
En el estadio de Vélez Sarsfield y ante unas cuarenta mil personas alucinadas con el rito del rock and roll más argentino que pueda escucharse en estos días, Los Ratones Paranoicos hicieron una escala muy especial de su Última Ceremonia Tour. Un agradecimiento simple, pero sentido a toda esa gente que propulsó su trayectoria durante cuatro décadas.
“Es sólo rock and roll, pero me gusta”. Así decía la letra de It´s Only Rock and Roll, una de las canciones más descriptivas de The Rolling Stones en los años 70. Y sin dudas los (primariamente un quinteto y luego cuarteto) londinenses fueron la gran cantera de donde abrevaron y desde donde construyeron su carrera de cuarenta años .
Durante casi tres horas (sin contar el dudoso chiste de salir a escena una hora después de lo acordado) los Ratones entregaron lo que saben hacer de una manera prolija, sin sorpresas, con algún altibajo desde la mitad del show hasta el final y rindiéndole culto a una música que cada tanto amenaza con desaparecer, pero que siempre encuentra refugio hasta que se pase el aguacero musical de moda.
Con una playlist (más de treinta canciones, ¿número algo excesivo?) que abrió con los clásicos acordes de Isabel, las guitarras Les Paul Custom negras de Sarcófago y de Juanse comenzaron a entreverarse para formar el típico tejido sobre el que se apoya esta música desde que el rock es rock. La batería de Roy Quiroga y el bajo Hoffner de Pablo Memi acompañando milimétricamente el paso de los violeros, más una ajustadísima sección de vientos integrada por el inefable Miguel Tallarita (en trompeta y anteojos del Auto Fantástico), Marcelo Garófalo en saxo barítono y Pablo Fortuna en saxo tenor, el sonido de la banda fue en todo momento impecable e irreprochable.
Otrora un frontman mucho más descontracturado, dicharachero y simpático, a Juanse se lo vio un poco durito sobre el escenario. Tal vez por ese viento frío que sopló durante toda la noche desde el sur. Ataviado con un saco verde de brillos cegadores, cinturón plateado, pantalones chupines y unas tenis blancas, el músico, caminó varias veces la pasarela especialmente montada entre el público, dibujó algunos punteos certeros y elegantes y coronó la noche en cueros trepándose a un bafle como en las viejas épocas de la banda.
Pablo “Sarcófago” Cano luciendo un sobretodo de cuero negro y primorosas botitas blancas , exprimió su guitarra en diversos pasajes del set y regaló sonrisas y su clásica bonhomía. Y toda la música sonando en seguidilla (al estilo Ramones) estableció el parámetro de un festejo esperado por muchos.
Roy Quiroga sostuvo el tempo durante toda la noche cual mecanismo de relojería. Y Pablo Memi dibujó escalas simples, pero muy eficaces, que de eso se trata esta música, construyendo junto a Roy una pared monolítica. No por nada esta gente tiene kilómetros recorridos de shuffle, blues y rock.
Ratones Paranoicos es una de esas bandas que por un lado, y para quien no los haya visto o escuchado antes, pueden hacerte creer que en tres horas de show tocaron el mismo tema descuartizado en treinta partes (algo de eso hay, y precisamente ése es el encanto del cuarteto), pero por otro lado los no conocedores suelen asombrarse de la cantidad de hits que ellos han acuñado a lo largo de su extenso récord. Temas como Vicio, Rock del pedazo, Rock del gato, Cowboy o Sigue girando son la banda sonora de toda una generación que se asomó al rock en su adolescencia gracias a estos tíos.
Eduardo Barone/Especial para Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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