
“Buenas noches a todos. Las gracias se las tengo que dar yo a tanta gente. Es difícil empezar. Empiezo por los que están aquí. Gracias a este público de Málaga. Me empujaron en los momentos malos siempre a seguir luchando. Me siento un gran afortunado sintiendo tanto cariño alrededor del mundo, pero especialmente aquí en España”. Con esas palabras comenzó su último discurso como tenista Rafael Nadal. Hacía minutos nomás Países Bajos había roto la esperanza de ver a uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos tener al menos un partido más. Pero el 2 a 1 de los neerlandeses ante España en los cuartos de final de la Copa Davis destruyó aquel sueño.
Y siguió Nadal: “Quiero agradecerle a todo el equipo español. Me permitieron cumplir la ilusión que tenía de jugar otra vez la Copa Davis. Di todo lo que tenía. Pero no salió como todos hubiésemos querido. Mis últimos días como profesional los pasé en equipo. Fue un increíble privilegio y un honor. Mil gracias, equipo. Ahora les toca a ustedes. La realidad es que uno nunca quiere llegar a este momento. Mi cuerpo llegó a un momento en que no quiere jugar más al tenis. Me siento un privilegiado de haber tenido una carrera más larga de lo que hubiera imaginado”.
“Quiero agradecerle a toda la industria del deporte. A la ATP, a la ITF… A todos. A todos los que hacen que este deporte esté en la cima del mundo. Y sigue moviendo masas. Los animo a continuar por este camino. Me voy a retirar del tenis, pero espero seguir siendo un gran embajador del tenis. Es lo que intenté toda mi vida. Lo hice desde el respeto y la humildad. Valorando todas las cosas buenas que me fueron pasando. Porque siempre intenté ser buena persona”, sostuvo.
Y completó: “Me voy de este mundo del tenis profesional dejando muchos amigos en el camino. Tengo tanta gente a la que agradecer… Me voy con la tranquilidad de haber dejado un legado. Deportivo y personal. No sería el mismo cariño que siento si no fuera así. Me despido con mi familia. Estuvieron en todos los momentos. No me dejaron caer nunca. El futuro será más fácil de llevar con ellos. Todos los cambios llevan un proceso de adaptación. Y ellos me ayudaron en esos cambios. Me voy con la satisfacción de haberlo dejado todo”. Mientras, todo un estadio coreaba su nombre.
Nadal jugó su último partido. Sin estar la serie definida, sabía de antemano que había sido el final. “Siento que este fue mi último partido individual como profesional”, dijo apenas perdió. “Perdí mi primer partido de Copa Davis y también el último. Así cerramos el ciclo. Porque si yo fuese el capitán no me eligiría para el próximo encuentro. Si ganamos y clasificamos a las semifinales, el camino más fácil sería probablemente elegir a Roberto Bautista en mi lugar. Pero no depende de mí”, había avisado enviándole un mensaje a David Ferrer, el capitán español que se la jugó por él para abrir la serie ante Botic van de Zandschulp en el Palacio de Deportes José María Martín Carpena. El triunfo del dobles de Wesley Koolhof y el propio Van de Zandschulp ante Carlos Alcaraz y Marcel Granollers marcó el adiós. La realidad golpea: Nadal ya no volverá a empuñar una raqueta.
La última función del ganador de 22 Grand Slams, campeón olímpico en single (Beijing 2008) y dobles (Río de Janeiro 2016 junto a su amigo Marc López) y número 1 del mundo durante 209 semanas, fue de una hora y 52 minutos.
A propósito de la Davis, un dato sirve para tomar conciencia de la dimensión de ese jugador que trascendió al tenis. La de ayer fue su primera derrota en single desde su debut en 2004. En aquella ocasión había perdido ante el checo Jiri Novak y dos días más tarde se redimió al ganarle el punto decisivo a Radek Stepanek. En aquel 2004 también venció en la final a Andy Roddick, segundo del ranking mundial en ese momento, y levantó su primera Ensaladera de Plata. Tenía 18 años.
Apenas habían pasado unos minutos de las 17 cuando Nadal apareció en el estadio junto al resto del equipo español y fue recibido por una ensordecedora ovación a la que le agradeció con su mano derecha en alto. El recinto volvió a explotar cuando la voz del estadio pronunció su nombre en el medio de la presentación del equipo.
