
Cambió la energía en la Bombonera. Si hace un par de semanas cuando Solari marcó el 1-0 de Racing el camino todavía estaba empinado al agujero negro en el que estaba sumergido Boca, ahora que Edinson Cavani anotó el 2-0 para un triunfo como local y el segundo consecutivo tras cortar la mala racha en Mendoza está claro que el panorama ya no es el mismo. Que una victoria llama a otra victoria y que las sonrisas contagian alegría. Así, todo es más fácil.
El que hace que todo se vea más fácil es Leandro Paredes. El volante central fue la gran figura en el triunfo ante Banfield que le permite a Boca acomodarse -al fin- en la Zona A y alcanzar a River en la tabla anual para estar en puestos de a Copa Libertadores 2026, a esta altura del año, el único objetivo que le interesa a la gente y al club, porque si logra salir campeón -además- será de yapa.
¿Cuánto le deben Boca, Russo y Riquelme, al regreso de Leandro Paredes? Y la respuesta se encuentra en diferentes lugares. En la cancha, un montón. Paredes lleva la pelota, ordena y saca una diferencia abismal con su calidad y jerarquía. En el primer tiempo tiró una pared con Cavani y sacó una volea de sobre pique que dejó a todos sorprendidos y le quemó las manos al arquero Sanguinetti. En el segundo metió la pelota entre líneas para que Aguirre habilitara a Merentiel en el 1-0 y tiró el córner desde la derecha que derivó en el cabezazo de Cavani para sellar el 2 a 0.
Pero también es el capitán sin cinta y el encargado de unir a un grupo que había quedado segmentado tras la disputa entre Marcos Rojo y el ya extinto Consejo de Fútbol (Chicho Serna, uno de los desplazados, estuvo en la cancha). Acá no hay dudas, si antes sus compañeros tenía que elegir entre Rojo o Cavani, ahora se cerró la grieta: hay que seguir al número 5. Paredes además es referente para declarar ante los medios y para ser el interlocutor frente a los dirigentes y el entrenador, que lo cuida como un padre a un hijo y este domingo lo sacó sobre el final para que recibiera el cariño de la Bombonera, pero también para que descansara algunos minutos.
Es que desde que llegó, Paredes no dejó de jugar. Y eso que venía de unas largas vacaciones. En la tabla, ya le generó a Boca puntos que de otro modo le hubieran sido difíciles de sumar. Tiró el centro para el empate de Di Lollo ante Unión, lo mismo con Giménez frente a Racing; generó el gol en contra de Centurión en Mendoza y ante Banfield fue el lanzador para los dos gritos en la Bombonera. Qué más se le puede pedir, que además se tira a los pies, recupera y después juega como los dioses.
La certeza de Boca está en la mitad de la cancha, porque si Paredes no llega está Rodrigo Battaglia para cubrirle la espalda. El ex Huracán también tuvo un destacado partido. Es el socio ideal para que Paredes juegue más suelto. Tiene buen juego aéreo (un cabezazo suyo terminó en el gol de Cavani) y también es bueno con los pies. Está claro que su puesto es en la mitad de la cancha y no en la zaga central.
A partir de ellos, Boca dio un primer paso para empezar a crecer. Es cierto que Banfield no fue medida, pero esta vez Boca hizo lo que se le exige: ganó, fue sólido, sus delanteros marcaron y trepó en la tabla.
Nada para cuestionar. Sin embargo, está lejos de lo que se pretende. Todavía le falta mucho al chileno Carlos Palacios, que intentó hacerse dueño de la pelota y llevar al equipo para adelante, pero estuvo intermitente y debe recuperar el ritmo. Lo mismo para Aguirre, que se ganó el puesto por la derecha, pero todavía no puede sostener en los 90 minutos una constancia como para ser número puesto. Velasco y Zeballos siempre están listos para competir por esos puestos, aunque esta vez no pudieron aumentar el marcador . Párrafo aparte para Merentiel y Cavani, los uruguayos cortaron la sequía. Poco a poco se abrirá otro debate: ¿qué pasará el día que no esté Paredes? Para eso todavía falta y ahora es momento de disfrutar.
Juan Lagares/Clarín-Deportes
ARGENTINOS GOLEÓ A RACING EN LA PATERNAL
Racing tiene dos caras. Muestra una cuando juega la Copa Libertadores, en la que se ve un equipo ganador, con una idea, con empuje, juego y espíritu combativo y otra muy distinta es la del ámbito local, en el que se arrastra y si Aldosivi gana o empata ante Estudiantes, quedará último en su zona.
En La Paternal quedó expuesta la peor cara de La Academia, que había llegado envalentonada tras la clasificación a los cuartos de final de la Copa Libertadores, después de la agónica y festejada victoria sobre Peñarol en el Cilindro. Y a pesar de que contó con mayoría de titulares, Racing jugó muy mal en el Diego Armando Maradona.
Y eso que la tarde, a puro sol, había arrancado bien para el equipo de Gustavo Costas, quien estaba sancionado y por eso siguió el partido desde un palco. Es que más allá de la lesión de Santiago Solari, quien salió lesionado cuando apenas iban 15 minutos, Racing arrancó ganando por el gol de su reemplazante, Tomás Conechny, quien en una de las primeras pelotas que tocó, convirtió. El ex Godoy Cruz sorprendió con una diagonal para ir a buscar el pelotazo de Mura, aprovechó el quedo de los centrales y del Ruso Rodríguez y tocó de zurda para abrir el marcador.
La llegada al gol fue con una marca registrada de este equipo. Una pelota larga a espalda de los defensores rivales para que los atacantes propios piquen a buscarla y saquen provecho de los espacios. Incluso, la fórmula casi se repite minutos más tarde cuando el partido ya estaba empatado cuando Mura envió un centro muy preciso y Conechny se elevó bien alto pero su cabezazo se fue apenas desviado.
Poco le duró, de todos modos, la alegría a Racing. Es que Arias intentó descolgar un centro en dos tiempos, en el medio se chocó con Sosa, y le dejó servida la pelota a Alan Lescano para empujarla. A partir del empate, Argentinos creció y Racing empezó a derrumbarse. Porque del medio hacia atrás, su defensa -el único que se salvó es Sosa- tuvo un partido para el olvido, el doble cinco integrado por un desconocido Nardoni y un Zuculini a destiempo, no logró contener y el retroceso no fue bueno.
Argentinos fue la contracara. El equipo de Nicolás Diez fue de menor a mayor y terminó dando una exhibición por momentos. El segundo gol fue de baby fútbol. Lescano controló la pelota y la empaló para que Hernán López Muñoz, el sobrino-nieto de Diego Maradona convirtiera de cabeza su primer gol en Argentinos, con un gesto técnico similar al de su tío-abuelo.
Racing se desintegró tras ese gol y enseguida llegaron otros dos más, ya que Argentinos encontró espacios y facilidades que le dio su rival. Di Cesare regaló una pelota a Giménez Rojas, a quien lo dejaron avanzar y definió sin problemas. Y el cuarto llegó cuando Oroz la empujó tras una gran jugada, cumplió la ley del ex y no lo gritó.
Pero sí festejaron los hinchas de Argentinos que vieron en La Paternal una gran muestra de fútbol de su equipo, que ganó, gustó y goleó a un Racing deshilachado en el torneo local.
Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes
OTRO RESULTADO
Unión 1 – Huracán 1
MG Radio 24 Villa Pueyrredón