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Touba Niang llegó de Senegal, comenzó vendiendo lentes y quiere ser Campeón Mundial

Touba Niang llegó de Senegal, comenzó vendiendo lentes y quiere ser Campeón Mundial

Cuatro veces en el último semestre, el estadio de la Federación Argentina de Boxeo se cargó de una energía muy particular. Una atracción magnética mantuvo en estado de agitación, casi sin licencia para parpadear, a un público tan numeroso como entusiasta durante el tiempo que transcurrió entre la primera campanada y el desenlace de cada pleito. Lo llamativo fue que esa sensación cuasihipnótica la provocó un púgil que atesora sólo un puñadito de combates profesionales.

“Hay mucha gente que siempre está ahí, me sigue, me apoya, me desea el bien y quiere que llegue a lo más alto, y eso me motiva. Tengo muchas ganas de triunfar y de cambiar mi vida y la de los míos.

Ese es mi objetivo. Vengo de abajo, sé que cuesta, pero no es imposible”, se ilusiona Touba Niang, quien este sábado mudará su fogosidad al Casino de Buenos Aires. Allí enfrentará al rosarino Sergio Donaire y TyC Sports transmitirá desde las 22.

Niang tiene 24 años y 33 hermanos. Boxea desde hace cuatro y debutó como profesional hace apenas 10 meses. Reparte su tiempo entre el deporte y la venta de indumentaria. Nació en Watef, un pequeño pueblo rural ubicado a poco más de 100 kilómetros de Dakar, pero vive en Quilmes desde hace casi una década. “Acá encontré a personas muy buenas, que me dieron una mano para todo. Hasta el último día de mi vida voy a estar agradecido a Argentina y a su gente. Me siento como en mi país”, asegura.

La Mamba Negra, apodo que eligió por una serpiente africana extremadamente venenosa, es uno de los miles de migrantes senegaleses que se afincaron en el país especialmente durante las últimas dos décadas. Según la Dirección Nacional de Población, en agosto de 2023 eran 2.267 los ciudadanos de ese país que contaban con DNI y residencia en Argentina. En ese mismo informe, se estimaba que una cantidad similar o incluso algo mayor vivía en el país sin contar aún con su documentación en regla.

La migración senegalesa fue impulsada principalmente por motivos laborales y el caso de Niang no fue una excepción. En 2008, cuando tenía 7 años, su familia se trasladó de Watef a Dakar, aunque su padre continuó con el trabajo rural. “Yo tuve la suerte de poder ir a la escuela. Allá muchos no tienen esa posibilidad. Mi vida era estudiar e ir al campo a ayudar a mi padre”, cuenta.

-¿Qué fue lo que te empujó a salir de Senegal y por qué elegiste Argentina como destino?

-Yo quería una vida diferente y allá no había futuro. Un vecino que había venido a Argentina en 2001 fue de visita a Senegal en 2015 y cuando llegó, vi que había progresado. Entonces le dije a mi padre: “Vas a tener que vender un par de animales y pagar a los coyotes (las organizaciones que trasladan irregularmente a migrantes) para que yo pueda irme de acá”. Al principio me dijo que yo era muy chico y que tenía que esperar unos años. Me enojé y dejé de ir a la escuela porque ya había tomado la decisión de cambiar mi vida. La edad no me importaba. Sabía que podría sobrevivir y salir adelante. Al final mi papá me entendió, habló con los coyotes, le dijeron cuándo había que pagar y él hizo todo. Gracias a Dios, todo salió bien. Porque algunos pagan y pierden su plata, no llegan a viajar o viajan y los devuelven a Senegal.

La travesía duró tres meses, con varias escalas intermedias (entre ellas, en Madrid y en Quito), recorridos en avión, barco y ómnibus, y largos trayectos a pie. Niang llegó a Buenos Aires en noviembre de 2016, cuando tenía sólo 15 años. “Ese día no paró de llover. Estaba ansioso, quería salir y conocer las calles, pero no paraba de llover”, rememora. “Al otro día, una persona que llevaba tiempo acá me acompañó a Once y compramos cosas para vender. Con 1.000 pesos, compré lentes. Y empecé a vender en la peatonal de Quilmes”, agrega.

-¿Qué idea tenías de Argentina y con qué te encontraste?

-Pensaba que acá no había pobreza, que eran todos millonarios y que la plata se ganaba más fácil. Pero nunca me arrepentí de haber venido. Si pudiera elegir, siempre elegiría Argentina.

La adaptación no fue sencilla.

Debió soportar hostigamiento policial por su labor como vendedor callejero (“Me secuestraron mercadería y me llevaron preso un par de días”, cuenta) y experimentó situaciones de discriminación, aunque remarca que eso nunca lo afectó: “No me molesta que me digan ‘negro’. Soy negro, estoy orgulloso de serlo y si volviera a nacer, volvería a ser negro”. Como contrapartida, valora el buen trato que recibió de la mayoría de los argentinos y el apoyo de la red de migrantes senegaleses, que conforman el colectivo más numeroso dentro de la comunidad africana en el país.

A casi una década de su llegada, Niang regularizó su situación migratoria, consolidó su proyecto comercial de venta de indumentaria (Anti Dólar tiene un local en la Galería Colón de Quilmes), ayudó a dos de sus hermanos a afincarse en el país, está en pareja desde hace cinco meses y habla castellano con fluidez y con algunos giros típicamente argentinos. Y el año pasado pudo viajar a Senegal, donde celebró su 23° cumpleaños el 12 de junio.

“Fue lo más lindo que pudo pasarme: viví momentos inolvidables. Vi a mi padre, mi madre, mis hermanos, mis amigos de la infancia. Fue muy hermoso. Eso es lo que más extraño: la familia, los amigos y también algunas comidas”, revela Niang.

-¿Y en qué momento apareció el boxeo en tu vida?

-En Senegal nunca había practicado boxeo; sólo un poco de lucha libre. En 2021, cuando pude acomodarme un poco acá, empezar a pagar el alquiler, comer y que me sobraran unos pesos, fui a probar y enseguida me enamoré. Dije: “Esto es lo mío”. Y no paré. El entrenamiento es todo, porque si estás física y mentalmente bien, nada te puede parar.

Sus primeros golpes los lanzó en el club El Porvenir de Quilmes, de la mano de Javier Segovia, su primer técnico. Hace dos meses mudó su base de trabajo al gimnasio Horizonte de Claypole, donde es entrenado por Daniel Salguero.

El 23 de noviembre pasado debutó como profesional con una victoria por nocaut en el primer asalto sobre el paraguayo Héctor Torres en San Francisco Solano. A ese triunfo le siguieron otros seis, cuatro por la vía rápida. Los últimos cuatro fueron en el estadio de la FAB, con un respaldo de público creciente, un acompañamiento sonoro de instrumentos de percusión en cada caminata hacia el ring y un estilo de combate frontal, por momentos excesivamente temerario, pero sumamente vistoso.

“A veces hay algo de ansiedad, pero a mí me gusta ese estilo. En cada pelea trato de no dejar dudas porque cuando se define por puntos, (la victoria) puede ser para cualquiera de los dos”, razona el púgil, que en su última presentación despachó en sólo 53 segundos al experimentado chaqueño Gonzalo Chaparro.

Niang se propone cerrar el año con 10 contiendas (la del sábado será la octava) y proyecta combatir en el exterior el año próximo, aunque su idea es construir una carrera en el país. Se ilusiona con apoderarse de los títulos argentino y sudamericano de la categoría wélter, aunque para ello tendría que adoptar la nacionalidad argentina.

“Lo estoy pensando porque me encantaría, antes de ser campeón del mundo, ser campeón argentino y sudamericano. Argentina es mi segundo país. Adonde me toque pelear, voy a representar a Senegal y a Argentina”, asegura.

Luciano González/Clarín-Deportes

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