
Hay regresos que son también una forma de volver a mirarse. Blanca Oteyza retorna a la Argentina, país que fue escenario de una parte decisiva de su trayectoria, para ponerse en la piel de otra actriz española que también encontró en estas tierras un territorio de pertenencia, creación y exilio: Margarita Xirgu. En Margarita Xirgu. Una actriz entre dos continentes, dirigida por Javier Demaría, Oteyza recupera la vida de una figura fundamental del teatro del siglo XX, musa de Federico García Lorca, y protagonista de una historia atravesada por el arte, la política, la memoria y el desarraigo.
El encuentro entre ambas actrices no es solamente una coincidencia biográfica. Xirgu llegó a la Argentina en los años ’30, después de haber construido en España una carrera extraordinaria. Con la instauración de la dictadura franquista, decidió exiliarse y adoptó la nacionalidad uruguaya. Oteyza, varias décadas después, hizo un recorrido en sentido inverso: llegó desde España y construyó en la Argentina una parte sustancial de su carrera, con trabajos en teatro, cine y televisión, y especialmente con el fenómeno de El diario de Adán y Eva, que protagonizó durante más de diez años.
En escena, acompañada por el bandoneonista Julio Coviello, Oteyza convierte esa doble pertenencia en materia teatral. No se trata solamente de contar la historia de Xirgu sino también de preguntarse qué significa para una actriz vivir entre dos países, dos culturas y dos memorias. El exilio de aquella mujer que debió abandonar España dialoga así con el regreso de otra que vuelve a la Argentina después de muchos años. Entre ambas aparece el teatro como territorio de encuentro, pero también como una forma de resistencia frente al olvido. La obra comienza su recorrido el viernes 14 a las 20 en el CCK, estará allí el fin de semana y el lunes y luego podrá verse en La Plata, Mar del Plata y Maipú.
Nacida en Madrid, Blanca Oteyza es actriz, directora, productora y docente. Con una extensa trayectoria como actriz, debutó como directora en 2013 con Ensayo abierto. En 2016 dirigió en el teatro madrileño Fernán Gómez la obra Addio del Passato, de Julio Bravo. Dos años después llevó a las tablas Tiza, de Susana Prieto, que en la actualidad sigue en cartel, siendo una de las producciones más exitosas de la cartelera de España. En 2019 estrenó en Madrid la obra Cuidados intensivos, de Yolanda García Serrano y Laura León.
Previamente, vivió varios años en la Argentina, donde debutó en teatro con la obra La gran ilusión, dirigida por David Amitín, a la que le siguió Contando las maneras (de Edward Albee) antes de protagonizar El diario de Adán y Eva, de Mark Twain, en la que fue coautora de la versión y productora. Este montaje marcó un fenómeno en Argentina y posteriormente en España, y estuvo más de diez años en cartel en ambos países. Con él obtuvo numerosos premios, entre ellos Estrella del Mar, Argentores, Alberto Vacarezza, ACE y María Guerrero, entre otros. Durante los años en que vivió en la Argentina, también actuó en películas como El camino de los sueños (de Javier Torre), Blanca (de Pablo Lacroze), El cóndor de oro (de Enrique Muzzio) y El amor y el espanto(de Juan Carlos Desanzo); y participó en ciclos televisivos de ficción como Laberinto, Diario a María, ¡Hola, papi!, Cara bonita, La marca del deseo, Nueve lunas, Sin condena, Cartas de amor en casetes, Luces y sombras, Cuidado con el perro, España Viva, Bienvenidas, Stress Internacional y Tato, en la vereda del sol. También fue actriz, productora y coguionista del exitoso programa radial Cartas que vienen y van.
En 1999 regresó a Madrid, donde protagonizó las obras El perro del hortelano, Gatas, Por el placer de volver a verla, Antes te gustaba la lluvia, Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos, Se vende y Cuidados intensivos, que en la actualidad cosecha gran éxito en la cartelera madrileña.
“El hermetismo que se tiene realmente con respecto a ese personaje”, dice Oteyza acerca de lo que más le atrapó de la obra sobre Margarita Xirgu. “En España, muy poca gente sabe quién es Margarita Xirgu. Pero no es solamente quién es sino siempre se han quedado como en las dos patas de la historia que a Javier Demaría y a mí no nos han interesado, como sus ideas políticas y su orientación sexual. Queríamos rescatar el lado más humano de Margarita, esta mujer independiente, llena de ideas, de fuerza, de hombres en su vida, en un mundo de hombres. Fue de las primeras directoras tan jovencitas que empezó a dirigir y es llamativo que se sepa tan poco. Por ejemplo, fue la primera actriz que después de siglos y siglos actuó en el Teatro de Mérida, en el anfiteatro, que no era teatro. Fue ella quien dijo ‘Yo voy a actuar aquí’. Y eso es lo que me atrajo”, completa Oteyza.
