por el gol. Y no dudó en castigar una vez más: un contraataque perfecto, con definición exquisita de Boselli por encima del arquero visitante. Para que el idilio sea absoluto, las ovaciones resonantes y el grito de Estudiantes como rugido.
Para Boselli fue un festejo para la historia. Porque con su grito llegó a 18 en competencias internacionales (13 en la Copa Libertadores) y alcanzó cifra que tenía un emblema como Juan Ramón Verón.
Bien encaminado a la siguiente fase de la Copa de la Liga, Zielinski puede pensar en sellar el martes en La Plata, ante Nacional, su pase a los octavos de final de un torneo que disputa con su ADN, pero en el que también está corrigiendo algo clave: los goles en contra. Es que en cuatro partidos del año en la Libertadores (contando las fases previas) solo le marcaron un tanto (Vélez).
El resto sale de memoria: un equipo inteligente, que ataca con sus virtudes, que es capaz de defender hasta con la cabeza, como hizo Rogel, si es necesario. Pura identidad, entrega, juego, sacrificio y convicción. Puro Estudiantes.
Clarín/Deportes
OTROS RESULTADOS
Talleres 1 – Sporting Cristal 0
Vélez 1 – Nacional (Uruguay) 2
MG Radio 24 Villa Pueyrredón