Boca llega con confianza a playoffs. River empató con Vélez

Boca llega con confianza a playoffs. River empató con Vélez

La Bombonera apaga los focos y los celulares de los hinchas parecen luciérnagas. Sobre el césped, no muy un fútbol iluminado, pero el equipo cambió la energía. Todo fluye en Boca. Entonces, si hay claroscuros, también una luz en la jerarquía de sus futbolistas. Sólo tenía que dar en la tecla Paredes. Su córner, una estela en la noche del domingo, encontró el electrizante cabezazo de Ayrton Costa, que demostró categoría en el área propia y ajena, y se destrabó un partido bravo. Cavani, con un penal polémico, le puso el sello a la fiesta de las tribunas.

Justo después de su notable victoria en el Superclásico, confirmó su buen momento, aseguró el primer puesto en la Zona A y llega a los playoffs con la convicción de que puede ser campeón. Tigre plantó bandera, sobre todo en el primer tiempo, pero no pudo lograr el resultado necesario para confirmar su presencia en los octavos de final del Torneo Clausura. Belgrano, Defensa y Justicia y Huracán le pueden arrebatar el sueño.

Úbeda hizo un par de retoques nominales en la formación, uno por obligación, el otro por precaución. Sin Di Lollo, suspendido por acumulación de amarillas, introdujo a Figal. Y como Milton Giménez arrastraba cuatro amonestaciones, ni siquiera lo llevó al banco. No obstante, no eligió un reemplazante natural para el “9”. El técnico sustituyó al centrodelantero con Ander Herrera, un volante de criterio. Eso sí, no modificó el esquema. Siguió a bordo del 4-2-3-1 con el vasco detrás de Miguel Merentiel.

Y en este contexto, Boca no logró imponerse en el área no solo por la ausencia de Giménez, está claro. También, porque Tigre no le dio un centímetro. Le puso un cepo a sus generadores de juego y los obligó a moverse permanentemente. A fin de cuentas, los tres mediocampistas centrales son posicionales. Entonces, la mejor vía ofensiva que encontró el conjunto azul y oro fue a través de Barinaga.

El problema, más allá de los desbordes que intentó el rosarino, fue que no tuvieron éxito en el área. Y lo mejor que produjo Boca fue a partir de algunas sociedades que intentaron sus habilidosos, sobre todo Paredes y Herrera. Palacios también intentó armar. Sin embargo, perdió explosión. Merentiel y Zeballos se contagiaron de ese ritmo lento. Acumularon pases, casi 400 al cabo del primer tiempo, y el único disparo de media distancia fue un tirito del propio Barinaga que detuvo Zenobio.

Tigre no llegó al centenar de toques, pero fue más peligroso que Boca. Mordió, cortó, recuperó y lastimó. Romero y Russo son exigentes para cualquier rival. Y los volantes tienen llegada. Marchesín evitó el gol del Matador. Primero, tapó un tiro libre de Cabrera; después, puso la mano firme para bloquear un zurdazo de López.

En el segundo tiempo, Boca jugó con mayor decisión. Fue más dinámico a partir del crecimiento de Paredes, que tuvo dos situaciones claras. La primera, después de un cambio de frente de Zeballos y un toque de Palacios que dejó al volante campeón del mundo bien posicionado para rematar, pero llegó mal pisado. Más tarde, sacudió de media distancia y Zenobio manoteó con la punta de sus dedos.

Diego Dabove movió en el banco. Como Romero y Cabrera ya no pesaban, mandó a la cancha a Oviedo y a Piñeiro. El paraguayo, corpulento, le ganó a Costa -la única que perdió-, pero Barinaga cerró cuando un puñado de futbolistas de Tigre se relamía ante Marchesín.

Entonces, llegó el gol. Justo después de un remate de Herrera que se perdió en el córner. Lanzó Paredes, Costa anticipó a todos y desactivó cualquier fantasma. Fundamentalmente, la llamativa demora de Úbeda para hacer los cambios. Recién después de que su equipo se puso en ventaja, entró Cavani en lugar de Herrera.

Tigre estaba desencajado y Dabove se jugó una ficha con otro delantero, Brian Martínez. Empujó con centros y Laso estuvo cerca del empate. Pero en el final, Merentiel forzó un penal. Una mano de Cardona que para Herrera fue casual, pero para Espinoza ameritó una revisión. El árbitro se rectificó y Cavani se reencontró con el gol.

