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River derrotó a Gimnasia, Canallada en Rosario y ganó Talleres

Lucas Beltrán le dio la victoria al Millonario que igualó la línea de Boca en el torneo.

La primera semilla de lo que puede ser una nueva reconstrucción la sembró Marcelo Gallardo en la semana. “No hay crisis acá, no la van a encontrar”, había explicado el entrenador en una conferencia de prensa diagramada y convocada por él. El Muñeco Gallardo entendió que debía bajar un mensaje público que penetrara puerlo tas para afuera y también puertas para adentro. Tenía dos maneras el equipo de responderle y la moneda cayó por el lado de la victoria: River le ganó por 1 a 0 a Gimnasia, quedó a siete puntos de los líderes, pero igualó a Boca y se puso a un partido de Racing, elencos con los que se mide -creen en la intimidad del cuerpo técnicoen la carrera por el título.

Por mucho que le moleste a Gallardo, River atraviesa una crisis de identidad que no le permitió desplegarse en todo 2022, año de derrotas dolorosas e inesperadas. Pero, a diferencia de lo que sucede en otras instituciones, lo que no existe en River es el caos. Eso, en gran parte, se debe al propio Gallardo, a las sólidas bases que él sentó y a su manera de transitar los momentos adversos. En ese arte de digerir las duras derrotas también Gallardo es astuto. Por eso renace. Y tal vez haya que resaltar con negrita el triunfo contra Gimnasia en el Monumental.

No jugó bien River y la sensación de que Gallardo haría un par de modificaciones en el entretiempo se esfumó por ese gol con el que se encontró Lucas Beltrán cuando el final parcial estaba cerca. Volvió a no funcionar el River de los volantes, muy a pesar de que tuvo la posesión en más de un 60 por ciento.

Algunas consideraciones. A Nicolás de la Cruz la línea lo limita y ayer se movió como un extremo izquierdo, el sector que suele ocupar Barco. La mejor versión del uruguayo siempre fue más cerca del volante central. A River le costó acelerar en las transiciones de defensa a ataque porque Bruno Zuculini no es un volante central de un buen primer pase. Así se hizo pesado el juego del local y tardó varios segundos por posesión plantarse en el campo rival. Y para cuando hizo, Gimnasia ya estaba bien replegado. El tándem Aliendro-Simón funcionó mejor por la derecha aunque le costó en las terminaciones. Todas esas cuestiones explican en parte la mala actuación del equipo de Núñez en la etapa inicial, en la que sólo logró inquietar con un par de disparos desde afuera y con un cabezazo de Elías Gómez que se chocó con el travesaño.

La versión actual de River es más light: no presiona con voracidad y se planta bien alto en el terreno de juego. Más bien se repliega y es cauto cuando el rival maneja la pelota. Tal vez entiende que no pasa por su mejor momento defensivo.

El primer tiempo se consumió en el toqueteo poco punzante de River con un Gimnasia que se soltó. Ramón Sosa es un extremo interesante: es veloz, encarador e inteligente. El mediocampista por la derecha hizo revolcar a Armani con un cabezazo y con un remate desde afuera.

Ya se lo notaba fastidioso a Gallardo, hablando demasiado con su ayudante Biscay buscando respuestas y pensando en variantes. Todo hasta que Leonardo Morales despejó mal un centro desde la derecha y le dejó la pelota servida a Lucas Beltrán que hizo un gol a lo Julián Alvarez: la mató con su botín derecho y con el mismo definió cruzado y abajo.

En el complemento se desnudaron las realidades: River es un coloso con billetera y Gimnasia hace lo que puede. Para aumentar la ventaja entraron Barco y los refuerzos Miguel Borja y Pablo Solari, por quienes se pagaron millones de dólares. En el equipo platense Gorosito mandó a la cancha a los juveniles de la cantera Domínguez, Chávez y Muro.

Fueron muy buenos los ingresos de Barco y Solari. El extremo que llegó de Colo Colo mostró grandes cualidades (encara, se anima a arriesgar) y no le pesó el debut. El colombiano Borja y estuvo cerca de festejar en dos ocasiones.

Con poquito y sin brillar River regresó al triunfo y se ilusiona con volver a ser el que casi siempre fue, ese equipo que compite, que regala lindas jornadas de fútbol y que está más cerca de las vueltas olímpicas que de las crisis.

Maximiliano Uría/Clarín-Deportes

Alejo Véliz es la cara de la felicidad, tras señalar el tanto de la victoria centralista.

Efectivo, esforzado, con el músculo dispuesto para el sacrificio y más lucha que juego, el Central de Carlos Tevez ganó el clásico, impidió que Newell’s recuperara la punta y desató un carnaval en su propia cancha. Fue uno a cero, una diferencia exigua, a tono con un partido sin estridencias, jugado con la tensión acostumbrada en el duelo más efervescente del fútbol argentino.

