
La solución estaba en el banco. En un duelo que bien podrá analizarse como una partida de ajedrez, Estudiantes ratificó su liderazgo en la zona B al superar 2-1 a su escolta Tigre y asegurar virtualmente su clasificación a los cuartos de final. Sacó nueve puntos, cuando restan por jugar la misma cantidad en esta primera fase.
Su público se lo reconoce, por eso llena la cancha en cada partido, festeja las recuperaciones y las presiones como un gol por más que la pelota se vaya afuera, y está encolumnado detrás de una idea, por más que a veces tenga que sufrir. Sabe que no todos los encuentros serán como las goleadas contra Vélez, Central Córdoba de Santiago del Estero o la última sobre Barracas Central.
Después de repartirse el tiempo de dominio en el campo de juego, pero sin poder concretar las chances que tuvieron en los primeros 73 minutos, fue Ricardo Zielinski el que otra vez destrabó la historia con sus cambios.
A los 60 minutos, el Ruso mandó a la cancha a Franco Zapiola y Mauro Boselli. ¿Quiénes hicieron los goles? Zapiola -con un desvío fundamental que descolocó al arquero Marinelli- y Boselli, para refrendar su vigencia al convertirse en el máximo goleador del torneo, con nueve tantos.
El Pincha atraviesa un momento soñado, que se extiende también a la Copa Libertadores, donde pasó la fase clasificatoria y está invicto en el grupo C , que se explica también con esta victoria sobre Tigre, un rival que supo encontrarle la vuelta y generarle más de un dolor de cabeza.
Ayer tenía enfrente a su escolta, que después de pasar el sofocón del primer cuarto del partido, donde Estudiantes dominó con rápida recuperación y una altura alta de su defensa, se le plantó de igual a igual pero se fue con las manos vacías.
Es verdad que Gonzalo Marinelli tuvo bastante trabajo, se revolcó para mantener el cero en el arco de los de Victoria, que tambaleó en tres oportunidades en esa primera mitad: el derechazo de Leandro Díaz que rechazó el arquero de entrada; el lateral centro de Godoy que cabeceó Noguera en el punEnseguida, to penal; y la guapeada de Valdez que el Tucu no pudo conectar dentro del área chica.
En el banco de Tigre, Diego Martínez se desesperaba para tratar de reajustar una estrategia que no le daba resultado. Movió a Alexis Castro unos metros más adelante para no dejar tan solo a Pablo Magnin en la primera línea, porque Estudiantes se floreaba en el medio y desplegaba sus alas, principalmente por el lado derecho de su ataque. Ese cambio fue el primer jaque para Zielinski.
Tigre, que apenas había llegado con un remate mordido y bloqueado de Magnin en la etapa inicial, creció en el segundo tiempo. Le sacó la pelota y empezó a exigir cada vez más a Andújar.
Fue Sebastián Prediger el que llevó -como casi siempre- el timón dentro de la cancha. El espigado mediocampista es el termómetro del Matador y cuando empezó a encontrar los espacios detrás de Jorge Rodríguez, Tigre hizo los méritos necesarios para adelantarse en el marcador.
Supo cuándo lateralizar y cuándo profundizar para llevar a la desesperación a un Estudiantes al que pocos rivales pudieron hacerle frente en lo que va de la temporada. Colidio se lamentará toda la semana esa volea desde dentro del área que pasó rozando el palo izquierdo de Andújar.
Prediger tuvo tiempo para poner la pelota al espacio para Protti, que quedó cara a cara con Andújar, quien rozó con lo justo un balón que se metía en su arco.
Era el mejor momento de Tigre, pero Zielinski ya había hecho su movimiento de jaque mate para golpear en el momento justo.
El descuento del Matador le puso un poco de dramatismo al desenlace pero no le alcanzó.
Estudiantes no para. Se dará el gusto de administrar esfuerzos y centrarse en la Libertadores, mientras certifica el primer puesto de la zona B, que le permitirá tener la localía en cuartos de final.
Diego Provenzano/Clarín-Deportes

La crisis institucional que arrastra a San Lorenzo al abismo tiene directa influencia en el aspecto deportivo. Pedro Troglio se corporizó en otro técnico devorado por un combo de malas decisiones y resultados negativos. Y Fernando Berón asumió como piloto en el medio de la tormenta. Pareció reaccionar ante Platense, pero de un triunfo cómodo (2 a 0) pasó a un empate que generó más bronca en la gente. Necesitaba el equipo, entonces, un triunfo reparador. Y lo consiguió en Santa Fe, nada menos.
Lo logró con una defensa que no perdió el orden hasta el final, cuando Unión pudo descontar en su único tiro al arco, y la fórmula de la pelota parada. Ezequiel Cerutti y Federico Gattoni coincidieron en los dos goles. Y San Lorenzo tomó algo de aire en el medio de la debacle.
Berón entendió que la mejor manera de encarar el duelo en el estadio 15 de abril era a través de dos bloques, bien apretados, y un cambio de esquema. Por eso aplicó un 5-3-2 en el que los laterales denunciaron la postura. Porque Agustín Giay y Nicolás Fernández Mercau casi no pasaron al ataque. San Lorenzo cedió la tenencia, esperó e intentó buscar la réplica demoledora.
Y si ese era el plan elegido, mucho más lo fue después del primer gol. Llegó el tiro de esquina de Cerutti y una magnífica tijera de Gattoni. Encontró alguna facilidad para rematar el zaguero central. Santiago Mele fue un espectador de lujo. La pelota se clavó en un rincón de su arco.
A partir de ese momento, Unión intentó volcar el juego con su intensidad habitual, aprovechando los costados con Imanol Machuca por la derecha y Gastón González por la izquierda, a veces liberando el carril para Claudio Corvalán.
Sin embargo, le faltó explosión. Suele tener volantes dinámicos y disruptivos el conjunto santafesino. No obstante, no pudo vulnerar la última línea azulgrana. Y se debatió en centros que poco inquietaron a Sebastián Torrico.
La pregunta, entonces, pasa por las responsabilidades. ¿Hay mérito de San Lorenzo en su disposición táctica o incapacidad ofensiva de Unión? Es más fácil defender, está claro. Pero también, se requiere mucha concentración. Y los jugadores visitantes, a excepción de esa laguna del epílogo, estuvieron impecables en ese ítem.
Los santafesinos, en cambio, no tuvieron ingenio. Les faltó velocidad y precisión para triangular. Y tampoco fueron finos.
El primer tiempo resultó tedioso, más allá del golazo de Gattoni. Ideal para dormir la siesta, justo en el horario indicado. Hasta el VAR dejó de funcionar. Fue un ratito, durante cuatro minutos. El árbitro Andrés Merlos les advirtió de la situación a los capitanes, como marca el reglamento, y el juego siguió.
En el complemento, Unión salió con mayor decisión, pero con los mismos problemas en el ataque. San Lorenzo se protegió y los cambios rindieron. Ya estaba Nicolás Blandi por el lesionado Bareiro, ingresado en el entretiempo. También, los pibes Francisco Perruzzi (21 años) y Ezequiel Herrera (19). Aunque entró mejor que ninguno Malcolm Braida, punzante por afuera cuando los santafesinos ya estaban lanzados.
El segundo gol tuvo a los mismos protagonistas. El Pocho ejecutó la pelota parada (esta vez, un tiro libre) y Gattoni transformó en gol (en esa ocasión, con un cabezazo).
Gustavo Munúa no le encontró la vuelta al planteo de Berón. Probó con un delantero (Matías Gallegos) por un volante y después de algunas modificaciones, entró Leonel Bucca, quien se sacó de encima a Cristian Zapata y resolvió ante Torrico.
Unión, que venía embalado, perdió con dos grandes (Racing la semana pasada). San Lorenzo respira. Al menos, por unos días.
Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes
INDEPENDIENTE Y ALDOSIVI EMPATARON EN AVELLANEDA
Independiente sigue sin encontrar su identidad, continúa metido de lleno en la confusión y por esa razón no pudo doblegar a un Aldosivi que jugó más de 60 minutos con un futbolista menos por la temprana expulsión de Leandro Maciel. Fue 1-1 en Avellaneda y los dirigidos por Eduardo Domínguez quedaron muy lejos de los puestos de clasificación.
Fue prisionero sentimental Martín Palermo y lo pagó caro. Fue un riesgo que asumió y tuvo consecuencias negativas. Estaba claro el cambio luego de la justa expulsión del volante Maciel por doble amonestación: debía salir Santiago Silva (a Martín Cauteruccio no se lo puede sacar en este torneo) para acomodar el mediocampo con un 4-4-1. Pero el entrenador de Aldosivi intentó llegar hasta el final del primer tiempo porque tiene un afecto especial por el Tanque, que estaba jugando muy bien y que había marcado el tanto del 1-0. El error fue pensar que el Tiburón podría aguantar 15 minutos con Cauteruccio tirado atrás para acompañar a Matías Morello: tardó solo 4 minutos en empatar el local con un lindo gol del juvenil Tomás Pozzo, que recibió de Soñora y definió cruzado. Arrancaba otro juego. Lo llamativo fue que el cambio de Marcelo Meli por Silva se realizó a los 43 minutos.
Como se percibe, la expulsión de Maciel fue un punto de quiebre en el juego. Hasta entonces, Aldosivi había sido más efectivo en su plan de juego. Es un equipo interesante el de Mar del Plata, con una idea clara y ambiciosa. Para muestra alcanza con analizar el gol de Silva: uno de los volantes, Morello, recuperó cerca de la medialuna del área (se la robó a Domingo Blanco), tocó a un costado para Maciel, su ladero, que habilitó a Silva para el 1-0. Es cierto que lo que hizo el atacante uruguayo fue bueno: se tomó un segundo más adentro del área y definió abajo, al palo izquierdo de Sosa. Iban 18 minutos.
Independiente lució más confundido que lo habitual. Esta vez, Eduardo Domínguez optó por un 4-3-3, con Togni y Pozzo como extremos y con Soñora y Blanco como interiores. Pero no fluyó el juego del Rojo, más allá de que buscó presionar alto y llevarse por delante al rival. Blanco fue la bandera: se movió por todos lados e intercambió posición con Soñora constantemente. De todos modos, le costó arrimar peligro, más allá de alguna guapeada de Leandro Benegas o de algún tiro libre de Soñora.
El gol del empate fue un golazo: Soñora, ahora de interior izquierdo, la metió profunda para Pozzo, que controló de derecha y definió cruzado de zurda a media altura. Se insiste: otro partido parecía comenzar.
No acertó Domínguez con los cambios porque puso demasiados volantes o futbolistas para conducir y ninguno para definir y para acompañar a Benegas. Así, el Rojo tuvo todo el tiempo la pelota pero no logró rematar. En las pocas que inquietó, apareció la figura de José Devecchi, ese arquero que, tal como muestra la estadística, ataja 5 pelotas por partido.
Fue Independiente con su equipo repleto de volantes. Probó mucho desde afuera del área. Palermo entendió que el punto le servía y plantó una línea de 5 defensores. Igual, no resignó el ataque y en una contra lo pudo ganar, aunque Sosa se anticipó cuando Cauteruccio se perfilaba para definir con su pierna derecha.
Y en la jugada del final, casi lo gana el Rojo: Pozzo metió un centro con derecha y el ingresado Boolsen se la pellizco a Insaurralde, cuando iba a definir por el segundo palo.
Fue empate nomás porque Aldosivi es un equipo con una idea consolidada y porque Independiente sigue buscando la suya. “Nos merecemos estar donde estamos por todo el trabajo que hacemos. Si estamos arriba no es por casualidad”, resumió Cauteruccio tras la igualdad. Por el contrario, los hinchas locales se fueron silbando e insultando a los dirigentes.
Maximiliano Uría/Clarín-Deportes
LOS DEMÁS RESULTADOS
Arsenal 0 – Barracas Central 1
Huracán 1 – Colón 1
Platense 0 – Gimnasia 3
MG Radio 24 Villa Pueyrredón