Los últimos minutos estuvieron de más. Los hinchas ya estaban extasiados, celebrando el triunfo actual, y recordando el del domingo pasado, contra River, nada menos. Boca recuperó la corriente después de tanta opacidad.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

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River sigue dando pena en la cancha y su crisis futbolística no se detiene. El equipo de Marcelo Gallardo volvió a jugar mal, aunque esta vez no perdió, sino que empató. De todos modos, la igualdad es como una derrota porque necesitaba ganar para tener chances de aspirar a clasificarse a la Copa Libertadores y no lo hizo. Ahora, quedó en zona de Copa Sudamericana y para entrar al máximo torneo continental tiene que salir campeón del Clausura o esperar que lo hagan Rosario Central, Boca o Argentinos para que alguno libere cupo.

Para no depender de otros, River tendrá que ganar el torneo. Aunque hoy eso parezca una quimera. Pero no lo queda otra que sortear los cuatro partidos de los playoffs, a los que ya estaba clasificado antes de jugar, y dar la vuelta olímpica para meterse en la Copa Libertadores. Ahora, ¿cómo hace para lograr un campeonato en este contexto futbolístico? No juega bien, no tiene una idea clara, casi que no patea al arco y los rendimientos individuales son cada vez más bajos.

Vélez tampoco se quedó atrás. Si bien fue levemente superior, el conjunto de Liniers no levanta cabeza y lleva tres partidos sin ganar. Tampoco llega a los playoffs de la mejor manera, aunque en los octavos de final definirá de local.

Vélez y River han protagonizado grandes partidos a lo largo de la historia. Pero lo que el campo de juego del Amalfitani devolvió en la tarde fresca de noviembre es una afrenta a esos encuentros históricos. Y eso que los técnicos son Guillermo Barros Schelotto y Marcelo Gallardo, quienes tuvieron su duelo aparte, pero otrora formadores de grandes equipos, hoy no escapan a la mediocridad y la monotonía del fútbol argentino.

En la primera parte, prácticamente no patearon al arco. Y casi no hubo llegadas de peligro. Una por lado. Lo tuvo Driussi para River, pero se le fue afuera cuando definió por arriba de Marchiori. Casi hace un golazo Maher Carrizo y Armani llegó a arañar la pelota.

Los dos equipos carecieron de ideas. River arrancó con entusiasmo y casi convierte cuando Juanfer dejó a Driussi cara a cara con Marchiori o cuando no terminó bien una contra que inició Casco con una larga corrida, pero se apagó rápidamente. Vélez, por su parte, entró desconcentrado y se acomodó tarde pero cuando lo obstaculizó a River. Eso sí, no se le cayeron ideas en ataque y se repitió en centros de “mierda”, como diría su entrenador.

La responsabilidad no fue solo de los jugadores, claro. Los técnicos también tuvieron la suya. Ante las bajas, Gallardo ordenó un equipo más ofensivo pero el 4-3-3 dejó desconectados a Juanfer y Lencina, dos que podían juntarse a crear. Y en el medio, Enzo Pérez quedó muy solo y lo sintió. El mendocino volvió a jugar tras casi dos meses y le pesó la inactividad. Más de una vez corrió de atrás a los jugadores rivales. Aunque, intentó ordenar con su experiencia y cortó algunos avances. Ahí fue clave también la superioridad numérica que tenía Vélez en el mediocampo.

Vélez buscó por los costados, tiró muchas pelotas al área. En una Portillo, de espalda, impactó con el brazo derecho el balón. Detrás estaba Lanzini, que pareció empujar. Rey Hilfer se sacó la jugada de encima y del VAR no lo llamaron. Tampoco en el posible penal de Rivero a Godoy.

En el segundo tiempo sí hubo una tendencia. Fue el local el que asumió el protagonismo y con más ganas e ímpetu que fútbol, lo metió a River contra su arco. Lanzini corrió mucho pero con la pelota se empecinó en querer hacer la suya. Jugaba un partido aparte. Y, entre algunas jugadas mal terminadas por Vélez y las apariciones de Armani, el arco seguía en cero.

Otra muestra del duro presente que atraviesa el equipo de Gallardo. Apenas un remate de Thiago Acosta, uno de los pibes que ingresó, que sacó Marchiori. Así, River sumó su cuarto partido consecutivo sin ganar y sin hacer goles. Datos que marcan que su crisis futbolística es muy profunda.

Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

OTROS RESULTADOS

Newell´s 0 – Racing 1

Instituto 0 – Talleres 0

Estudiantes 1 – Argentinos 2

Central Córdoba 1 – Banfield 1

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