
Tuvieron que pasar seis años desde la final perdida en 2020 para que el alemán Alexander Zverev sanara su herida con la conquista del Abierto de Estados Unidos, al derrotar al local Ben Shelton por 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2, el broche para un 2026 mágico, en el que también levantó Roland Garros. Se sumó al hito que habían logrado Guillermo Vilas en 1977 y Jannik Sinner en 2024, de conseguir sus primeros dos Grand Slams en el mismo año. Zverev, número dos del mundo, necesitó 3 horas y 33 minutos para deshacerse de Shelton, que disputaba su primera final en un “grande” y que se irá de Nueva York como número 4 de la ATP, su mejor ranking.
“Llevábamos 30 años sin ganar un título de Grand Slam y ahora hemos ganado dos en un plazo de tres meses. Creo que Dios ha visto lo duro que trabajamos, cuánto sufrimos y cuánto dolor atravesamos. Creo que 2026 es el resultado de todos los años anteriores”, le dijo Zverev a su equipo durante la ceremonia de premiación.
Shelton cargaba con la responsabilidad de romper con la sequía de Estados Unidos en Nueva York, donde ningún hombre de ese país alza el título desde Andy Roddick en 2003. El último estadounidense en intentarlo, sin éxito, había sido Taylor Fritz en 2024, derrotado por Sinner. Sin embargo, no tuvo ningún reproche. “Este es mi lugar feliz. Este es el lugar donde más me gusta estar y ojalá este torneo no terminara nunca”, aseguró en su discurso como finalista. Zverev se quedó con el primer set por 6-3 con una diferencia mucho más estrecha de la que reflejó el marcador. Apenas ganó dos puntos más que Shelton -27 contra 25-, pero fue implacable cuando aparecieron las oportunidades: aprovechó los dos break points que tuvo, mientras que el estadounidense no dispuso de ninguno. Además, sostuvo su servicio a partir de una enorme eficacia con el primero, con el que ganó 15 de 17 puntos, un contundente 88 por ciento.
El crédito local tuvo más potencia desde el saque, con cuatro aces contra uno, e incluso castigó el segundo servicio de Zverev, que apenas ganó uno de siete puntos por esa vía. Sin embargo, el alemán consiguió poner en juego el 71 por ciento de sus primeros y eso le permitió esconder esa debilidad. Con ocho winners por lado y casi la misma cantidad de errores no forzados -10 contra 11-, el parcial se decidió por la eficacia. Y el germano quedó, además, del lado favorable de una estadística contundente: 30 de los últimos 33 campeones del US Open ganaron el primer set de la final.
Zverev se quedó con un segundo set mucho más cerrado por 7-6 (7-2), apoyado otra vez en una enorme eficacia con su primer servicio. Ganó 24 de los 26 puntos que jugó con el primero, un extraordinario 92 por ciento, y no afrontó ningún break point. Shelton también elevó su nivel con el saque, colocó el 76 por ciento de primeros y ganó el 72 por ciento de esos puntos, lo que explica que ninguno pudiera quebrar y que la definición inevitablemente desembocara en el tie break.
Shelton finalmente encontró la grieta que había buscado durante toda la final y se quedó con el tercer set por 7-5 para estirar la definición. El estadounidense consiguió su primer quiebre del partido en la tercera oportunidad que tuvo y necesitó dos set points para cerrar el parcial. Sus números muestran el salto en su rendimiento: ganó 19 de 21 puntos con el primer saque, un extraordinario 90 por ciento, sumó 14 winners contra 10 de Zverev y cometió sólo 7 errores no forzados.
El triunfo de Shelton activó un recuerdo incómodo para Zverev. En las últimas 33 finales del US Open en las que un jugador ganó los dos primeros sets, 32 terminaron con su victoria. La única excepción fue precisamente el alemán: en 2020 se adelantó 6-2 y 6-4 frente a Dominic Thiem, pero el austríaco protagonizó una remontada histórica y terminó imponiéndose en cinco sets.
Lejos de revivir los fantasmas, Zverev salió a jugar el cuarto parcial con determinación y golpeó desde el arranque. En un primer game maratónico, logró quebrar el saque de su rival. Aunque Shelton terminó poniéndose 1-2, la solidez del germano se mantuvo en todo momento, incluso cuando recibió una advertencia por demorar el saque promediando el set.
La estocada llegó en el séptimo game: Sascha volvió a apretar el acelerador, Shelton dudó y cedió un nuevo quiebre que dejó el marcador 5-2. El alemán no falló y protagonizó una escena final insólita. Porque tras ganar el match point, devolvió la pelota al otro lado de la red esperando continuar el juego. Sí, tardó unos segundos en tomar consciencia de que el partido había terminado y de que, finalmente, era el nuevo rey de Nueva York.
Y cuando llegó el momento del discurso antes de recibir el trofeo, Zverev dio la talla y emocionó a todos. “Quiero agradecer a una persona que nunca mira mis partidos, pero es la más importante en mi carrera y en mi vida en general -introdujo el tema-. “Cuando a tu hijo de 4 años le diagnostican diabetes y los médicos te dicen que su vida y el deporte van a estar sumamente limitados, se necesita una madre muy fuerte para salir de ahí y decir: ‘Mi hijo será lo que él quiera ser. Si quiere ser tenista, será tenista; si quiere hacer otra cosa, la hará, pero esta enfermedad no nos va a definir’”.
Y cerró: “Estoy feliz de que hayamos salido adelante y de estar logrando todo esto ahora. Mi madre es la persona más importante y más fuerte que conozco, porque se necesita una mujer increíblemente fuerte para hacer lo que ella hizo”. Un campeón.
Clarín/Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón