
Y el tren Sarmiento pasó. Se fue. El tema es que River no se pudo subir y se quedó en la estación, pese a que empujó para que la puerta se abriera y la gran e inesperada oportunidad en la tabla anual no se le escurriera entre las manos. En definitiva, este 1-1 es una decepción más para un equipo que tuvo más ímpetu que juego en Junín y deberá salir campeón de un torneo en el que ni siquiera está en playoffs para no faltar por segundo año consecutivo a la Copa Libertadores.
Puede que la imagen que quede de este empate sea ese fallo muy polémico en la jugada de la mano de Vera y el posterior gol de Montiel. Pero en realidad, sería un análisis bastante reduccionista en relación a lo que se esperaba de River y lo que terminó dando, en otra actuación bastante lejana a lo que debería dar: sigue siendo un equipo al que lo tumban con un gol (31 encuentros consecutivos sin dar vuelta un resultado), que tiene horrores defensivos en las pocas veces que le llegan (en la primera del palo y de un flojo Martínez Quarta en el tanto del 1-0) y al que le quema la pelota en los pies.
Pareciera jugar con una mochila de tantos kilos como los millones invertidos en estos últimos mercados. De ahí las notorias fallas en la creatividad que muestra, pese a juntar en cancha a talentos de la talla de Thiago Almada y Ángel Correa: en el fútbol de los extremos y los desdobles por afuera, tiene una llamativa insistencia por jugar por adentro e intentar paredes o pases internos en espacios muy reducidos. Pan comido para una defensa de cinco jugadores que planteó el Colorado Sava, además de las marcas personales en el mediocampo que complicaron las recepciones cómodas de los talentosos de River.
De hecho, los únicos que lograron romper un poco esa pared verde fueron un muy buen Montiel (astuto para picar en diagonal aprovechando la asistencia de Almada) y un Lautaro Pereyra que podría haber entrado un rato antes (28’ del segundo tiempo). Después, las dificultades fueron varias: Thiago, en su vuelta a la titularidad, no estuvo del todo fino y pecó de querer intentar algunas individualidades, en tanto que Correa tuvo flashes de lucidez (sigue siendo el mejor en ataque), a Andrada le costó sacarse de encima la pegajosa marca de García y Driussi, luego del travesaño, se desinfló y perdió varios duelos personales.
Todo esto, ante un rival que hizo su trabajo y que le demostró por qué es el más goleador de los 30 del Clausura (21 goles), la contracara de un River que necesita llegar demasiadas veces para poder festejar y peca de poco efectivo. Y que, encima, le empantanó las cosas y lo hizo caer reiteradas veces en la trampa del juego interno: con menor fluidez en el primer tiempo, con un poco más en el segundo, a los dirigidos por Ponzio les costó.
Y eso que costó terminó siendo sinónimo de ver cómo la última chance de pelear hasta el final en la tabla anual se fue. Podría haberse puesto a tres puntos de la Libertadores, pero quedó a cinco, con 12 en juego y tres equipos en el medio (Belgrano libera plaza): ya no parece que este fútbol argentino tan irregular le vuelva a entregar en bandeja una chance tan clara.
Las cinco finales se transformaron en cuatro. Belgrano, Racing, Boca y Aldosivi, el horizonte de un River que se volvió a Buenos Aires también afuera de playoffs. El tren Sarmiento pasó, y el equipo no se pudo subir…
Gastón Pestarino/Edición Impresa de Olé/ole.com.ar
MG Radio 24 Villa Pueyrredón