
El partido estaba a tono con el clima de la tarde marplatense. Feo, gris, frío. Pero todo cambió en la última media hora. Como si estuviera al mando de un barco pesquero, Marcelo Gallardo subió a sus depredadores para ir a la caza de un tiburón. El técnico mandó a la cancha a Miguel Borja, Pablo Solari y Nicolás De La Cruz a la cancha, y su equipo transformó un aburrido cero a cero en una goleada que le permite seguir recuperándose de los golpes recientes. River trituró a Aldosivi, le ganó 3-0 en Mar del Plata y alimenta su ilusión de pelear por el campeonato.
River tuvo una ráfaga para llevarse los tres puntos. Y esos vientos fuertes llegaron desde el banco de suplentes. Con el colombiano Miguel Borja, que fue una tromba, y con la velocidad y el buen criterio de Pablo Solari para jugar. Ambos entraron muy bien e hicieron crecer lo bueno que estaban haciendo Lucas Beltrán y Agustín Palavecino. También, un histórico como De La Cruz aportó su experiencia para que River mejorara su producción en el tramo decisivo.
Es que hasta que Gallardo hizo los cambios, River estaba jugando un partido discreto. Si bien había tenido chances como para convertir, el equipo empujaba más de lo que jugaba. Le faltaba fútbol y había imprecisiones, que se acentuaban también por el mal estado del campo de juego del José María Minella, que parece cada vez más abandonado. Y también se vio complicado en algunos pasajes del encuentro por su rival.
Aldosivi salió parado con una línea de cinco en defensa preparado para bloquear y resistir ante la evidente diferencia de jerarquía con respecto a River. Pero no se quedó solo con eso el equipo de Somoza y se animó a intentar lastimar al conjunto de Núñez. Sin embargo, no estuvo fino en los últimos metros. No le alcanzó con la siempre imponente presencia de Santiago Silva, a quien Armani le sacó una media vuelta. Y Martín Cauteruccio (jugó su segundo partido en el campeonato) no estuvo en sintonía a pesar de tener dos de las mejores oportunidades con las que contó el Tiburón.
Aldosivi no pudo aprovechar los desfasajes defensivos que tuvo River, sobre todo a partir de un par de errores de David Martínez (en uno de ellos, cabeceó la pelota para atrás y Cauteruccio le erró a la pelota ante la salida de Armani, que se quedó con el balón) y otro
de Emanuel Mammana. Los marcadores centrales tuvieron altibajos, sobre todo el zurdo, ya que Mammana fue de menor a mayor y su rendimiento mejoró.
Mientras tanto, River tenía la pelota pero le costaba abrir a la última línea de Aldosivi. Le costaba entrar. Y ni Simón ni Barco lograban desbordar por afuera. Entonces, empezó a probar desde afuera del área. Así, el equipo de Gallardo tuvo una pequeña ráfaga en los últimos minutos del primer tiempo, con remates de media distancia. Palavecino hizo revolcar a Devecchi y Barco estuvo cerca con un disparo que se fue apenas desviado. Y Silva evitó el gol tras un cabezazo de Zuculini, luego de una pelota parada.
En los primeros minutos del segundo tiempo, empezó a crecer en el juego Beltrán, quien había tenido una primera parte de mucho sacrificio. Tal es así que encaró como un toro para dejar solo a Beltrán pero al ex Independiente le rebotó la pelota en los pies. Y después Devecchi le sacó con los pies un remate a la carrera del cordobés.
Esa situación sucedió a los 22 minutos del segundo tiempo, siete después de que Gallardo haya hecho las tres primeras modificaciones juntas. Y fue una jugada en la que ya se notó que River había cambiado, dado que hubo mejor circulación de pelota y un centro rasante de Solari para Beltrán.
El ingreso del ex Colo-Colo le dio a River más dinámica y profundidad. Los pases de Solari fueron muy punzantes. Y la presencia de Borja le dio un mayor peso específico en el ataque. Gallardo apostó por lo que Marcelo Bielsa nunca se animó a hacer con Batistuta-Crespo en la Selección nacional. El Muñeco armó un doble 9 con el colombiano y Beltrán. Y los goles llegaron.
El primero, a partir de la rápida recuperación tras pérdida, algo que River está tratando de recuperar. Borja presionó, el balón quedó en posesión de Elías Gómez, quien se la dio a De La Cruz y el uruguayo la pinchó al área para que el colombiano la bajara de pecho (enorme gesto técnico) y Palavecino definiera de frente con un puntazo.
En el segundo, Solari habilitó con un pase largo y rasante a Borja y el colombiano, a puro amague y baile dentro del área hizo acordar a Teófilo Gutiérrez antes de cederle el gol a Beltrán, quien entró por el medio y la empujó. Fue una jugada como para dejar en claro que pueden jugar juntos, sin sobreponerse, más allá de sus similares características, ya que son dos toros de área.
Y el tercero lo firmó el propio Borja, quien luego de que Aldosivi sacara del medio salió despedido a presionar y se llevó la pelota luego de que Beltrán trabara con un defensor de Aldosivi. El moreno delantero de Barranquilla se fue mano a mano y definió ante la salida de Devecchi, contra el palo izquierdo. Luego, siguió corriendo pero para irse al corner a hacer su típico bailecito de festejo.
