
El creador de Terapia sin filtro (cuya tercera temporada se acaba de estrenar por Apple TV+) aún sigue obsesionado con M.A.S.H.. Tal como Bill Lawrence le dijera a este diario, “aquel era un programa sobre un grupo de médicos en la guerra de Corea, se moría un montón de gente y era lo más gracioso del planeta”. Hay algo de ese sentido catártico que también se percibe en su último aporte a la comedia agridulce sobre un terapeuta, viudo y padre que se dejó estar. En realidad, en estos once episodios, Jimmy Laird (Jason Segel), además de mantener su terapia de shock con sus pacientes, comienza a mostrar algunos signos de que “la felicidad, tal vez, no sea esa cosa imposible”.
La candidez y luminosidad del tono, los golpes emocionales por arriba del cinturón, la música como un elemento clave de la puesta en escena, los diálogos justos y un elenco compacto, son parte del viaje en los que recala tanto esta propuesta como en el mayor suceso firmado por Lawrence (hacedor de sucesos como Scrubs y Ted Lasso.) De todos los sujetos que pululan en este relato, quien más se destaca es Paul Rhoades (Harrison Ford). Huraño y gran tiempista discursivo, es el responsable de ponerle los puntos al protagonista y la sigue peleando contra el mal de Parkinson. No por nada, fue en este vehículo de humor kintsugi el elegido por Michael J. Fox para volver a la actuación.
Federico Lisica/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón