
Por qué Alan Madanes, surgido hace diez años de un reality, hoy es quien todos quieren tener en su elenco teatral? Inquieto y talentoso, la respuesta se encuentra en su trabajo. A los 30 años, está por pegar el salto de su vida. Hasta el próximo lunes es Sinatra en Cuando Frank conoció a Carlitos, mientras ensaya para Sandro, el Gran Show, que se estrenará el 10 de abril.
Actor, cantante, músico y escritor, flamante ganador del Cóndor de Plata -Revelación Masculina por su papel de Tuca en la serie Cromañón-, recibió el año pasado el Hugo a la Mejor Actuación Protagónica Masculina, por su increíble performance como el joven Frank Sinatra, en una obra donde habla y canta todo el tiemlo po en inglés.
Ahora, bajo la dirección teatral de Ana Sans y Julio Panno (autores del guion), dirección musical de José Luis Pagán y producción de Torneos, 3CFilms y UPM Hits, enfrenta el desafío de interpretar a Sandro, aunque no se parezca ni el blanco del ojo. Claro que eso no lo detuvo en noviembre cuando se presentó al casting en el teatro Coliseo (donde se realizará el musical), con sus rulos al viento y su apariencia adolescente.
Tal vez Alan -nacido y criado en Palermo, de novio con la actriz Agustina Cabo-, sin saberlo empezó a construir este camino en 2015, cuando llegó a las instancias finales de Elegidos, la música en tus manos, el reality show de Telefe. “Sí, la primera aparición pública fue como cantante, pero siempre con un dejo de performance”, recuerda Alan. “Mi viejo es músico, mi hermana Valentina es cantante, y yo desde los 15 para ganar mis primeros mangos salí a dar clases de guitarra, piano, bajo y batería para principiantes, a domicilio o en casa. La música siempre está en ese lugar familiar, pero en la actuación me tocó hacer mi camino”.
-En estos días se anunció que sos uno de los protagonistas del musical del Gitano. Literalmente, de Sinatra a Sandro.
-¡Tremendo! Son personajes muy icónicos. Y pasar de uno al otro es muy loco, encuentro similitudes que residen en sus carismas, artistas muy abiertos, con la mirada muy amplia, y me reconozco ahí.
-De Sinatra, contaste que tuviste que empaparte porque si bien sabías quién era, no tenías una conexión particular.
-Un personaje fascinante, un intérprete único, disruptivo. En la obra soy un Sinatra de 19 años, tuve libertad para construir. De él aprendí el histrionismo, el carisma, ¡y además, la oportunidad de cantar tangos en inglés!
-Esa vinculación previa que no tuviste con Sinatra, ¿la tenías con Sandro?
-La hay porque soy argentino, eso ya te pone en un lugar; a Sandro lo conocés, no importa si lo escuchaste o no, vos sabés por dónde va su imagen, su voz, su esencia. Yo nací en el ‘94, mis abuelas Dorita y Marta lo escuchaban. Mi viejo (Lisandro) canta un repertorio muy internacional y de Argentina imagínate que también agarró a Sandro y mi mamá (Lorena) un poco lo escuchaba. Pero no es que vengo de una cultura sandresca a morir y las canciones de Sandro son muy icónicas. Estoy descubriendo a ese Sandro que no conocía, un tipo profundamente poético, argentino, familiero, que trabajó con mucha gente y que supo hacerlo en equipo.
-¿Por qué te presentaste al casting? Aunque se había aclarado que no se buscaba imitador, una cosa es no imitar y otra no parecerse en nada.
-Cuando vi la convocatoria entendí que buscaban. Eso me copó, porque fui entrando de a poco a su mundo. Empecé a escucharlo, a practicar las canciones, poniéndolas en mi boca y encontré una sonoridad que estoy elaborando con Julio (Panno) y con Ana (Sans).
-¿Cuál fue la primera canción que elegiste?
-Penumbras. Ahí es donde él hace una interpretación super integral y muy actoral. En sus shows hacía una previa, generaba un clima, y yo me apoyo mucho en eso para construir su costado más dramático y más romántico. Para cualquier actor o cantante, Sandro es un desafío porque es un tipo entregado en el escenario, y si uno tiene el hambre de subirse ahí arriba te la jugás.
Me metí a pleno porque dije: “Ya sé que no me parezco, pero me atraviesa tanto que espero que algo de eso les llegue a los directores. Por lo menos la pasión que siento al cantarlo, porque no es sólo que no te parecés, tampoco sonás como él, no sos él y no te movés como él”. Y para audicionar encontré mi versión.
-¿La pelvis inquieta la tenés?
-Estamos trabajando en eso (risas).
-En “Sandro, el Gran Show” el Gitano va a estar todo el tiempo, mas no en el escenario. Nacho Pérez Cortés, el otro protagonista, no va a hacer de él tampoco.
-Ninguno de los dos lo representa, pero en los dos está. También en Male (Rossi) y Sofi (Val), porque Sandro le habló mucho a la mujer en todas sus canciones, es uno de los artistas que mejor contó el romance en sus temas. El trabajo que estamos haciendo los cuatro tiene que ver con la vibración, por eso también recae mucho en el ensamble, hay quince bailarines en escena y las coreografías (dirigidas por Verónica Pecollo) están muy adaptadas a la modernidad. Frente a la obra, la gente se va a dividir en dos: los que no lo conocen y tienen la oportunidad de acercarse a él, y, yo me arriesgaría a decir, los que integran uno de los clubs de fans más grandes de Argentina, Las Nenas.
-Llama la atención la elección de un elenco muy joven.
-La nostalgia tiene mucha mala prensa. Si escuchás a cantantes de otra época, te dicen: “Aggiornate, escuchá lo que suena ahora”. Pero hay que aprender de dónde uno viene. ¿A vos te gusta Charly? Está bien, pero a Charly le gustaba Sandro. Todos los rockeros que a mí me gustan lo tenían en un pedestal. Y hay que ser muy respetuoso con los que estuvieron antes y nos marcaron un camino.
Además, hay muchas cosas de Sandro que hoy hacen falta, por ejemplo, el amor. Él era un enamorado y un romántico, con una poesía sencilla. Él dice no te propongo nada extravagante. Te prometo amarnos, ¿qué más necesitás? Te quiero. Si vos me dejás, yo te quiero. Nadie dice eso hoy. Nadie.
-Estás considerado un influencer, tenés más de 400 mil seguidores en Instagram donde sorprendés con tus monólogos.
-Sí. Son textos míos que estoy laburando para un libro que va a salir este año y ya entregué a editorial Galerna. Me gusta mucho narrar. El otro día hice un show con mis canciones, acústico con una guitarra, y por primera vez escuché adentro mío como una voz propia, porque estoy muy acostumbrado a ponerle voces a los personajes, pero no la mía.
-Dijiste que estás empezando a mirar atrás. Casi a tu edad, a los 31, Sandro un día se sentó en la escalera de su mítica casona de Banfield y se preguntó: “¿Y esto era todo?”. ¿Ya te pasó?
-No, porque tengo una red que todavía me motiva para sentir que viene mucho más y quiero seguir creciendo. Fui cumpliendo un montón de sueños que tenía. Crecí viendo series de Disney, soñaba estar en ellas y lo hice (Bia, Limbo y Freeks), y canté en un montón de teatros (en las comedias Up, la fórmula de la felicidad, Te quiero hasta la luna, Mamá está más chiquita, Querido Evan y Cuando Frank conoció a Carlitos). Tenés un momento en el que decís: ¡Guau, todo lo que hice! Pero yo tengo una brújula muy hacia el norte, todavía soy muy esponja y trato de aprender de todo. Actué mucho, sí, pero nunca dirigí y me encantaría. Me interesan esas áreas donde ignoro completamente cuál es el oficio, siento que todavía puedo ir por más.
-Tenés un apellido ligado al teatro. ¿Cuál es tu parentesco con Cecilio Madanes, un hacedor fundamental en la historia del espectáculo argentino?
-Es tío de mi abuelo Claudio que murió cuando yo tenía ocho años, pero no lo conocí a Cecilio, aunque a cada teatro que voy me preguntan por él.
-¿Cómo manejás el ego? Recibiste un premio Hugo por tu interpretación de Sinatra y acabás de ganar el Cóndor de Plata por tu papel de Tuca en “Cromañón”.
-Trato de no quedar pasmado con esas cosas. Si bien uno agradece esos reconocimientos, vuelvo a lo mismo que admiro de Sandro: siento que él trabajaba para la gente y hacía su música con una gran vocación para lograr esa comunión.
-Tuca, un sobreviviente de Cromañón, fue el personaje más dramático que te tocó.
-Sí. Aunque yo tenía diez años cuando pasó, Cromañón es una historia que me atravesó por completo. Dos o tres años después yo andaba tocando con bandas, era rolinga, escuchaba Callejeros, era uno de los organizadores de la Comisión de Música del colegio y armábamos en la calle festivales para ochocientos pibes. Conozco gente que estuvo, víctimas y familiares de víctimas, muchos se acercaron para colaborar en el guion y por eso me atravesó mucho más como Alan que como actor. Cuando hago Sinatra me meto a pleno, pero llego a casa y me desprendo fácil. Acá, nos fuimos a Uruguay y durante un mes filmamos las escenas del boliche, imposible no comprometerse con los personajes porque ahí encontraba verdad.
-Uno siempre es un sobreviviente, pero nunca está preparado para serlo en una situación así de tremenda.
-Nadie te lo enseña. Si vos estás permeable a lo que está pasando en el momento que te dicen, “acción” y escuchás gritos y ambulancias, en una mega producción con trescientos extras, realmente te lleva puesto.
-También en Uruguay rodaste la película “Agua negra”.
-Sí, de Santiago Ventura y creo que se va estrenar este año. Soy el mejor amigo de la protagonista, la actriz uruguaya Belén Giannini, que es también la guionista. Es una historia sobre nadadoras y la competencia heavy que hay. Mi personaje es super colorido, un tatuador, medio tiro al aire, en una trama medio de suspenso.
-¿Alan no es ni tan diablo ni tan santo?, como la canción de los Pérez García que cantás en la serie “Cromañón”?
-Soy ambas cosas, pero en un buen sentido. Creo que está bueno trabajar con los monstruos que uno tiene y poder domarlos, porque todos peleamos contra nuestra individualidad y tratamos de dar esa batalla.
Graciela Guiñazú/Clarín-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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