Central consiguió la ventaja en un cabezazo de Véliz –un acierto de Tevez al ubicarlo como una torre para pulsear con el poderío aéreo del rival– cuando se apagaba el primer tiempo. Después resistió con orden. Suficiente para merecer la victoria ante un Newell’s inexpresivo, que tuvo un cuarto de hora de dominio en la etapa inicial, pero que terminó desdibujado, sin exigir a Servio en todo el complemento.

El local inició el juego plantado en campo rival, pero a medida que corrían los minutos Newell’s abandonó su posición de espera, empezó a manejar la pelota confluidez y a adelantarse en el campo. El equipo de Sanguinetti era más aplomado, más seguro en los duelos individuales.

Pablo Pérez, paciente, cerebral, era la llave para prevalecer con una receta tan antigua como el fútbol: mostrarse para recibir, pensar para descargar. Fue un cuarto de hora en el que Central parecía tambalear. El juego rápido y directo de Sordo por la banda izquierda ponía en apuros a Cortez. Y todo el andamiaje defensivo local Tevez entraba en conflicto.

A los 14 Sordo desbordó por su costado, tiró un centro que García no llegó a empujar y que Servio alcanzó a desviar. Pérez estrelló su remate contra el palo izquierdo.

Siete minutos después, aprovechando el momento de confusión que vivía Central, Mendez jugó un lateral rápido y García apareció solo en el área para rematar cruzado.

Tevez advirtió los problemas que exhibía su equipo. Con el ingreso de Infantino por el lesionado Buonanote, rompió el esquema inicial –los dos iniciaron con tres en el fondo, a los que se incorporaban– y se inclinó por las dos líneas de cuatro.

Ese reacomodamiento fue vital. Ordenó a Central y frenó el ímpetu de Newell’s. De hecho, el local encontró sus primeras acciones de riesgo. A los 27’ Infantino no llegó a empujar al gol un centro de Blanco por un cruce salvador de Pérez.

Y cuando el primer tiempo parecía morir en cero, un tiro libre desde la derecha encontró la cabeza de Véliz –le ganó a Lema– para vencer a Herrera, de floja respuesta.

Central encontraba una ventaja que hasta minutos antes parecía impensada, pero le sacaba rédito a su efectividad, de invaluable valor en un juego que se presumía equilibrado, con tendencia a los cuidados y a la precaución.

Con el envión de esa conquista, Central pudo liquidar el juego cuando amanecía el complemento. Se jugaba un minuto cuando Véliz quedó cara a cara con Herrera y definió mal.

Central decidió replegarse y ceder la pelota y Newell’s respondió con un toqueteo intrascendente. A los 32 arrimó con un cabezazo de Frías–, el reloj, la desesperación y los cambios propuestos por Sanguinetti terminaron por desdibujar la imagen de un desesperado Newell’s.

Intrascendente en su juego, apenas generó una acción con algo de riesgo: un tiro libre de Sordo que Dita definió con un disparo desviado.

Nada más. Central se aferró al triunfo que construyó con el gol de Véliz, la prolijidad de Tanlongo para manejar todo en el medio, el juego de Infantino y el sacrificio del resto.

Corresponsalía Clarín

TALLERES SUPERÓ A BANFIELD

Al final se le dio a Talleres. Ante un inexpresivo Banfield quebró la racha de siete partidos sin ganar. Fue por 1 a 0 apenas, pero fue justo para quedarse con los tres puntos. Sufrió más de la cuenta porque no lo cerró y la visita, que hizo muy poco, pudo empatarlo en una de las acciones finales.

De arranque Federico Girotti se convirtió en el mejor. En el inicio Cambeses le ahogó el grito. Diego Valoyes aprovechó 10 minutos más tarde cuando tomó la pelota que le devolvió el palo y se la cruzó al arquero. Apenas eso fulminó a Banfield, que luego intentó presionar en el campo rival.

Talleres se mostró en una buena forma. Con la cabeza puesta en Vélez en el choque por la Copa Libertadores reapareció Valoyes, quien además del gol estuvo rápido, punzante y, principalmente, efectivo.

El suspenso lo dio el VAR: durante cuatro minutos se evaluó la posición de Girotti, que en una baldosa se sacó a tres rivales de encima -Coronel, Gissi y Cambeses- y definió. Estuvo adelantado para el ojo tecnológico.

Talleres dominó, no lo cerró y por eso sufrió. Sobre ese eje deberá entrenar para seguir con vida en la Copa.

Corresponsalía Clarín

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