Olivier Guez presentó en Buenos Aires a Mesopotamia, su nuevo libro

Olivier Guez presentó en Buenos Aires a Mesopotamia, su nuevo libro

Ninguna mujer desempeñó un papel tan importante en el destino de Medio Oriente. “La madre de Irak”, conocida también como la “reina del desierto”, fue una escritora, aventurera indómita, arqueóloga, políglota y espía que trazó fronteras y participó en los complejos juegos de poder del Imperio Británico. Cuando Olivier Guez descubrió a la británica Gertrude Bell (1868-1926) mientras cubría como periodista la invasión estadounidense a Irak en 2003, el personaje le pareció tan increíble que entonces supo que algún día escribiría una novela con ella como protagonista. En Mesopotamia (Tusquets), el escritor y periodista francés explora la intensa vida de esta mujer victoriana, hija de una familia rica, antifeminista y antisufragista, que estaba convencida de que “regenerar la cuna de la civilización no es una aventura cualquiera”, como le escribió a sus padres.

“La verdad es que somos un gran pueblo -afirmaba Bell en la misma carta a sus padres-. Salvamos de la destrucción a naciones oprimidas, les damos de todo generosamente, mejoramos laboriosamente sus condiciones sanitarias y educamos a sus hijos respetando su fe… Esto es lo que hace la bandera británica. No me preguntes por qué”. En la novela, como en la vida real, aparecen en el camino vital de la protagonista personajes destacados como Thomas Edward Lawrence y un joven Winston Churchill. La estructura, que alterna capítulos que transcurren en distintos momentos históricos, entre 1871 y 1926 en Basora, Persia, Teherán, Damasco y Puerto Saíd, despliega una trama vertiginosa con las luces y sombras de esta funcionaria británica que desempeñó un papel clave en la construcción política de Irak.

El escritor francés estuvo en Buenos Aires para presentar Mesopotamia y acompañó el estreno de la adaptación cinematográfica de La desaparición de Josef Mengele —su anterior novela con la que ganó el Premio Renaudot en 2017–, dirigida por el ruso Kirill Serebrennikov. Esta gira literaria por Argentina incluyó escalas en otras ciudades como Rosario, Córdoba y Mendoza. El colaborador de The New York TimesLe Monde o el Frankfurter Allgmeine Zeitung, entre otros medios internacionales, cuenta que fue un desafío meterse en la cabeza de una mujer victoriana que murió hace casi cien años. “Escribir sobre Bell fue como aplicar el método del Actors Studio para poder entrar al personaje y empezar a entender sus emociones, sus objetivos y el vínculo con su familia”, dice el también guionista de la película El caso Fritz Bauer, que gira en torno al fiscal alemán que persiguió a numerosos nazis.

Imperialismo y olvido

-La figura de Gertrud Bell es muy contradictoria; es una aventurera políglota, alguien de avanzada y a la vez es muy conservadora y muy antifeminista. ¿Estas contradicciones son las que hicieron que su figura fuera olvidada?

-No, no creo, porque son contradicciones para nuestro mundo, pero para la época en que ella vivió no eran contradicciones. Bell creó un país que fue un monstruo geopolítico. El Irak británico de Bell desapareció en 1958 y ese mundo ha sido totalmente olvidado. Bell no escribió un gran libro como Lawrence y no tiene una película como Lawrence de Arabia. Me parece normal que fuera olvidada. Por ejemplo, ¿puedes decirme el apellido de un gran administrador civil del imperio británico?

-No.

-Entonces Bell no fue olvidada porque era una mujer llena de contradicciones. El mundo de Bell ha desaparecido hace mucho tiempo. El imperialismo existe desde siempre, pero cambia; tienes países que son más grandes que otros y los grandes se comen siempre a los pequeños. Esto no es nuevo, no empezó con el imperio británico; tiene que ver con la historia humana.

Estados artificiales

-¿Qué consecuencias tuvo esta creación artificial de Irak para la geopolítica de lo que llamamos Medio Oriente?

-La geopolítica de Medio Oriente después del fin del Imperio Otomano fue siempre un caos porque la región estuvo dominada por un mix de pueblos, religiones, sectas. Todos los estados de la región son más o menos artificiales. En Medio Oriente, los problemas locales son diminutos problemas globales porque el Medio Oriente es el centro del mundo desde hace un siglo, cuando Bell empezó a viajar y a trabajar por allá. Entonces los partidos locales no se podían reservar una cuota de poder porque siempre está el poder de alguien “más gordo”, Francia e Inglaterra, para empezar, pero también Estados Unidos, Rusia, La Unión Soviética, China y un actor nuevo: el Islam político. El caos permanece en Medio Oriente y el origen tiene que ver con el trabajo de los ingleses y los franceses en la región después de la Primera Guerra Mundial.

-¿Cómo fue escribir sobre una figura histórica, una mujer británica?

-He leído mucho para entrar en la psicología de la época de una mujer victoriana como Bell y para entender también la dinámica de personajes superconocidos como Lawrence, como Churchill, también (St John) Philby. Después trabajé la estructura de la novela porque sin una estructura precisa, sin un plan, como en el cine, no podría haberla escrito con el mismo orden en que fue publicada.

-¿Con tu anterior novela, “La desaparición de Josef Mengele”, trabajaste de la misma manera?

-Sí, trabajé de la misma manera, siempre con una estructura sólida antes de empezar a escribir, para no perderme en la historia grande. Yo necesito tener todo el panorama enfrente y bajo control antes de empezar.

El centro del mundo

-En una carta que Bell le escribe a su padre dice: “El proyecto sionista es imposible. Palestina es un país que no se presta a los fines judíos. Es pobre, tiene pocos recursos para desarrollarse, y en él hay una sólida mayoría de dos tercios de población musulmana que desprecia a los judíos”. ¿Qué resonancias encontrás con el presente?

-En la política exterior británica había dos escuelas: los partidarios de los arabistas y los masonistas. En Mesopotamia creo que se puede entender que hay tres centros de decisión: Londres, El Cairo y la India, y los tres tienen una visión geopolítica muy diferente. Bell formaba parte de ese mundo arabista (hay un libro muy interesante de Fred Kaplan, el periodista americano, que describe ese mundo de arabistas en Inglaterra y en América). Bell creía que los árabes nunca iban a aceptar un estado judío en Palestina o en la región. Los conflictos del presente vienen de este tiempo después de la Primera Guerra Mundial porque antes había un tipo de convivencia, pero luego el nacionalismo lo cambió todo y generó dinámicas propias. Medio Oriente tiene un papel enorme en el quilombo permanente de la región; es el centro del mundo y todos quieren controlar el centro del mundo por el comercio, por el petróleo, por la política.

-Hacia el final de la novela, llega el momento de la muerte de Bell. ¿Desplegás la hipótesis del intento de suicidio porque era mejor para la narración?

-No, Bell tenía una enfermedad, pero no sabemos si ella sólo quería dormir y tomó demasiado somníferos, o si quería morir. No tenía razones para vivir; fue imposible para ella volver a Inglaterra, que cambió muchísimo y sentía que no era su país. Entonces estaba un poco perdida. El pequeño imperio que ella formó fue una quimera. Ni los kurdos ni las tribus chiíes quisieron formar parte de él.

“Tiene cerebro de hombre”

Olivier enciende un cigarrillo. El humo dibuja un manto de neblina en la intensidad de sus ojos azules. “Es una mujer muy inteligente, tiene cerebro de hombre”, dicen de Bell en Mesopotamia. No son frases verosímiles imaginadas por Olivier; es material que encontró en los archivos de Bell, disponibles en la Universidad Newcastle, en sus libros y en la correspondencia de esta aventurera infatigable. La mayor Gertrude Bell fue la primera oficial política del ejército de la India; una mujer que sabía sondear el alma de los nativos, que corría de campamento en campamento, como se revela en la novela. Que asistía al interrogatorio de prisioneros y espías, que extraía información, seleccionaba confidentes e intérpretes.

El escritor francés asegura que Bell era “una mujer que siempre buscaba tener más poder” y que ese poder en parte procedía del dinero de su familia. “La relación que tuvo con los hombres fue una catástrofe tras otra”, resume las peripecias sentimentales de esta mujer victoriana incomprendida por sus pares y agrega que con el padre tenía un vínculo de dependencia total y que ella elegía hombres con quienes era difícil mantener una relación. Hizo todo lo posible para no tener una vida amorosa que pudiera funcionar. Para mi es un personaje trágico; toda su trayectoria es increíble. Bell es una extranjera, un personaje que quiere cambiar de identidad, algo que me toca mucho”.

Un escritor europeo

¿Por qué te movilizan los personajes que buscan cambiar de identidad?

-Yo también busqué algo más en mi identidad, no sé por qué… Yo no soy solo un escritor francés porque en primer lugar creo que soy un escritor europeo que escribe en francés. Si cada escritor tiene un territorio, el mío es Europa. Pero también “los hijos de Europa”, por ejemplo la Argentina, sobre la que he escrito mucho. La idea de cambiar de identidad o jugar con la identidad me interesa. La trayectoria de Bell o de Lawrence de Arabia me hacen pensar hasta dónde puedes viajar, cambiar, imaginarte ser otro. Creer en el proyecto europeo no significa que eres europeo. Yo soy europeo porque nací en la ciudad de Estrasburgo, en el centro de Europa, he vivido en Inglaterra, en Bélgica, en Francia, en Alemania y ahora estoy en Italia (en Roma). Entonces mi vida es una vida europea. Yo digo que Europa no existe porque tiene muchos europeos, franceses, alemanes, italianos, que más o menos creen en el proyecto europeo, sobre todo franceses, italianos y alemanes. Yo soy más europeo, pero pertenezco a un país que no existe.

-¿En qué consiste el proyecto europeo?

-Es una cultura, una civilización, como la cultura argentina o la uruguaya, que tiene una historia, un territorio, una mentalidad, valores, crímenes y también idealizaciones increíbles, pero con perspectiva continental. Yo soy como el (Simón) Bolívar de Europa.

“Mesopotamia”, la novela con destino de serie

Mesopotamia será una serie, pero Olivier Guez aclara que el proyecto puede durar unos cinco o seis años hasta que esté disponible en alguna de las plataformas de streaming. El escritor, que hizo coincidir su visita con el estreno de la película La desaparición de Josef Mengele, cuenta que la novela en la que está basado el film se publicó en 2017 y que la película se estrenó ocho años después. Le compraron los derechos y puede participar en las distintas etapas del proyecto de la serie, pero aclara que no quiere escribir el guion. Tiene otros planes importantes: está escribiendo una novela contemporánea, como director de una colección tiene avanzada una antología de cuentos eróticos para la editorial francesa Grasset y en el horizonte próximo tiene en carpeta una película para una galería de arte en París.

Silvina Friera/Página 12-Espectáculos

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