
Ya el año pasado, el Festival de Cannes –cuya edición número 79 comienza este martes 12 y se extenderá hasta la noche del sábado 24 de mayo- tuvo que superar sus propias expectativas, que siempre son altas, y lo consiguió. Películas como Fue solo un accidente, de Jafar Panahi, Valor sentimental, de Joachim Trier, y El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho, no solamente se llevaron los premios principales del certamen. También lograron –junto con otras tantas que pasaron por la Croisette- hacerse un excelente lugar en el mercado global, en parte gracias a que luego fueron revalidadas por el Oscar de Hollywood. Es tal la influencia de Cannes –tanto en la industria como en la prensa acreditada- que se podría llegar a afirmar que buena parte de la suerte del cine off-Hollywood de los próximos doce meses está en juego en los próximos doce días.
El director artístico, Thierry Frémaux, ya lleva un cuarto de siglo al frente del festival y sabe lo que busca: “La tendencia son las películas de autor que gustan al público. Películas de autores con repartos de renombre”, le dijo hace pocos días a la publicación especializada Screen International. Ese recorte parece extremadamente delgado: es casi tan difícil como que un camello pase por el ojo de una aguja. Pero en los últimos años, Cannes lo ha venido logrando, incluso con películas que no tenían elencos famosos, como fue el caso de la coreana Parasite o la estadounidense Anora, ambas ganadoras de la codiciada Palma de Oro, el premio principal del certamen.
¿Y qué cineastas aspiran este año a semejante recompensa? En principio, los nombres de los “auteurs” –un término acuñado por la crítica francesa hace casi tantos años como los que tiene el festival- no son tan reconocidos internacionalmente como los de años anteriores. Pero esa en todo caso es una de las misiones primordiales de Cannes: darlos a conocer, poner sus nombres y sus films en el mapa. O reinstalarlos, como es el caso del polaco Pawel Pawlikowski, premio a la mejor dirección aquí en Cannes por su estupenda Cold War (2018) y que ahora regresa al concurso oficial con Fatherland, uno de los títulos más esperados del festival, no solamente por la calidad del director (recordemos: también fue el autor, en 2014, de la notable Ida) sino también por la ambición de su tema: el reencuentro del escritor Thomas Mann y de su hija Erika con la devastada Alemania de posguerra, después del exilio de ambos en los Estados Unidos. Que esos personajes estén a cargo de intérpretes del calibre de Hans Zischler y Sandra Hüller (la actriz de Zona de interés y Anatomía de una caída, ambas consagradas aquí en Cannes, y reciente ganadora del premio a la mejor interpretación en la Berlinale de febrero pasado, por su protagónico absoluto en Rose), le aporta a Fatherland un interés adicional.
También vienen a revalidarse a Cannes otros directores de trayectoria, pero todavía lejanos para el gran público, como es el caso del rumano Cristian Mungiu (ganador de la Palma de Oro 2007 por 4 meses, 3 semanas, 2 días), el estadounidense James Gray, los japoneses Hirokazu Kore-eda y Ryusuke Hamaguchi, el ruso Andrei Zvyagintsev y el iraní Asghar Farhadi, radicado hace ya bastante tiempo en Francia.
Justamente Farhadi –Oso de Oro de la Berlinale y Oscar al mejor film extranjero por La separación (2012)– fue quien alertó desde París sobre las consecuencias que están teniendo para el cine de su país los bombardeos estadounidenses e israelíes. En una carta pública, instó a los cineastas de todo el mundo a posicionarse en contra de la destrucción de infraestructuras civiles en Irán, y pidió a “los artistas y cineastas de todo el mundo que alcen la voz en estos días y horas críticos, de cualquier forma posible, para detener la agresión destructiva” de los bombardeos estadounidenses e israelíes, que han provocado “no solo la destrucción de edificios, sino un ataque contra la vida y la dignidad humanas”.
Todo indica que, de aquí en adelante, se va a sentir fuerte la ausencia del cine iraní. Según el periodista cinematográfico Mansour Jahani, residente en Teherán, los ataques aéreos han afectado a casi todas las infraestructuras de la industria iraní. La sede de la Casa del Cine de Irán, la mayor agrupación independiente de la industria cinematográfica del país, fue alcanzada y quedó parcialmente destruida. El histórico cine Shokoufeh de Teherán fue alcanzado dos veces y sigue cerrado. Y la casa del director iraní Abbas Kiarostami (El sabor de la cereza, Copia certificada), convertida en museo después de su muerte, también sufrió daños en los ataques aéreos, junto con centros de formación, instalaciones de documentales y oficinas cinematográficas de todo el país. Más allá del cine, Jahani señala el impacto que la guerra en curso tiene sobre la población iraní: “Las viviendas de varios actores y cineastas, así como más de 90 mil viviendas de ciudadanos civiles, también fueron blanco de los ataques y sufrieron daños”, afirma.
Otras cinematografías, en cambio, parecen revivir, como la japonesa, que este año tiene tres films en la competencia oficial y otros tantos en las secciones paralelas. O la española, que si el año pasado logró colocar dos films en concurso (Sirat, Romería), este año consiguió incluir el récord de tres, empezando por el nuevo Almodóvar (Amarga Navidad, protagonizado por Leonardo Sbaraglia) y siguiendo por los nuevos títulos de Rodrigo Sorogoyen (El ser querido, con Javier Bardem) y de “Los Javis” como se conoce popularmente al dueto integrado por Javier Ambrossi y Javier Calvo, que traen una comedia queer inspirada en una obra inconclusa de Federico García Lorca, con Penélope Cruz al frente de un numeroso elenco. “Tenemos el privilegio de contar con tres generaciones de cineastas españoles de primer nivel”, señaló Frémaux en la conferencia de prensa previa al inicio del festival.
