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Villamil-Ammann-Minujín protagonizan Atrapados, estreno el miércoles en Netflix

Villamil-Ammann-Minujín protagonizan Atrapados, estreno el miércoles en Netflix

Hay quienes dice poder reconocer una producción de Harlan Coben tan solo al ver su afiche en Netflix. A ese nivel especificidad ha llegado el autor catalogado de fenémeno y que tiene su propio portfolio en la plataforma de streaming. Desde 2020 se han estrenado allí siete miniseries (No hables con extrañosEngañosQuédate cerca, entre otras) con relatos protagonizados por “buenos vecinos”, generosos en plotwist, accidentes y pasados imposibles de ocultar. Detalle importante: todas son transposiciones literarias de un nacido en Nueva Jersey con el potencial para ser contextualizadas en el Reino Unido, Polonia, España, y Francia. Atrapados (estreno el próximo miércoles) entonces ofrece todos los atributos y condimentos para estar al tope de los rankings de la N roja durante varias semanas. La sorpresa es que la invitación a su consumo frenético cuenta con un considerable aroma y postales de acá nomás.

Una chica ensaya en su violín la frenética “Invierno” de Vivaldi, se le rompe una cuerda y recibe un llamado telefónico con un riesgo latente. Martina (Carmela Rivero) es a todas luces una joven ejemplar, responsable, cándida y tan ágil que está a nada de brillar en una audición de la Camerata Bariloche. Desde su inicio, sus seis episodios se sirven de esas vigas universales y reconocibles, con misterios, violencia doméstica y una corte de personajes esquivos. La protagonista es Ema Garay (Soledad Villamil), una periodista de casos policiales, y piedra en el zapato para las autoridades, por su sagacidad para acelerar la resolución de casos difíciles. Como el caso de una red criminal que tiene como presa a menores y usa como anzuelo un juego en red. El tema de los “consumos” generacionales, y su invisibilidad para los adultos, tiende un nexo entre esta miniserie y Adolescencia, el último gran fenómeno de la misma señal de streaming.

La producción se apega a los cánones del thriller de corte popular y que Coben (aquí ficha como productor ejecutivo) maneja “con pericia de ajedrecista”, dicen los involucrados. El título de la serie es otra de esas fichas en el tablero. «Atrapados» remite a la sección en la que Garay expone  a los responsables de delitos, y ese significado aquí opera como una bomba de racimo. Las esquirlas llegan a Leo Mercer (Alberto Ammann), un referente social y sospechoso de su investigación y Marcos (Juan Minujín), heredero de un emporio en la región. «Cada uno de los personajes están estancados en algo de su vida. Leo tiene algo que le pasó y de alguna manera siempre quedó atrapado por su origen. No es que está disconforme, pero bueno pasan otras cosas”, dice Ammann entrevistado por Página/12. “Marcos está atrapado en sus pretensiones, de lo que debería ser, quiere aparentar algo que no es”, suma Minujín.

La omnipresencia del sur argentino como una geografía jodida es, sin dudas, lo que habilite que Atrapados  se distinga de un trabajo por encargo o adaptación desabrida. Ahí se nota la mano de Vanesa Raggone de Haddock Films, los guiones de Ana Cohan, la labor de Miguel Cohan (Betibú) como showrunner y la dirección repartida con Hernán Goldfrid (El jardín de Bronce). Escenario predilecto, por otro lado, para buena parte del policial vernáculo. Échale la culpa a El aura, y a la larga lista de seguidores del opus 2 de Fabián Bielinsky: Nieve negra, Fragmentada, Una muerte silenciosa (de la que también actúa Villamil), entre otras. ¿Cómo opera aquí la región? “Hay algo de la Patagonia que es imponente e inquietante. Está lleno de inmigrantes y es una tierra muy fértil para las historias con muchos pliegues. El contraste entre los líos que se narran y lo imponente del lugar, funciona como un personaje más”, responde Minujín.

– Atrapados despliega toda una red de sospechosos y/o cómplices, algunos victimarios, otras víctimas, muchos con sus secretos, y la cámara le da bastante tiempo a todos. ¿Ese es otro de los diferenciales de la propuesta?

Alberto Amman: -Creo que quienes se destacan son los pibes. Eso te sustenta, porque esta profesión es muy cruel. Que estén todos tan bien en sus papeles hace que como espectador te enganches más. El eje es la búsqueda de este abusador que es un adulto, pero si lo piensas bien podría ser cualquiera de estos chicos y chicas, y sobre todo porque están muy bien a nivel interpretativo.

– ¿Sus personajes tienen una gran historia previa?, ¿desde dónde construyeron ese vínculo?

J.M.: -Los dos vienen de ámbitos muy distintos y son como hermanos. La construimos en charlas, paseando por ahí. Siempre había querido trabajar con Alberto, sabía que tenía una caja de resonancia muy linda.

A.A: -El significado de una amistad así. Son leales para lo bueno y para lo malo. Ahí empiezan las aristas para los personajes. Así que con Juan hablamos de eso, pero también de muchas otras cosas.

J.M.: -Muchas boludeces…

A.A: -Nos conocimos de a poco. Y desde ahí conectamos.

J.M.: – Fue un rodaje largo y alejado. Eso ayudó mucho. Convivimos durante semana. Estábamos ahí, en esa comunión.

-¿Qué significa Ema Garay en la vida de Marcos y Leo?

A.A: -Es un gran personaje. Muy complejo. Lo que le pasa a ella son decisiones del temperamento, a la vez es muy noble. Es muy interesante. Llama a la reflexión por las acciones que comete. Es muy humana. Yerra, pero también acierta bastante.

J.M.: -Ahí está lo lindo. Se mete en el barro. Podría ser una periodista del tipo heroína. Escracha a uno, hace desastre y eso es interesante.

– Los policiales de Harlan Coben abrazan una premisa muy hitcockiana: estar protagonizados por gente común en situaciones extraordinarias. ¿Creen que ahí radica el suceso de este autor?

J.M.: -Esa es una de las cosas que más me gusta de Coben. Como pasa con Patricia Highsmith y otros grandes del suspenso. Los personajes están empujados a situaciones delictivas, pero que no saben muy bien cómo manejarlas. Son medio torpes y en su cadena quieren tapar cosas. Tenés la historia, pero la adaptación a la idiosincrasia argentina es muy buena, tenés toda la ingeniería de Coben que es precisa. La tensión económica de un tipo que es dueño de todo y el resto no tiene nada, se inserta muy bien en este policial.

A.A.: -Está muy bien escrito y adaptado por todo el equipo de guionistas. Las situaciones son totalmente verosímiles. Le podría pasar a cualquiera que conoces, no hay truquito de guion. No hay que hacer un trabajo extra para entrar. Es realista y eso entusiasma.

Federico Lisica/Página 12-Espectáculos

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