Un momento muy emocionante se vivió cuando se escuchó el himno español y se lo vio con los ojos húmedos. La transmisión llegó a mostrar incluso el temblor de su mano derecha, seguramente por la emoción.
Esos sentimientos quedaron en el banco cuando saltó a la cancha y en el momento de competir apareció el Nadal intenso y hambriento de victoria. Pero no le alcanzó.
Había sido muy claro el lunes cuando avisó: “No vengo a retirarme; vengo a ayudar a España a ganar la Copa Davis”. El mallorquín había llegado a Málaga a fines de la semana pasada y tuvo varias sesiones de práctica bajo las miradas de su entrenador Carlos Moyá y Ferrer. Se lo vio moviéndose sin problemas y pegándole bien a la pelota, con potencia y precisión. Aunque él mismo reconoció que esos dos aspectos no eran los mayores desafíos.
“Físicamente llego perfecto, sin ningún tipo de problemas, así que estoy pudiendo entrenar con normalidad. A nivel tenístico habrá que ver cada día, no lo sé. Estuve trabajando todo lo duro que pude desde hace un mes y medio. Al no competir muy a menudo es un poco más difícil mantener el nivel deun modo constante. Pero la mejoría está ahí cada día”, contó el ganador de 14 Roland Garros.
Para Nadal fue su primer partido desde su derrota en la segunda ronda del torneo olímpico de París 2024 ante Novak Djokovic, sobre el polvo de ladrillo de Roland Garros. Y el primero en una cancha dura desde el que había perdido en los cuartos de final de Brisbane en enero, frente al australiano Jordan Thompson.
Y hubo que retroceder dos años para encontrar su última aparición oficial en una cancha similar a la malagueña, dura y bajo techo, en el Masters 2022 de Turín, cuando se despidió en el round robin con las derrotas ante Taylor Fritz y Felix Auger Aliassime y una victoria frente a Casper Ruud.
Aunque hace algunas semanas se presentó en la exhibición 6 Kings Slam en Riad, donde perdió con Alcaraz y en el duelo por el tercer punto ante Djokovic, de esa ciudad se fue con una molestia en la zona abdominal de la que ya está completamente recuperado.
Nadal, cuatro veces campeón de la Davis (2004, 2009, 2011 y 2019), volvió a representar a su país en el torneo tras cinco años. Su última serie había sido la final que España le ganó a Canadá en la Caja Mágica madrileña, en la edición que marcó el debut del nuevo formato de la competencia.
Rafael Nadal que se había mantenido emocionado pero entero durante el homenaje que le brindaron en la cancha, rompió en llanto al final cuando David Ferrer se dirigió hacia él. “No me quiero olvidar de lo que es la gente que tuviste a tu alrededor y que hizo posible lo que fuiste a nivel personal y profesional. Te echaremos mucho de menos”, le dijo.
Y no sólo lloró Nadal. También su mujer, sus padres y su hermana. Y el resto.
“Se dijo todo de vos. Fuiste ejemplo como persona y jugador. La mejor educación es el ejemplo y fuiste nuestro ejemplo. Hay personas que son recordadas eternamente y vos serás recordado eternamente”, le dedicó Ferrer. Ambos se fundieron en un intenso abrazo antes de que Nadal le agradeciera a todo un público de pie.
Antes de la emocionante noche andaluza, también había aparecido Roger Federer con una carta dirigida a su amigo. “Me ganaste… mucho. Más que lo que yo logré ganarte”, arrancó el suizo. “Me hiciste trabajar más duro de lo que jamás pensé que podría hacerlo solo para mantenerme firme. Me hiciste reimaginar mi juego”, escribió. “Quiero que sepas que tu viejo amigo siempre te estará animando y que seguirá animándote con la misma fuerza en todo lo que hagas a continuación”, agregó para ponerle el moño a una jornada histórica para el deporte mundial.
Se fue Nadal. Ya es historia. Pero es leyenda. Desde sus triunfos, sus títulos, su gloria. Desde su ejemplo que permanecerá por siempre.
Clarín/Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón