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Boca ganó al final y se subió a la punta. River perdió y agudizó su crisis

Benedetto le dio la victoria al Xeneize sobre la hora para subirlo a la punta del torneo.

Y Boca es puntero. Galopando de atrás, a bordo de triunfos, cinco consecutivos, entre ellos el SuperclásiBrian co. Tan caliente, tan reciente. Sobre la hora, sin brillos, apenas una genialidad de Fabra y la definición de Benedetto, al que se le abrió la puerta del arco ante River. Así son los goleadores. El campeón de la Copa de Liga está acostumbrado a vestir el traje de candidato. Habrá que ver si el resto, especialmente a Atlético Tucumán y Gimnasia, podrá ponerse el sayo.

Lanús está último, aturdido, con su Comisión cuestionada. Con el tercer técnico que no le encuentra la vuelta en esta temporada que se devoró a un emblema como Almirón, al interino Rodrigo Acosta y amenaza con la estabilidad de Kudelka.

Boca llegaba a la Fortaleza con el envión del triunfo frente a su mayor adversario. Sin embargo, fue Lanús el que se mostró más vigoroso en el primer tiempo. Necesitaba dar la cara ante su gente por una campaña lejana a su historia reciente. Y consciente de la coyuntura, salió a apretar bien arriba a su ilustre rival. No lo dejó jugar. Metió, corrió, agobió. Le presentó un partido muy incómodo.

Como habrá sido de intenso el granate que a los veinte segundos ya había inquietado a Agustín Rossi. Fue a partir de un error no forzado de Fabra, que se regaló en la salida. Blando sacó un derechazo cruzado y quemó las palmas de los guantes del arquero azul y oro, quien respondió mandando la pelota al córner.

Boca ostentó la tenencia, pero no tuvo profundidad. Y la única llegada clara se produjo a través de un pase largo de Zambrano, un desborde de Briasco, el toque de Juan Ramírez y un zurdazo de Romero. El paraguayo se apuro de frente al arco y definió mal, alto. Dilapidó una gran chance.

No hubo más peligro para Monetti porque Boca no podía conectar. En ese 4-3-1-2 con Romero como enlace, no hubo elaboración ni conexión. Fundamentalmente, porque los mediocampistas locales se encargaron de cortar los circuitos, encimaron al paraguayo y a Ramírez. Entonces, no había articulación de pases y Luis Vázquez, la referencia de ataque, no pesó. Tampoco Fabra y Advíncula, que se soltaron muy pocas veces.

Sí, Boca dominaba la pelota, pero no controlaba el juego. Por el contrario, Lanús fue más punzante. Con Luciano Boggio activo, rompiendo. Con Aguirre escalando por la derecha. Con Tomás Belmonte empujando desde el mediocampo. Con Blando y Franco Troyansky fajándose arriba con los centrales xeneizes. Pateó diez veces en la primera etapa, cuatro entre los tres palos de Rossi. La más peligrosa, dicho está, fue aquella del amanecer del partido.

Los cambios de Hugo Ibarra mejoraron a Boca. Martín Payero y Alan Varela ordenaron el medio. Y fue más agresivo. En simultáneo, Lanús sintió el desgaste, más allá de esa guapeada de Blando que encontró otra buena atajada de Rossi.

Y entró el pibe Langoni, enseguida, por la lesión de Briasco. Con el pibe fue más punzante. Monetti le ahogó el grito tras una buena jugada de Romero –la única- y Pol Fernández.

Kudelka hizo cuatro cambios juntos. Ninguno funcionó. Se reclamó un penal inexistente por un codo de Troyansky y Tello no expulsó a Zambrano por una falta sin pelota. ¿El VAR? Bien, gracias.

Le quedaba una emoción al partido. De la osadía de Fabra. Para el gol de Benedetto. Y el pasaporte a la cima de la tabla. Para que de la crisis interna ya no se acuerde nadie.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

Un River desconocido se retira del césped del Monumental tras la derrrota ante el Taladro.

A este River en crisis no hace falta buscarlo demasiado para doblegarlo: alcanza con esperar el momento. Y eso fue lo que hizo Banfield para dar el golpe en el Monumental e imponerse 2-1: esperó a que los dirigidos por Marcelo Gallardo le den la posibilidad y las capitalizó. Así, River parece despedirse de la lucha por el título y pone en duda la participación en la próxima Libertadores.

Resulta extraño el andar de Gallardo en este 2022. Luce como un inexperto conductor de autos, que mete volantazos ante una pequeña (o gran) adversidad. Lo que se recomienda en esas situaciones, dicen los que saben, es agarrar firme el volante, aguantar y volver a la línea desacelerando y con calma. Y parece no estar haciendo caso el Muñeco y por eso no ha consolidado a un equipo titular. Para muestra alcanza con poner la lupa en Lucas Beltrán. El cordobés fue titular en el juego previo al súperclasico contra Barracas Central y era quien mejor llegaba para la Bombonera por las molestias físicas de Pablo Solari. Pero el Vikingo fue el último delantero en la consideración del DT. Sucedió que entró y en un rato evidenció lo que se sabía. Entonces frente a Banfield volvió a estar desde el inicio.

Pero le cuesta a River la temporada. Había que analizar cómo reaccionaba el equipo y la gente tras el golpe ante Boca. Hubo aliento del público que colmó el Monumental, otra vez. La ovación de siempre para Gallardo y los aplausos para los futbolistas, especialmente aquellos que estuvieron en días de gloria. Así, salió con ganas el local, con deseos de demostrar, con ansias de llegar al gol. Aunque todo eso duró 10 minutos y no se materializó en llegadas.

No jugó bien River y no fue producto de lo que hizo Banfield, que se plantó con un simple 4-4-2 vertical. Es decir, intentó jugar al contragolpe, tal como lo había hecho en la Bombonera hace unas semanas. Y de una contra golpeó con una volea de Alejandro Cabrera, que capturó el rebote en el travesaño de un disparo de Juan Cruz. Iban 26 minutos.

No reaccionó River, más allá de que mostró actitud. Fueron para adelante y por momentos el equipo quedó mano a mano en defensa. O incluso en desventaja numérica. Treparon los laterales al mismo tiempo y no pesaron. Palavecino flotó y no encontró espacios. A Solari aún se lo nota falto de ritmo. Por eso se repitió en centros y fueron figuras los centrales, más alguna volada del arquero Facundo Cambeses.

Hubo retoques en el complemento y Solari fue a jugar de extremo por izquierda. Tampoco pesó. Todo se avivó cuando el ingresado Miguel Borja conectó de cabeza un centro de Herrera y marcó el empate. A duelo le quedan 20 minutos y la ilusión se encendía en Núñez.

La sensación era inequívoca: el local se lo iba a llevar puesta y con la victoria iba a avisar que estaba vivo y fuerte. Pero no: Mammana, que había tenido un gran partido, perdió una pelota en la mitad de la cancha y logró tirarla al lateral luego de correr a Urzi. Y anda tan errado River que solo se mete en problemas: el saque de banda cruzó todo el área y Palacios la conectó en el segundo palo. Para que Banfield gana. Y para recordar que River está en crisis.

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Colón 0 – San Lorenzo 0

Aldosivi 1 – Newells 2

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