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Tras tropezar en Melbourne y París, Sinner ganó con autoridad en Wimbledon

Tras tropezar en Melbourne y París, Sinner ganó con autoridad en Wimbledon

Hay que decirlo: Jannik Sinner volvió a ser Jannik Sinner. Ocurrió en una jornada que ofició para calibrar lo que, hasta el momento, parecía una asimetría en su tenis: el número uno mundial derrotó 6-7 (7), 7-6 (2), 6-3 y 6-4 al alemán Alexander Zverev (2°), tras casi cuatro horas de partido, en lo que funcionó como corolario de un camino por el que llevó su nivel del circuito al terreno de los Grand Slams.

El italiano volvió a ser el mismo de siempre porque consiguió silenciar el ruido que había crecido alrededor: llegó al césped del All England como el hombre dominante que, por dos tropiezos puntuales en el Abierto de Australia y en Roland Garros, permitía la tesis de una presunta crisis.

Había un sostén: el jugador de 24 años venía de arrasar en los Masters 1000, con cinco títulos consecutivos para la primera parte del año, pero se había caído a pedazos en los dos Slams, con derrotas ante Novak Djokovic en Melbourne -tras una ventaja de dos sets a uno- y contra Juan Manuel Cerúndolo en París, después de sufrir un apagón físico por el calor -con dos parciales a cero a favor, se derrumbó y perdió 18 de los últimos 20 games-.

En Wimbledon la crisis se diluyó: hasta la final, Sinner había cedido dos sets en la primera ronda ante el serbio Miomir Kecmanovic y, desde entonces, no volvió a perder uno, con sólidos triunfos como en las semifinales ante Djokovic, calificado por el propio serbio como “paliza”. Pudo aparecer cierta duda: arrancó en desventaja contra un potente Zverev, un rival que ya se había quitado la presión de ganar un Grand Slam en Roland Garros.

Pero el italiano volvió a ser el de siempre porque volteó el patrón: en Australia y en Roland Garros estaba adelante, con el marcador a su favor, y llegó el colapso. En la final de Wimbledon sucedió lo contrario. Perdió un ajustado primer set, por 9-7 en el tie break, pero pudo reconstruir el partido con su propia esencia: ganó el segundo tie break con margen (7-2) y ya no dejó respirar a Zverev.

La superioridad de Sinner se explica con los números: concretó dos de las cinco chances de quiebre que tuvo en todo el partido, mientras que salvó la única que le otorgó a su rival. Más allá del marcador, hubo un desarrollo claro: el italiano controló el trámite de manera casi absoluta y hasta irracional, porque Zverev pareció, por momentos, indomable con el saque -sumó 17 aces y ganó el 2% de los puntos con el primer servicio-. La grieta estuvo en el segundo intento: apenas retuvo el 62% de esos puntos, un margen que Sinner supo explotar. Volvió a ser el mismo hasta con el contrincante: estiró una seguidilla de diez victorias consecutivas, con un récord de 11-4 y una última caída registrada en el US Open de 2023.

Sinner recobró su imagen de invencible: alcanzó los 30 títulos de ATP, con cinco Grand Slams -Australia 2024, Australia 2025, US Open 2024, Wimbledon 2025 y Wimbledon 2026- y apenas 45 días después de la dura apariencia que había dejado luego de despedirse de Roland Garros, asediado por la agobiante temperatura. La crisis, al parecer, era solo ruido. Y el italiano bien sabe cómo apagarlo.

Pablo Amalfitano/Página 12-Deportes

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