-¿Y qué significa interpretar a una actriz que ya forma parte de la memoria teatral de dos países?
-Significa un punto en común. No quiero compararme, por favor, pero me siento muy identificada porque mi lugar de adopción ha sido la Argentina. Y he podido desarrollarme aquí, he podido aprender tantísimo y profesionalmente. Para mí, la Argentina ha sido siempre mi punto de referencia incluso personal, no solamente por los actores y actrices que tenéis, que es un punto de referencia enorme y muy respetado en todo el mundo.
-Margarita Xirgu estuvo muy vinculada a Federico García Lorca. ¿Cómo aparece Lorca en la obra y qué dimensión tiene esa relación en la construcción de Xirgu como artista?
-Ella lo dice: “Cuando el actor o la actriz dan con su director, con su autor, la proyección es mayor”. Federico García Lorca había ido a verla al teatro cuando él era muy jovencito. Él estaba extraordinariamente sensibilizado por la música, pero luego pasó al teatro y en 1920 le ofreció Mariana Pineda, que en ese momento era un personaje muy controvertido. Ahí se conocieron, la relación siguió y terminó escribiéndole a ella La casa de Bernarda Alba, que se estrenó aquí, en el Teatro Avenida, en 1945.
-El exilio atravesó fuertemente la vida de Xirgu. ¿Cómo se puede llevar al escenario una experiencia tan dolorosa sin convertirla simplemente en una historia de nostalgia?
-Dentro de la obra hay poemas, hay fragmentos de Lorca. Sobre todo nos hemos centrado en el lado más humano de esta niña de 8 años que se dio cuenta de que la actuación era un mundo que se le abría. Ella vino a hacer una gira a Latinoamérica y ya no pudo volver nunca. Le confiscaron todo; o sea, cuando intentó volver, tuvo que desistir porque las críticas hacia su persona eran tremendas. Y luego de que le expropiaran todas sus pertenencias, ya no pudo volver. Siempre lo dijo: “Ha sido un exilio inesperado y absolutamente doloroso”. Pero una de las cosas que a mí me gustan de Margarita Xirgu es la fuerza con la que enfrentó esto. Ella no se quedó bloqueada, ni parada ni nostálgica; no: ella siguió pulsando, actuando, siguió viviendo su vida con sus riesgos y siguió opinando. Y eso es increíble. La obra habla también de una mujer que tuvo que abrirse camino en el mundo teatral dominado por hombres.
-¿Cuánto hay en Xirgu de una mujer adelantada a su época?
-Uf, yo creo que todo. Desde diferentes maridos hasta su relación como amante del torero Joselito “el Gallo”. Lo decimos en la obra: “Estos hombres me han marcado porque me han dejado ser. No solamente no han censurado ni un ápice mis sueños de actriz sino todo lo contrario, lo han acompañado, lo han aumentado, lo han ayudado”. Y creo que esto es justamente una de las cosas de Margarita Xirgu más revolucionarias. No tanto su ideología política, que es en lo que nosotros no queremos entrar. Es que ella ya desde su manera de vivir día a día, desde su relación con los hombres, incluso con las mujeres, con todo ya es una figura de por sí política, pero no de discurso, sino de su manera de vivir. Eso es con lo que nos quedamos.
-¿Qué relación encontrás entre aquella Xirgu de comienzos del siglo XX y las discusiones actuales sobre el lugar de las mujeres en el teatro y en la cultura?
-Todo. Llegamos a donde hemos llegado porque hay un camino por parte de las mujeres y también por parte de hombres que han ido abriendo estos caminos. La mujer joven hoy en día puede vivir como vive, puede expresarse con su cuerpo con todo, con su manera de vivir, con sus reivindicaciones. Esto no nos olvidemos. Hay muchas generaciones de otras mujeres que han ido arriesgando, se han ido jugando, han ido abriendo este camino. Y también otros hombres que les han apoyado en menor medida. Pero no nos creamos que hemos llegado aquí por arte de magia. Esto se lo digo mucho a las chicas jóvenes.
-En escena estás acompañada por un bandoneonista. ¿Qué aporta la música y particularmente el bandoneón a esta historia atravesada por España, la Argentina y el exilio?
-Todo esto nació porque Fabián Carbone, un gran maestro del bandoneón que tenéis allí en España, donde vive -y que además es internacional porque no para de trabajar dentro de Europa-, un día vino a mi estudio en la zona de Malasaña y me dijo: “Blanca, ¿por qué no hacemos algo? Elige algo para yo poder poner el bandoneón”. El bandoneón es un instrumento que me apasiona y en España es absolutamente exótico. Y entonces dije: “¡Pa! Margarita Xirgu”. Tenía desde hace años un libro que me compré cuando empecé los primeros pasos en esto de la actuación. Margarita Xirgu del año ochenta y pico que me lo compré, y ¡toc! de repente me eligió. O sea, estaba ahí en la biblioteca, me eligió. ¡El único libro! Narra íntegramente la vida de ella. Entonces llamé a Javi Demaría, que es de Maipú y le dije: “¿Niño, te apetece este proyecto?”. Ahí tomó forma. El bandoneón es la respiración de la Xirgu. Para mí es como el alma de ella. Pero ahora vamos a hacer una cosa que se le ocurrió a Javi Demaría: en las funciones de Mar del Plata, La Plata y de Maipú, al bandoneón de Julio Coviello lo cambiaremos por una guitarra española, que la tocará Catriel Sánchez. Y no te puedes imaginar lo que me cambia a mí como actriz un instrumento y otro.
-¿Por qué?
-El bandoneón es mucho más nostálgico, más redondo, es como mar. Cuando salgo al escenario y escucho el bandoneón, es como la parte de la Xirgu más del cruzar el océano, más esta cosa nostálgica. Y, de repente, llega la guitarra y empezamos a ensayar con la guitarra y digo: “¡Coño, pero qué fuerte!“, porque es absolutamente lorqueana la guitarra. La guitarra es seca. Es lo que supone para mí interpretando. Digo: “¿Por dónde la tomo?”, porque es mucho más seca, más dramática, más lorqueana, más femenina incluso.
-Hay un paralelismo muy fuerte entre Margarita Xirgu y vos: dos actrices españolas cuya vida artística quedó ligada a la Argentina. ¿En qué momento sentiste que esa coincidencia podía convertirse en el corazón de la obra?
-Todo me parece que ha sido muy coincidente. De hecho, me enteré que la Xirgu padecía de los pulmones, y yo tengo una enfermedad diagnosticada desde el 2009 en mis pulmones. Desde ese momento, desde este cruce, desde este exilio para ella por una necesidad y exilio para mí, lo digo con todo respeto porque son palabras mayores eso de exiliarse obligatoriamente y que no te dejen volver a tu país. Pero yo sí que caí en la Argentina persiguiendo un sueño que tenía que ver con el amor al arte, con la actuación y que no lo encontraba allí, pero aquí lo encontré. Vine persiguiendo eso. Vine persiguiendo esa cosa que necesitaba de niña, de joven. Para realizar mi sueño tuve que volar 12 mil kilómetros, separarme de mi gente y de mi madre a la que amo y amé. Pero pienso lo que debía ser esta gente que venía en esos barcos que, a lo mejor, no volvían a pisar su tierra, viniesen de donde viniesen. Y mi vida es el teatro.
-Protagonizaste durante más de diez años El diario de Adán y Eva, uno de los fenómenos teatrales con el que construíste una relación muy particular con el público. ¿Qué te dejó aquella experiencia después de tanto tiempo?
-Todo. El diario de Adán y Eva, mi vida. Con El diario de Adán y Eva nacieron mis dos hijas, construimos nuestra casa aquí, la construimos allí. Con El diario de Adán y Eva me subía al escenario todas las noches con uno de los grandes actores, como es Miguel Ángel Solá. Formamos un rubro artístico no solamente en teatro, sino en todo. Hicimos pelis, series, hicimos todo. Y a El diario de Adán y Eva lo he hecho embarazada, lo he hecho recién de haber parido a mis hijas. Y sobre todo, el podernos adjudicar con el mismo elenco, el mismo actor y la misma actriz, un millón quinientas mil personas. Y la mayor experiencia es que cada función era frescor. Cada función he aprendido cómo puedes ir cambiando de aire, puedes ir respirando cada vez más por ella. No ha habido una función, como dicen a lo mejor otros colegas “Yo ya me aburro si estoy tanto tiempo”. Todo lo contrario. Me ha permitido el profundizar realmente y encarnar, pero de verdad, a un personaje.
-¿Qué significó participar de un suceso como La casa de papel?
-Aprendí mucho de la nueva tecnología. Aprendí de cómo se estaba rodando con el tipo de cámaras, cómo estaba funcionando la tecnología. Y sobre todo vi a la gente joven con este peso de interpretar y protagonizar La casa de papel, no solamente en el actor o en la actriz, sino cómo sabían de producción, cómo sabían qué hacer con el producto, cómo ellos mismos decían “No, repetimos la secuencia”.
-¿Imaginaban que iba a tener la repercusión y el recorrido internacional que tuvo fuera de España?
-Esto ya lo pillé al final. Esto lo sé por lo que me han contado ellos, pero no, para nada se lo imaginaban. Había una producción invertida en la primera temporada de La casa de papel y luego se fue invirtiendo mucho. Creo que asombró a su propia empresa, fue algo que no se esperaba.
*Funciones: 14, 15, 16 y 17 de Agosto a las 20 en el CCK. Viernes 21 de Agosto Casa Metro, La Plata. Sábado 22 de Agosto: Teatro Auditorium, Mar del Plata. Domingo 23 de Agosto en Sociedad Italiana, Maipú, Buenos Aires.
Oscar Ranzani/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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