Desfinanciado y vituperado públicamente por su propio gobierno, el cine argentino en cambio tendrá apenas una presencia simbólica, pero no por ello menos significativa. En la sección oficial no competitiva Cannes Première, el film de apertura será el documental El partido, codirigido por Juan Cabral y Santiago Franco, que revive el encuentro entre las selecciones de Argentina e Inglaterra en 1986, escenario de dos de los goles más recordados en la historia de los mundiales, a cargo de Diego Armando Maradona. Según la información difundida por la plataforma Disney+, que adquirió los derechos de difusión mundial del film, producido por Flora Fernández Marengo, la película tiene “una duración de 91 minutos -igual que el partido de 1986- y reúne por primera vez a jugadores de ambos equipos para reconstruir no solo el partido, sino los sucesos históricos que se pusieron en marcha siglos antes”. El documental, basado en el libro homónimo del periodista Andrés Burgo, publicado por Tusquets, llegará a las salas argentinas en menos de dos semanas, anticipándose al 40 aniversario del famoso partido y a la fiebre del Mundial de fútbol.
A su vez, en Cannes Classics estará –a 70 años de su proyección en el festival- La casa del ángel (1957), uno de los títulos más representativos de Leopoldo Torre Nilsson, basado en la novela homónima de Beatriz Guido, con Elsa Daniel y Lautaro Murúa como protagonistas. Se presentará una restauración en 4K coordinada por Fernando Madedo y supervisada por Luis Alberto Scalella, a partir del negativo original en blanco y negro de 35mm conservado en el archivo de Argentina Sono Film, productora del film.
Por su parte, en competencia por la Palma de Oro al mejor cortometraje estará el director argentino Federico Luis, pero con un film íntegramente rodado y producido en México, con apoyo de la legendaria productora francesa Sylvie Pialat. Se titula Para los contrincantes y puede esperarse lo mejor, considerando que la película anterior de Federico Luis, el largometraje argentino Simón de la montaña (2024), ganó aquí en Cannes el Gran Premio de la Semana de la Crítica.
Y hablando de secciones paralelas, Lisandro Alonso vuelve a la muy prestigiosa Quincena de los Cineastas con La libertad doble, una suerte de secuela de su opera prima La libertad (2000), presentada aquí en Cannes hace un cuarto de siglo. El director de Los muertos, Jauja y Eureka, que ha estrenado todas y cada una de sus películas en distintas secciones del festival, regresa al universo del hachero Misael Saavedra y lo vuelve a encontrar en el monte pampeano, haciendo sus tareas de siempre, pero ahora enfrentado a un problema familiar derivado de las difíciles condiciones de vida en la Argentina de hoy.
Es significativo que la Quincena de los Cineastas albergue en esta edición a varios cineastas consagrados, como Alonso, que quizá tienen propuestas demasiado radicales para la versión “audience-friendly” del festival oficial. Es el caso del francés Bruno Dumont, uno de los grandes nombres el cine mundial, premiado en competencia con algunos de los máximos honores (La humanidad ganó en 1999 el Grand Prix du Jury) y que ahora con Les Roches rouges vuelve a la Quinzaine, donde comenzó en 1997 con La vida de Jesús, premiada con la Cámara de Oro a la mejor opera prima.
Otros cineastas de mucho peso que estarán en la Quincena son el ruso Kantemir Balagov (34 años), un discípulo de Andrei Sokurov, que trae su tercer largometraje, titulado Butterfly Jam; el venerable francés Alain Cavalier que llega con uno de sus habituales diarios filmados, Merci d’être venu; y el extraordinario cineasta rumano Radu Jude, que viene con una nueva versión de Diario de una camarera, la novela de Octave Mirbeau que ya había sido adaptada antes por Jean Renoir y Luis Buñuel, nada menos. Habrá que correr entonces entre el Palais des Festivals y el Théâtre Croisette de la Quinzaine para intentar ver todo lo que Cannes 2026 tiene de bueno. Que a priori es mucho, cuando el tiempo siempre, inexorablemente, es poco.
Las que compiten por la Palma
El jurado presidido por el director surcoreano Park Chan-wook e integrado, entre otros, por la actriz estadounidense Demi Moore y por el actor sueco Stellan Skarsgard, deberá discernir la Palma de Oro entre los siguientes 22 films:
- Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar
- Minotaur, de Andrey Zvyagintsev
- El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen
- The Man I Love, de Ira Sachs
- Fatherland, de Pawel Pawlikowski
- Paper Tiger, de James Gray
- Moulin, de László Nemes
- Histoire de la nuit, de Léa Mysius
- Fjord, de Cristian Mungiu
- Notre salut, de Emmanuel Marre
- Gentle Monster, de Marie Kreutzer
- Nagi Notes, de Kôji Fukada
- Hope, de Na Hong-Jin
- Sheep in the Box, de Hirokazu Kore-eda
- Garance, de Jeanne Herry
- The Unknown, de Arthur Harrari
- All of a Sudden, de Ryûsuke Hamaguchi
- The Dreamed Adventure, de Valeska Grisebach
- Coward, de Lukas Dhont
- La bola negra, de Javier Ambrossi y Javier Calvo
- A Woman’s Life, de Charline Bourgeois-Taquet
- Parallel Tales, de Asghar Farhadi
Luciano Monteagudo/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón