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Teresa Parodi y Ana Prada se presentan en el ND Teatro

Las cantantes correntina y uruguaya presentan el trabajo El Hoy Ya Canta sin Preguntar.

Que si la yerba común es mejor que la de yuyitos. Que si Manuel Oribe o Fructuoso Rivera. O ninguno de los dos. Que si Peñarol o Nacional. O ninguno de los dos. Que si del otro lado del río dicen “bo” por la palabra botija… Se nota mucho que hay una uruguaya en el ambiente. Y se nota, también, que hay una argentina que, como corresponde, no cree en la frontera inútil que inventaron entre ambos países. Una es Ana Prada. La otra es Teresa Parodi. Las dos cantan, componen y tocan la guitarra. Y volverán a hacerlo juntas el sábado 7 a las 21 en el ND Teatro (Paraguay 918), cuando presenten el espectáculo El hoy ya canta sin preguntar… “La frase pertenece a la primera canción que compusimos juntas, ‘La otra orilla’ y tiene que ver con la espontaneidad, con que no hace falta decir nada entre nosotras. De golpe, ella canta una canción y a mí me dan ganas de cantarle otra. Y así”, cuenta la correntina, cuando la charla entra en cause periodístico. “Hay cosas que se cantan solas, si. Eso queremos decir”, arrima Prada.

El encuentro entre ambas es un reenganche de aquel 2013 cuando, mutuamente admiradoras de sus canciones, grabaron el disco Y qué más, poblado por doce canciones, todas de factura propia. Y casi todas, excepto “Chamarrita” y “Vuelvo” (solo de Teresa) compuestas por las dos. “Se arma algo hermoso en nuestros encuentros. Son como diálogos generacionales y musicales, con muchas coincidencias. Las dos somos de río, por empezar y, aunque yo puedo ser su madre, podemos contar las mismas cosas acerca de una región cultural, con una identidad compartida muy pero muy grande. Casi que hablamos siempre de lo mismo… No necesitamos explicarnos nada entre nosotras, ni de modismos ni cómo vemos el mundo. Cuando hablamos del río, las dos sabemos qué pasa con ese paisaje”, explica Parodi. “Tal cual. A mí me ha pasado incluso de llorar arriba del escenario viendo a Teresa en una interpretación majestuosa, porque siempre canta distinto sus canciones, sobre todo en este momento histórico, en el que la emoción y la carga política es muy fuerte”, suma la oriental de los pelos ondulados y largos.

-¿Cuán diferente es ésta de la primera vez que se juntaron?

Teresa Parodi: -Tenía otra connotación, sí. Recuerdo que le mandé a Ana una letra tanteando a ver si podíamos dialogar generacionalmente, porque ella tiene la edad de mi tercera hija. Se trataba de descubrir cómo podíamos dialogar entre madre e hijas musicales, digamos. Incluso, traté de acercarme más a la temática de ella que traer a ella a la mía, porque ella es una puerta que se sigue abriendo hacia el mañana. Y yo soy la que va a pasar por esa puerta, si ella pasa, ¿no? Entonces me pareció interesante ir por detrás de esa puerta, abriéndola. Por eso, el primer encuentro tuvo una connotación de sorpresa, de búsqueda que no se hablaba, que sucedía. De golpe, ella me llevaba, me daba unas vueltas por acá, otras por allá, y yo iba (risas). Era hermoso.

-¿Y ahora cómo es?

T.P.: -Bueno, pasaron seis años. Pasaron cosas, muchísimas cosas. Nos seguimos viendo, seguimos siendo amigas, pero la vida te atraviesa. La situación cultural, ideológica, política, lo que pasaba en nuestros países… Fue tal la vorágine que era imposible que no estemos las dos movilizadas con y por todo eso. Entonces, en este nuevo encuentro, la naturalidad del diálogo ya se da en un plano distinto, aún cuando ella me canta sus canciones nuevas y yo las mías.

Ana Prada.: -Ya que estamos con los planos temporales, me acuerdo que antes hablábamos mucho de “la canción” con Teresa. Me acuerdo que ella iba a toda velocidad… Una vez me pasó una letra a la que tenía que ponerle música, y todos los días me preguntaba «¿Y? ¿Terminaste la canción?», hasta que un día que no podía dormir me levanté a las tres de la mañana y dije «Tengo que hacerlo». Le mandé una musiquita por mail y así empezó lo nuestro. No hubo una fórmula preestablecida.

Al momento de encontrarse por primera vez con Parodi, Prada tenía 42 años y su trilogía (Soy solaSoy pecadoraSoy otra) consumada. “Yo ya había hablado del dolor, del amor, de mi tierra, en el primer disco; después, con Soy pecadora apareció el tema de la sexualidad, y a Teresa le gustó que yo tome una lucha en otro momento histórico. Le parecía interesante, sobre todo para que escuchen las nuevas generaciones. Era un disco más adolescente, no desde donde me situaba sino desde el lado de la actitud ¿no? Y en Soy otra, ya estaba andando mucho con la música, en otro contexto histórico personal, en el que justo se murió mi madre y todo se puso complejo. Quiero decir, con esa trilogía me fui para otro lado, pero mi esencia, cuando estoy conmigo misma en una conexión que me emociona, voy hacia la milonga criolla, zitarroseana. Tengo pila de ganas de hacer un disco de búsqueda hacia ese lugar, animarme a eso, a navegar en las profundidades”.

Parodi, al encontrarse con Prada, estaba por ocupar el Ministerio de Cultura de la Nación, y su último disco a la fecha había sido Otro cantar, publicado en 2011, y pasarían siete hasta que editara Todo lo que tengo, el posterior. “Es un disco este de los que tengo con poesías musicalizadas, por mí o por otros. Pero ahora estoy armando otro que se llama Nido de agua, y ahí ya está, vuelvo como Ana a la raíz, en mi caso a mirar el mundo desde el estero. Siempre pasa eso: los que tenemos una raíz muy fuerte, inevitablemente volvemos a ella. Las cosas te llevan para otros lados, pero después volvés ahí”, se ríe. “Es bueno que te pase eso, que vuelvas a beber de la misma fuente”.

-¿Qué canción, por contexto actual, será inevitable escuchar en el ND, más allá de aquellas que “pinten” en el momento?

A.P.: -“Y qué más”, “Esa musiquita” y “La lucha” (ver abajo) van seguro.

T.P.: -La primera, porque es una canción que habla desde la trinchera de la vida, de la trinchera del amor, porque nosotras siempre estamos listas para estar en las trincheras de las luchas de nuestros pueblos. Desde ese lugar seguimos construyendo nuestros caminos. Esa canción sintetiza el momento y supera incluso el momento en que nos encontramos.

A.P.: -Es una canción que he cantado mucho en los actos del Frente Amplio en Uruguay, porque resume de una manera bellísima las luchas populares. Incluso, la hemos cantado muchas veces en inauguraciones de viviendas, y la gente se emociona inmediatamente, porque llega rápido. Impacta, porque conjuga las luchas propias, hogareñas, con aquellas que nos atraviesan a todos.

T.P.: -La música en el alma y el amor en las trincheras, claro.

-La presentación es en la víspera del Día Internacional de la Mujer. ¿Qué reflexión les merece la cuestión, dado el agitado marco de lucha de género que se vive, especialmente en la Argentina?

A.P.: -Qué decir… Nosotras hemos puesto nuestras vidas en esto. Yo voy por hacer algo nuevo.

T.P.: -A mí me molesta mucho esta cosa de festiva, de decir «Feliz día de la mujer». ¿Qué feliz día? Fue un hecho trágico el que marcó la fecha, mujeres que murieron quemadas luchando por los derechos. Pero me parece extraordinario el movimiento que se generó en el mundo y en el cual la Argentina tuvo mucho que ver. Hoy se habla con naturalidad de la igualdad de género y de la diversidad, de las diferentes maneras de vivir la sexualidad que tienen las nuevas generaciones. Hay organizaciones enteras, en las nuevas generaciones, que están alertadísimas al respecto. La cabeza, la mirada, la presencia de ellas en las calles es tremenda. Me parece un momento inevitable y extraordinario.

A.P.: -En el Uruguay, igual, tenemos que estar alertas, porque ya se está empezando a hablar de los valores de la familia tradicional. Hasta se llegó a decir que los grupos LGBT eran los que impedían que el país creciera demográficamente. ¡Un horror! Por eso ayuda que haya leyes. Pongo mi ejemplo: mi compañera Pata Kramer y yo somos madres de Hugo, gracias no solo a las leyes de salud sexual, sino a las condiciones sociales de aceptación del niño y del marco institucional que nos ampara. Hay un inconsciente colectivo social que fue naturalizando esas prácticas. Lo vi y lo sé porque me discriminaron mucho cuando era adolescente.

Cristian Vitale/Página 12

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