
A los 101 años, ayer murió la actriz Hilda Bernard, que con una trayectoria de más de siete décadas se destacó en cine, teatro, televisión y radio.
“Con gran dolor despedimos a la actriz Hilda Bernard, una de las más importantes referentes de la actuación de nuestro país” escribieron desde la Asociación Argentina de Actores al comunicar la noticia. En la publicación, destacaron que Bernard era la afiliada más longeva de la entidad, inscripta en 1942 bajo el número 26.
En su vasto recorrido por la televisión se destacó en programas emblemáticos como El amor tiene cara de mujer, Rosa… de lejos, La extraña dama, Cosecharás tu siembra, Pobre Clara, Chiquititas o Floricienta.
En cine trabajó en películas como Mala gente, Cuerpos perdidos, Vení conmigo, Autocine Mon Amour, El reclamo, Cama adentro, Rebelde Way o La sombra de Jennifer, entre otras. Había nacido el 29 de octubre de 1920 en Puerto Deseado, Santa Cruz. Su padre era inglés, gerente del Banco Nación santacruceño; su madre, auscar tríaca. A los 17 años, ella se les plantó a ambos para comunicarles que abandonaría el secundario con “la misión” de estudiar en el Conservatorio de Arte Dramático.
Ya estudiante de teatro, se anotó en un concurso y ganó un papel en el teatro Cervantes. La leyenda que nunca se cansó de repetir era que en el programa de mano la anunciaron como Sarah Bernard, casi como la actriz parisina Sarah Bernhardt.
“Fue un escándalo. Cayó un crítico diciendo que yo era una atrevida, que me comparaba. El señor escribió algo horrible en el diario y lo perseguí con el documento de identidad para demostrarle que yo era Hilda Sara Bernard”, recordó la actriz junto a Clarín en octubre de 2020, cuando estaba festejando sus 100 años.
Pero en los comienzos de su carrera también brilló en radioteatro, en ciclos de Radio El Mundo y Radio Splendid. En aquella charla aseguró que en radio le había puesto la voz “a una novela por mes, durante 16 años”. Algún admirador todavía la saludaba al grito de “mamarrachito mío”, como le decía por aquel tiempo OsCasco, su galán invisible.
“Los besos en radio se daban en la mano, con el puño cerrado. Yo nunca supe dar besos”, se reía. “Los ruidos de los caballos se hacían en un cajoncito con piedras. Con la autora Nené Cascallar hacíamos el radioteatro de noche en la ventana de Radio Splendid que daba a un jardín. Ella decía que así se escuchaba mejor el ruido de la noche. Y en las escenas de amor nos mandaba a acostar en sillas para que la voz subiera”.
A su prolongada vida no le faltaron golpes. Cuando llevaba un embarazo de ocho meses descubrió que su marido, locutor, la engañaba, y lo abandonó. Decidió criar sola a su hija. Volvió a encontrar el amor con Jorge Gonçálvez, productor y director, y enviudó tras 25 años de matrimonio.
Hace ocho años había sufrido un ACV, del que salió “con las cuerdas algo achicadas”. Eso no fue impedimento para que en la gala de los Martín Fierro 2015 gritara ante el auditorio: “Me había propuesto trabajar hasta los 100. Pienso volver”. Meses atrás, también se sobrepuso al Covid-19.
Las nuevas generaciones la conocieron como “la mala más buena”, la señora agria de Chiquititas y Floricienta. Por su “poder de bruja” la llamaban los chicos enojados y le dejaban mensajes en el contestador. “Me fui con el casete a la comisaría para que escucharan las barbaridades. No vivía en paz”, se indignaba.
Ya no hay confusión. Los niños de entonces hoy la atesoran, junto a Chiquititas, como un hito en su infancia. Se cumplió su deseo: “Quiero que me recuerden buena. Era un juego”.
La fama es que la gente te diga ahora ‘qué linda está’ cuando eso es mentira. Hace mucho que soy vieja”.
Hice cosas limpias. La verdad es que no sé si hice cosas por la cultura. Pero di amor”.
Tengo cara de mala pero no lo soy. Quiero que me recuerden buena. A la mala de la televisión no tienen que creérsela”.
Clarín/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón