Anaïs Reno, con un notable sexteto argentino, se presenta en el Bebop Club

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Una voz tersa, de color cálido, swing clásico y articulación impecable, distingue a Anaïs Reno, una de las cantantes nacidas en este siglo que busca novedades, y a menudo las encuentra, en el American Songbook, ese territorio elástico y siempre abierto a la reconfiguración. Por primera vez en Buenos Aires, Reno se presentará el jueves en doble función –a las 20 y a las 22.30– en Bebop Club (Uriarte 1658), al frente de un sexteto encabezado por el trompetista Mariano Loiácono. Un cruce que pondrá en juego un diálogo natural entre la tradición del jazz vocal estadounidense y la relectura fina de un combo instrumental que se completa con Sebastián Loiácono en saxo, Ramiro Penovi en guitarra, Pablo Raposo en piano, Mauricio Dawid en contrabajo y Santiago Lacabe en batería. El lunes, la cantante se presentará como invitada de la big band de Bebop Club.

Formada en Purchase College de la Universidad de New York y fogueada en los escenarios emblemáticos del circuito de esa ciudad –entre el Birdland, el Dizzy’s Club y el Carnegie Hall–, Reno irrumpió en la escena del jazz con una madurez interpretativa singular. Su disco debut de 2021, Lovesome Thing, centrado en las obras de Duke Ellington y Billy Strayhorn, fue muy bien recibido. A esa carta de presentación le siguieron un registro en vivo grabado en el PizzaExpress de Londres y su reciente álbum de estudio, Lady of the Lavender Mist (Club44), donde, sin caer en nostalgias, reafirma su lado de cantante clásica junto al guitarrista Peter Bernstein..

“En el jazz y en el repertorio del Gran Cancionero Americano hay una forma de atemporalidad que permite el regreso continuo a esas fuentes. El compromiso pasa sobre todo por lograr un punto de encuentro entre la armonía, la letra y la melodía, para ponerlos al servicio de una idea”, asegura Reno en diálogo con Página/12. “La diferencia clave entre estas canciones y la música actual es la cultura en torno a la reinterpretación. Aunque muchos músicos de jazz consideran ciertas grabaciones como versiones definitivas, esas historias fueron compuestas con una universalidad pensada para moldearse según quien las aborde y siguen pidiendo otras interpretaciones. Buena parte de la música contemporánea, en cambio, queda inseparablemente ligada a su creador y a la toma original”, continua la cantante.

Hija de un cantante lírico, Reno comenzó su formación en ese ámbito, que en su transformación al jazz nunca abandonó del todo. “Crecí trabajando la técnica y el estilo con varios profesores, incluido mi padre y en los últimos años estudié con docentes de base clásica a los que les llevé mi repertorio de jazz para pulir recursos”, comenta la cantante. “Lo virtuoso de ese proceso es que no pierdo la comprensión del swing ni la interpretación jazzística mientras aprendo a cuidar la voz para afrontar exigencias extensas. Además, me permite pensarme primero como un instrumento y no únicamente como una cantante encasillada en un género”, asegura.

El trío del pianista Emmet Cohen en su primer disco y el del guitarrista Peter Bernstein en el más reciente fueron el sostén para el laboratorio de la cantante, siempre en busca de una diferencia. “Hay una gran variedad de cualidades entre los músicos con los que amo trabajar, pero el rasgo común es la atención que le prestan al relato, a la historia que se está contando”, dice Rena. “Me gusta llevar arreglos, pero cualquier canción bien escrita, incluso en su estructura más elemental, puede volverse casi sinfónica en las manos indicadas, incluso algunos de mis momentos favoritos en vivo suceden en formato de dúo, cuando matizamos hacia el silencio en el mismo instante, o compartimos la misma complicidad en un pasaje. Sentir el silencio y la respiración en sintonía es lo que genera una conversación real”, continua.

– En Buenos Aires te presentarás junto a un sexteto ¿Cómo cambia el enfoque vocal ante la densidad y el color de un combo más nutrido?

– De todos los formatos, el ensamble con vientos es con el que tengo menos recorrido previo. Disfruto mucho ese punto medio que ofrece el sexteto con saxo y trompeta, entre la intimidad de un grupo pequeño y la amplitud de una big band, porque me exige estar muy atenta a los espacios entre las líneas de los vientos y al mismo tiempo puedo dejarme llevar cuando el ensamble despliega todo su peso.

– ¿Cómo armaste el repertorio para estos conciertos?

– Siempre me gusta incluir diversidad de estilos: estandars que todos reconocen de inmediato, algunas piezas más de nicho, composiciones propias y temas ajenos al jazz elaborados para esta paleta sonora. Me entusiasma especialmente poder presentar en Buenos Aires un arreglo de gran formato sobre “Moonchild”, de King Crimson. El arreglo, realizado por el bajista neoyorquino Sameer Shankar, incluye un pasaje rearmonizado titulado “Sunchild” sobre el cual escribí la letra. Había hecho versiones reducidas en trío, pero este será el estreno con este arreglo completo.

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