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Comienza el 15º Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

Comienza el 15º Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

Sostener una política cultural en la Argentina durante quince años es una proeza. Lo era antes, y lo es más ahora, cuando el Gobierno Nacional decidió que la comunidad artística es uno de los integrantes estelares de la casta. Pero el Festival de Cine Independiente de Cosquín, que soplará las quince velitas entre el 30 de abril y el 3 de mayo, no solo ha logrado sortear esta y otras coyunturas, sino que lo ha hecho conservando su impronta característica: ensayar una suerte de contramirada del cine, concentrándose en su ala más independiente y en aquellas películas de espíritu artesanal y narrativas que se animan a transitar caminos poco frecuentados.

“Cuando llegué a la dirección artística, 2014, el cine cordobés empezaba a sostener una producción constante, la crítica de cine en la provincia existía en revistas, los cineclubes llenaban salas. Llegué en un período resplandeciente, lo que permitió programar sin concesiones y consolidar un perfil que ya en la tercera edición existía en potencia. Miro hacia atrás y constato que hicimos los primeros focos a cineastas como Adirley Queirós, Julian Raldmaier, André Novais Oliveira, Pablo García Canga, Kiro Russo, Martín Farina, John Torres, José Luis Torres Leiva, entre otros. Es decir: intentábamos decir que esos cineastas eran los nuevos cineastas de nuestro tiempo”, dice el director artístico del FICICRoger Koza, cuando mira hacia atrás.

Al mismo tiempo, claro, los problemas económicos, igual que en el país, se volvieron cada vez más importantes. Koza, sin embargo, prefiere evitar la palabra “resistencia” de cara a la 15º edición, lo que no le impide desconocer “la situación desesperante en la que vivimos”. “Quienes viven en Buenos Aires tienen una percepción muy limitada de lo que sucede culturalmente en otras provincias y en otras ciudades “secundarias”. La voluntad es la fuerza principal del psiquismo y puede tener una función política que se traduce de inmediato en praxis: a la falta de dinero se redobla el esfuerzo; somos capaces de hacer cosas con muy poco; los cineastas confían en nosotros y aceptan condiciones no del todo favorables, pero prefieren que sus películas estén en FICIC”, cuenta a Página/12.

La alianza entre el festival con el público y los realizadores se ha sellado a fuego con el correr de los años. Porque el FICIC funciona como una verdadera comunidad que celebra el cine como una experiencia colectiva y privilegia el riesgo estético y la singularidad. Así lo hará con las más de treinta películas, entre cortos y largometrajes, que durante cuatro días se exhibirán en tres espacios especialmente armados para la ocasión, ya que Cosquín, como casi todas las ciudades del país, no tiene salas de cine. En ese sentido, y tal como dice Koza, la idea es que el festival “pueda constituirse como un paréntesis frente a la experiencia homogénea de percepción” que imponen las plataformas, así como también “un sentido distinto en la recepción”. “La experiencia conjunta de ver películas con extraños es un valor intrínseco para el festival. Por eso, como se dice en el editorial de este año, el espectador es el prójimo”.

Cine entre las sierras

La programación orbitará mayormente alrededor de sus tres competencias (Cortos de escuela e Internacional de Largos y de Cortos), apoyadas por una sección destinada al cine local, un par de retrospectivas y, claro, las funciones de apertura y clausura. La primera estará a cargo de Se Eu Fosse Vivo… Vivia, dirigida por el brasileño André Novais Oliveira y centrada en las cinco décadas de vida compartida de una pareja. “Cuando la vi, supe que era ideal para abrir. ¿Cómo podría dejar pasar una película en la que se puede ver el nacimiento de una historia de amor que duraría 50 años? A partir de ese acto azaroso, que persiste en el tiempo por renovada elección, se llega a la edad en que la conciencia de que uno u otro habrá de morir pronto es inevitable. No es entones una sorpresa de que Se Eu Fosse Vivo… Vivia termine siendo una meditación, social e incluso cósmica, sobre la finitud”, justifica el director artístico.

La encargada de bajar el telón oficial será La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, en su primera proyección en su provincia de origen luego de un buen recorrido internacional que incluyó la obtención del Premio Especial del Jurado en el Festival de Valdivia. A través de la historia del sereno de un cineclub que comienza a establecer relaciones con la comunidad que habita el complejo durante las noches, “La noche está marchándose ya glosa lo mejor de la cinefilia cuando ésta no es un sistema cerrado de placeres, sino una forma de pensar el mundo junto con el cine y junto con los otros”, afirma Koza, y agrega: “Es una película tocada por la gracia de la amistad, que nombra al presente por su nombre y le hace frente a la desolación social apoyándose en la memoria del cine como punto de partida para resguardar la fraternidad como un horizonte de lo posible”.

Pero la película de Salinas y Sonzini, que también había formado parte de la muestra marplatense Fuera de campo, no será la única película cordobesa. Por el contrario, operará como el mascarón de proa de un pelotón de producciones locales, la mayoría agrupadas en la sección Planos de Provincia. Un conjunto que “permite verificar la variedad de poéticas y el rigor formal para filmar la memoria, el afecto, la voluntad y la relación de la fotografía con el cine”, según dice Koza, para quien la selección confirma que, “en los últimos 20 años, se erigió en Córdoba una cultura cinematográfica”. Es en este marco que se verán Ángeles, de Paula Markovitch; Los días posibles -Trilogía sobre la ternura, de Rodrigo Guerrero; Pequeños ojos, de Gabriela San Martín; Trópico, de Soledad Mautino; Tulipanes blancos, de Ismael Zgaib, y Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein, que tuvo su estreno en el Festival de Rotterdam y acaba de verse en una de las secciones paralelas del Bafici.

La Competencia Internacional de Largometrajes, por su parte, estará integrada por cinco títulos que, como es habitual en Cosquín, combinan geografías, sensibilidades y búsquedas formales heterogéneas. Uno de ellos es argentino: se trata de Bosque arriba en la montaña, de Sofía Bordenave, que narra, utilizando como disparador el asesinato de Rafael Nahuel en 2017, un viaje por las rutas patagónicas durante el que la realizadora recorre la memoria de familias desintegradas por la Campaña del Desierto. La película de Bordenave se las verá contra la española Aro berria, de Irati Gorostidi Agirretxe; la portuguesa A vida luminosa, de João Rosas; la alemana Conference of the Birds, de Amin Motallebzadeh, y la francesa Fantaisie, de Isabel Pagliai.

A esto se suman dos retrospectivas dedicadas a Hermes Paralluelo y Jerónimo Atehortúa Arteaga. Es probable que el primero resulte familiar, ya que Yatasto fue una de las sensaciones del Bafici de 2011. El realizador, dice Koza, hizo dos películas después –No todo es vigilia (2014) y Las muertes de Chantyorinti (2024)- que “han sido poco vistas y son grandiosas”. “Es muy interesante observar la precisión formal del cineasta y la relación entre el rigor de sus decisiones estéticas y el afecto que transmite por sus personajes”, analiza el programador.

Por su parte, Atehortúa Arteaga, de quien se verán Mudos testigos (2023), Una película (secreta) (2025) y Accidentes de la historia (2023), es, siempre según el director artístico, “uno de los grandes intelectuales colombianos del cine de su generación”. Habla Koza: “Como cineasta, por ahora, ha trabajado con archivos y sobre la cuota de indeterminación que existe en toda imagen. Llegó a hacer una película con el gran Luis Ospina, luego avanzó con otras dos. Ha entrevisto cómo en lo real del archivo siempre reside una potencia de lo ficcional. Las historias que extrae e inventa con archivos ajenos son notables; los usos de los archivos con fines múltiples y creativos define en buena medida el cine del siglo XXI. Hay demasiadas imágenes, y tal vez en ocasiones sea borgeanamente conveniente hacer cosas nuevas con las que ya existen”.

Y hay más, como una nueva edición de Filmoteca en vivo, curada por Fernando Martín Peña junto a Koza, que este año propone un recorrido bajo el signo de la rebeldía con clásicos de Glauber Rocha, Masaki Kobayashi y Giuseppe Ferrara, todos en fílmico. El programa se completa con charlas y conversatorios que abordan problemáticas centrales del campo audiovisual, como la ausencia de una cinemateca nacional o el rol de las escuelas de cine. En ese cruce entre exhibición, reflexión y encuentro, el FICIC se reafirma un espacio donde el cine no solo se ve, sino que también se piensa, se discute y, sobre todo, se comparte.

Ezequiel Boetti/Página 12-Espectáculos

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