
El vínculo entre un padre y una hija se quiebra. Un silencio abrasivo erosiona aún más ese lazo endeble. “Escribir con mi padre vivo era una forma figurada de matarlo. Y matar al padre no es fácil”, confiesa Josefina Licitra en Crac (Seix Barral), narración sin ficción en la que la periodista, guionista y escritora explora el desencuentro con ese progenitor, un exmilitante político en la década del 70 que se exilió en España, con quien siempre tuvo un vínculo complejo y distante, no solo en un sentido estrictamente geográfico. Por este libro, Licitra ganó el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, dotado de 15 mil dólares, que todos los años entrega la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en reconocimiento al trabajo literario de las mujeres en idioma español.
El jurado la eligió de manera unánime por la creación de “una novela confesional que aborda la ruptura del vínculo entre un padre y una hija, y convierte esta experiencia privada en reflexión literaria sobre la autoría, la escritura, el duelo y la memoria”. El jurado integrado por Giselle Etcheverry Walker, de Chile; Daniel Centeno Maldonado, de Venezuela; y Anamari Gomís, Patricia Córdoba Abundis y Roberto Domínguez Cáceres, de México, destacó que “Licitra se expone con sentido del humor, sin reservas y demuestra un notable dominio de distintos registros y planos narrativos que, sin caer en la sensiblería, trasladan al lector las mismas incertidumbres existenciales que atraviesan a la autora”.
El jurado determinó otorgar una mención honorífica a la escritora boliviana Giovanna Rivero por su novela Alma oscura del alba, a la que definieron como una “fábula atravesada por la pulsión de lo político, lo telúrico y lo imposible, donde la autora ha creado un escenario denso y vibrante para quienes ya nada esperan y, sin embargo, son capaces de apostar la existencia a una utopía”.
La periodista y escritora se convierte en la décima argentina en recibir el Sor Juana después de Sylvia Iparraguirre, Ana Gloria Moya, Tununa Mercado, Claudia Piñeiro, Inés Fernández Moreno, Perla Suez, María Gainza, Camila Sosa Villada y Gabriela Cabezón Cámara. Licitra (La Plata, 1975), autora de Los imprudentes. Historias de la adolescencia gay lésbica en Argentina; Los otros. Una historia del conurbano bonaerense; El agua mala. Crónica de Epecuén y las casas hundidas, y 38 estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia, recibirá el premio el miércoles 2 de diciembre durante la edición 40 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Licitra atravesó una serie de quiebres en agosto de 2023. Se fracturó el pie, en su clase de danza, y se enteró de que su padre, con quien llevaba ocho años sin hablar, llegaría a la Argentina. Había publicado en 2019 una crónica sobre ese vínculo tan complejo en la revista brasileña Piauí, convencida de que él nunca tendría acceso a leer esa crónica. En ese texto ahondaba en una cuestión que la perturba: la relación con su padre se fue extinguiendo como una estrella que se apaga y deja un agujero negro en el espacio. El padre acusó recibo y le escribió un correo electrónico letal: “Mis intimidades, ciertas o falsas, no tienen por qué ser objeto de tratamiento literario, ya sea en Argentina o en la China. Se trató de un misil bajo la línea de flotación en toda regla, que dinamitó lo que quedaba de nuestra relación”.
¿Hay muestra de autoritarismo más descomunal que retirarle la palabra a una hija? Josefina quedó bloqueada y no podía escribir. El padre la despojó de la palabra hablada y de la palabra escrita también, como si fueran las dos caras del mismo silencio paterno. Vivir sin escribir se volvió difícil. “Cuando me desoriento, escribo. No conozco otra manera de condensar el vapor en el que flotan la vida, todavía sin lenguaje, la vida y sus infinitos misterios”, cuenta en Crac, la novela de no ficción premiada en México. Escribir sobre ese desencuentro fue el recurso al que pudo echar mano para que su padre dejara de ser un fantasma y se convirtiera en un personaje literario. Necesitó firmar un contrato editorial para cumplir con la entrega de un libro que debería escribir (una forma de encontrar un atajo para salir de ese bloqueo pesado como un adoquín) y que trataría sobre el incomprensible silencio de su padre.
-¿Qué significa ganar el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por Crac? ¿Es, en cierto modo, un reconocimiento al trabajo que hiciste: tratar de que tu padre dejara de ser un fantasma para convertirse en un personaje literario?
-Ganar el premio Sor Juana es un motivo de orgullo y felicidad. Y que venga de la mano de Crac supone, como decís, un reconocimiento al valor literario del libro. Crac es una historia personal, delicada. Real. Habla del vínculo con mi padre, con mi vocación y con el pasado de los que somos hijos de los setentas. Pero nunca fue pensado como un diario íntimo, sino como una novela donde se funden la vida y el lenguaje literario. Siento que el jurado reconoció ese trabajo, y eso me hace sentir, como mínimo, muy comprendida.
-¿Los motivos del silencio de tu padre siguen siendo difusos o, con el paso del tiempo, a un año de la publicación de Crac, pudiste encontrar alguna forma de sentido o explicación a ese silencio?
-Buena parte del sentido que le encontré a mi historia personal se fue desmenuzando a lo largo de la escritura del libro. Hay algo de thriller introspectivo -si cabe algo así- que me llevó a buscar respuestas y escribirlas una vez que aparecieron. Pero después está la otra parte: el libro que aparece en la cabeza de los lectores y las lectoras. Ese libro sí trajo cosas nuevas. Me escribieron mucho contándome historias similares a la mía, y eso en sí no es una explicación a nada, pero ayuda a alivianar el lastre o la solemnidad con la que uno a veces piensa sus propios problemas.
Silvina Friera/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón