
Carlos Alberto Pairetti, leyenda del automovilismo argentino, falleció en la madrugada de ayer a los 86 años en una clínica de la ciudad bonaerense de Pergamino, afectado por deficiencias respiratorias y cardíacas, según confirmó su hijo Eduardo.
El excampeón de Turismo Carretera, santafesino de origen, permanecía internado hace semanas en Arrecifes, su ciudad adoptiva y desde donde había sido trasladado el domingo hacia Pergamino por una complicación en el cuadro de su salud.
Pairetti tuvo una neumonía bilateral que originó el agravamiento de su estado hace aproximadamente un mes y tiempo atrás había superado un ACV, del que pudo recuperarse al punto de asistir al autódromo Oscar y Juan Gálvez para ver el debut de su nieto Santino, hijo de Eduardo “Tim” Pairetti, en la categoría ALMA, con un Fiat Uno de la Clase 2.
Ilustre integrante de la “Cuna de Campeones” de Arrecifes, Pairetti ingresó en la galería de las grandes personalidades del automovilismo nacional con su recordado título de TC en 1968 a bordo de una coupé Chevrolet inmortalizada como el “Trueno Naranja”.
El Concejo Deliberante de Arrecifes había declarado en 2022 “Ciudadanos Ilustres” a sus hijos dilectos Carlos Alberto Pairetti, Néstor Jesús García Veiga, y los desaparecidos Rubén Luis Di Palma y Carlos Marincovich, conocidos como el “Póker de Ases” por su trascendencia en el mundo motor.
Aquella historia del Trueno Naranja trascendió fronteras. A tal punto que, según la leyenda, hasta inspiró, cuatro décadas después, a otro auto emblemático, aunque con otras características… Según el constructor del Trueno Naranja, Pedro Campo, sospecha que la creación del Rayo McQueen, el auto protagónico en la película Cars de Disney, tiene una particular similitud con el popular auto de Turismo Carretera.
Autos con personalidad, con nombre propio. El Trueno Naranja marcó una época y quedó marcado, tan destacado como su color, en las páginas doradas del automovilismo argentino.
Pairetti fue protagonista de una de las primeras noticias “bomba” del ambiente, cuando de un día para otro decidió cambiar de marca y pasó de Chevrolet a Ford, como si fuera de Boca a River o viceversa, ya que son las dos más representativas del automovilismo nacional Su grado de notoriedad en la época, donde sin redes sociales era difícil de enmarcar, también lo llevó a conocer mucha gente. Así le llegó una oportunidad en 1970, cuando participó de una película haciendo de doble de Sandro, que interpretaba a un piloto.
“Sandro se enganchó mucho, le gustaba la velocidad y hasta llegó a manejar el auto de carrera, un sport prototipo y lo terminó volcando en el Autódromo Oscar Cabalén de Alta Gracia. Me hice muy amigo de Sandro y él me dio tanta manija que me terminé enganchando con la actuación. Fue culpa suya (risas). El director de esa película era Leo Fleider y él me ofreció hacer “Piloto de pruebas”. Allí hacía de mí mismo. También lo doblé a Ricardo Bauleo, quien era mi hermano en el film”, reveló en una de sus últimas entrevistas.
Pairetti nació en Clucellas, el 17 de octubre de 1935, pero se transformó en arrecifeño por adopción. Debutó en el TC en la Vuelta de Pergamino, el 25 de marzo de 1962, y ya en la primera carrera mostró que tenía pasta para mezclarse con los grandes de la época como Juan Gálvez y Dante Emiliozzi, entre otros.
El auto que fue una coupé Chevrolet que pertenecía a Néstor Marincovich, tío de su amigo Carlos, quien también brilló en la categoría más longeva del planeta.
Al año de su debut, le llegó su primer triunfo en La Vuelta de Mar del Plata y también su primer Gran Premio, obtenido en el recorrido Mercedes-Arrecifes.
En 1965, alternó con un Volvo 122 SB y logró el triunfo en Villa Carlos Paz, siendo el primer (y único) del Turismo Carretera de una marca que no fuera Chevrolet, Dodge Ford y Torino. A los 10 días y en el mismo circuito, volvería a tripular su Chevrolet repitiendo la victoria.
Volvo había corrido en 1962 con Rodolfo de Alzaga al volante. Tres años después se demoraba la preparación de su Chevrolet y el concesionario Armando Cattáneo le ofreció ese coche para correr en la tierra cordobesa. «Traje desde Suecia un motor nuevo, pero hace meses que está en la aduana de Ezeiza y no lo puedo sacar” le dijo Cattáneo a Pairetti quien recurrió a sus vínculos y logró sacar el motor. Puesto en funcionamiento, arrasó en Carlos Paz superando a las marcas tradicionales.
En 1967 se adaptó al advenimiento de los evolucionados prototipos del TC. Fue el comienzo del Barracuda Chevrolet que, a juzgar por sus dichos, consistió en el mejor auto que había manejado. Estaba armado con el chasis de una vieja coupé Chrysler, la carrocería del constructor Alain Baudena, y motorizado con un Chevrolet de 230 pulgadas cúbicas.
El avance de IKA con los Torino, que debutaron en 1967, generó un nuevo dominio en la categoría, aunque Pairetti se las ingenió para hacerles frente a sus adversarios y obtener tres triunfos entre 1967 y 1968, lo que significó el inicio de su campaña hacia el título.
Decidido a terminar con el poderío de IKA, se contactó con el constructor Horacio Steven para comenzar la creación de un nuevo prototipo fue así que, el 23 de junio de 1968, el modelo de lo que resultó más tarde el mito del Trueno Naranja.
Con esa máquina, Pairetti se alzaría con 4 triunfos que le fueron suficientes para proclamarse campeón de Turismo Carretera, logrando su objetivo de desbancar a los Torino.
Ese año también incursionó en la Fórmula 1 Mecánica Argentina, en la que consiguió el triunfo en la 500 millas de Rafaela, a bordo de un Destéfano Chevrolet. Estableció un promedio de 217.226 km/h, que por muchos años no fue superado.
En 1970, tras 17 años con Chevrolet, Pairetti se pasó a Ford, decisión fue reprobada por los fanáticos de ambas marcas. Con el óvalo, debutó en la Fórmula B, instaurada para los Sport Prototipo, y al año siguiente fue contratado por el equipo oficial Ford que competía en la llamada Fórmula A.
Un conflicto con el preparador José Miguel Herceg lo impulsó a emigrar hacia la Fórmula 3 Europea y luego intentó sin éxito clasificarse en las 500 millas de Indianápolis. Volvió al TC en 1977 con una coupé Dodge GTX y un Dodge 1500, que condujo hacia una nueva victoria el 26 de marzo de 1978.
La foja de Pairetti arroja el título del TC en 1968, dos Grandes Premios de TC (1963 y 1966), un victoria en las 500 millas de Rafaela (1968) y 22 triunfos en la categoría más popular del automovilismo argentino. Fue uno de los fundadores del Club Argentino de Pilotos. También fue presidente de la ACTC entre 1971-74. Se retiró el 14 de agosto de 1978 a bordo de su coupé Dodge GTX, pero su vínculo con el automovilismo nunca terminó.
Clarín/Deportes
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