Los tres goles fueron en cuatro minutos. De los 26 a los 30 del segundo tiempo. Y con esa ráfaga River resolvió un partido que se le había presentado difícil, más allá de que su rival navega en la última posición de la tabla. Por sus propias falencias y por los obstáculos que le presentó Aldosivi y el contexto en el que se jugó, con un pasto alto y desmejorado y con una neblina que fue aumentando con el transcurrir del partido.
La llegada de los nuevos refuerzos revitalizaron a River. Quedó claro en Mar del Plata, donde sumó su segundo triunfo consecutivo en el torneo. Y de a poco, buscará que este nuevo proceso de reconstrucción iniciado por Gallardo dé sus frutos.
Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes

Cada triunfo luce como un posible punto de partida para Boca. Como en el comienzo de esta Liga Profesional. O el que logró hace una semana ante Talleres. Pero los tropiezos posteriores hacen reflexionar sobre las verdaderas aspiraciones para este segundo semestre de 2022. Ante Estudiantes no solo se quedó con el triunfo: jugó, se movió, generó y consolidó una victoria que se puede tomar con un punto de inflexión para lo que se viene. Con una Bombonera que volvió a revalidar su condición de apoyo incondicional, con piezas de la mitad de la cancha que levantaron mucho su nivel y con individualidades que expusieron que este Boca, repleto de jerarquía, puede proponerse ser candidato en este torneo.
El primer tiempo mostró una versión mejorada del Boca en slow motion que estuvo en el Bajo Flores ante San Lorenzo y en La Paternal frente a Argentinos Juniors. Movedizos en el ataque, con intensidad en la mitad de la cancha (desde la agresividad de Alan Varela) y también desde la determinación en la búsqueda de ir hacia el arco rival. Fue una primera parte en la que los mediocampistas pisaron el área: Pol Fernández en el gol con una linda definición, Óscar Romero, pese a la decisión de pararlo como extremo, fue volante, con un zurdazo elevado; y Ramírez con una resolución poco clara pero bien cerca de la zona decisiva. Los puntas, en cambio, no eligieron bien: Villa tuvo dos oportunidades de remates claros y los ejecutó débiles. A Vázquez -clave en el centro a Pol para el gol- casi no le quedaron chances en un primer tiempo en el que Estudiantes pudo igualarlo con un golazo de Piatti -fue anulado por un offside previo- y que también inquietó por las facilidades que da Boca en un retroceso que no lo encuentra firme, con las bandas dubitativas y los centrales al límite de infracciones complicadas ante la batalla de siempre con Leandro Díaz.
El segundo tiempo mostró a Boca con un inicio furioso, decidido a llevarse puesto a un rival que no reaccionó nunca. Marcos Rojo ya había avisado dos veces de cabeza antes de los 10 minutos. Pero nadie prestó atención. Y el zurdo, ex Pincha, clavó un golazo al ángulo tras un tiro de esquina. Eso rompió el juego. Pol Fernández se adueñó de todo. Jugó e hizo mover los hilos de un mediocampo que por momentos brilló como hacía tiempo no lo tenía, con Varela con
timing y también con Romero con pisadas y sutilezas clave. De los pies del paraguayo salió un pase delicioso para que Villa, en una buena definición, metiera un golazo. El 3 a 0 pudo ampliarse, porque Boca cada vez que aceleró llegó fácil al arco de Andújar y los de La Plata jamás reaccionaron.
Pero entonces el conjunto de Ibarra se desconectó y padeció, como siempre, la pelota quieta. Desde esa vía, y solo a partir de eso, Estudiantes sintió que pudo meterse en la discusión de un juego que era todo azul y amarillo. El descuento de Morel, con tres cabezazos limpios, dejó en evidencia todo lo que le cuesta a Rossi y compañía defender la pelota quieta. Lollo y Noguera ganaron e incluso pudieron acortar en el resultado un partido que en el trámite nunca tuvo en discusión a Boca.
La decisión de Ibarra de incluir a Molinas, Payero -hizo su estreno en el club-, Zeballos y Orsini fue para reactivar el ritmo de competencia y de energía para no tener sobresaltos innecesarios en el cierre. Y así fue: incluso Zeballos tuvo dos chances claras para cerrar una noche de la Bombonera en la que otra vez no existió ningún Cabildo Abierto ni reproches para un plantel que empezó a tener despedidas -en la jornada del domingo, con permiso del club, Izquierdoz viajó a España para hacerse los estudios médicos en Sporting de Gijón-.
En Estudiantes solo quedó preocupación. Porque sueño y andar repleto de ilusión en la Libertadores (está en cuartos de final y jugará ante Athletico Paranaense) contrastan con una desatención en el ámbito local que lo tiene con un registro de una victoria en las últimas ocho presentaciones, además de ya quedar al margen en la Copa Argentina. En La Boca, solo Rollheiser y Piatti, con pinceladas, dieron la cara. Y los cabezazos de Noguera -terminó lesionado- para un final que se deshilachó con los minutos. Fue un triunfo vital para Boca. Una nueva chance para arrancar.
Matías Bustos Milla/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón