
La “tránsfuga” de clase ha recorrido un largo camino desde Yvetot, el pueblo de 7000 habitantes donde pasó su infancia y primera juventud, en el seno de una familia proletaria de Normandía, hasta obtener el Premio Nobel de Literatura en 2022. La escritora francesa Annie Ernaux, narradora surgida del mundo popular, como ella misma se define, escribe, como decía Jean Genet, en la “lengua del enemigo”, que utiliza ese arte de escribir “robado” a los dominantes. “Siento la escritura como una transubstanciación, como la transformación de lo que pertenece a la vivencia, al ‘yo’, en algo que existe completamente por fuera de mi persona. Algo del orden de lo inmaterial y, por ello mismo, asimilable, comprensible, en el sentido más fuerte de la ‘prehensión’ por los otros”, explica Ernaux en La escritura como cuchillo, un diálogo con el escritor y profesor Fréderic-Yves Jeannet, publicado por la editorial española Cabaret Voltaire, con traducción de Lydia Vázquez Jiménez.
Durante 2002, Jeannet, escritor y profesor de literatura francesa que vive en México desde 1977, le envió a Ernaux por correo electrónico un conjunto de preguntas y de reflexiones que la autora de Los armarios vacíos, Lo que ellos dicen o nada, La mujer helada, Una mujer, No he salido de mi noche, Perderse, La ocupación, Los años, La otra hija, Mira las luces, amor mío, Memoria de chica y El hombre joven, entre otros, fue respondiendo con sinceridad y precisión. La escritura como cuchillo incorpora dos nuevos capítulos que amplían y actualizan el diálogo hasta 2021. En sus textos, ella tiene la impresión de “estar cavando siempre el mismo hoyo”, expresa cuando Jeannet le propone clasificar su obra en “novelas”, “relatos autobiográficos” y “diarios”. La ganadora del Premio Formentor, que actualmente reside en Cergy, cerca de París, observa que sus libros son “autosociobiográficos”.
De las diferencias económicas, sociales y culturales, fue consciente muy tempranamente. Sus padres fueron campesinos asalariados, después obreros y llegaron a ser pequeños comerciantes de una tienda de alimentos y café, que tenían grandes dificultades para llegar a fin de mes y contaban todos los días la recaudación, angustiados; no cerraban nunca y se “mataban trabajando”, como recuerda la hija, para quien resulta imposible olvidar que su madre vendía papas todo el día para que ella “pudiera sentarse en un anfiteatro universitario para escuchar hablar de Platón”, como escribió en Una mujer. “Tengo la impresión de que la escritura es lo mejor que puedo hacer, en mi caso, en mi situación de tránsfuga, como acto político y como ‘don’”, reconoce Ernaux y aclara que cuando empezó a escribir, con veinte años, tenía una visión solipsista, antisocial y apolítica de la escritura. Lo que más la sorprende hoy esa especie de certeza de que la literatura no tiene nada que ver con la política, que es una actividad puramente estética.
“La violencia exhibida en los primeros libros, luego retenida, comprimida al máximo, se sumerge, así lo siento, en la infancia. Sé que existe en mí la persistencia de una lengua de código restringido, concreta, la lengua original, cuya fuerza busco recrear a través de la lengua elaborada que he adquirido. Mi imaginario de las palabras, insisto, son la piedra y el cuchillo”, confirma la autora de El acontecimiento, donde narra el desamparo y la discriminación de una sociedad que deja a las mujeres sumidas en la intemperie de un aborto clandestino, novela que fue llevada al cine por la directora Audrey Diwan. Ernaux repasa la importancia que tuvo el descubrimiento de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, el surrealismo y especialmente Nadja, de André Breton, Jean-Jacques Rousseau con Las ensoñaciones del paseante solitario y Las confesiones; aparte de las lecturas de Gustave Flaubert, Marcel Proust, Virginia Woolf y Georges Perec; entre los contemporáneos que más la han influido menciona a Pascal Quignard, Jacques Roubaud, Serge Doubrovsky y Ferdinando Camon.
En esta conversación por escrito no podía faltar el posicionamiento político de la Premio Nobel de Literatura, quien se ha situado siempre en la extrema izquierda francesa. “La diferencia esencial entre la izquierda y la derecha es que la primera no defiende las desigualdades de las condiciones de la existencia entre los pueblos de la tierra, entre las clases, y, añadiré, entre los hombres y las mujeres”, plantea Ernaux. “Ser de izquierdas es creer que el Estado puede hacer algo para que el individuo viva más feliz, más libre, mejor educado, que no es solo una cuestión de voluntad personal. En el fondo de la visión de las derechas, se encuentra siempre una aceptación de la desigualdad, de la ley del más fuerte y de la selección natural, todo lo que defiende el liberalismo económico que invade el mundo actual. Y presentar, como se hace en todas partes, el liberalismo como una fatalidad es una actitud, un discurso, profundamente de derechas”, argumenta la escritora que en las elecciones presidenciales del 2022 votó por el candidato de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon en la primera vuelta. Para evitar el triunfo de la extrema derecha (Marine Le Pen), en la segunda vuelta votó al actual presidente francés Emmanuel Macron, “tapándose las narices”.
Ernaux subraya que ella no disocia lo íntimo de lo social porque un “yo” supuestamente puro, donde los otros, las leyes y la historia no estuvieran presentes, sería inconcebible. “¿Escribir sería para usted, como para Proust, “la única vida plenamente vivida”?”, pregunta Jeannet. “Proust precisa: ‘La verdadera vida, la vida por fin descubierta y aclarada, la única vida, por consiguiente, plenamente vivida, es la literatura’. Insisto en estas palabras, la vida descubierta y aclarada, porque me parecen esenciales”, destaca la Premio Nobel de Literatura. “Si tuviera que dar una definición de la escritura sería esta: descubrir al escribir lo que es imposible descubrir de otra manera, con palabras, viajes, espectáculos, etcétera. Ni siquiera mediante la reflexión. Descubrir algo que no estaba ahí antes de la escritura. En eso consiste el goce –y el espanto– de la escritura, no saber lo que, gracias a ella, llega, adviene”.
Silvina Friera/Página 12-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón