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Sean Connery, el mejor James Bond de la historia, cumple 90 años

Connery nació durante 1930 en Edimburgo, Escocia.

Hoy, el para muchos mejor James Bond de la historia, cumple 90 años.

El nombre de Sean Connery, que se despidió formalmente del cine en 2003 con el bodrio La liga extraordinaria, volvió a ser noticia a principios de agosto, cuando puso a la venta su mansión de Niza, Francia, cuya cotización es de 34 millones de dólares. Si la vende por estas horas, será una muy buena noticia de cumpleaños.

Nacido como Thomas Sean Connery en Edimburgo, Escocia, el 25 de agosto de 1930, en una familia humilde, con padre católico y madre protestante, el actor primero pensó en ser jugador de fútbol, pero dejó de lado esa idea cuando a los 18 años medía 1,90 metro y no sabía cuánto iba a seguir creciendo.

Se alistó en la Marina Real Británica, de la que lo licenciaron por problemas de salud. Fue modelo en una escuela de arte y participó como actor secundario en una puesta del musical South Pacific, primero en Edimburgo y luego en una gira por las islas británicas.

En 1954 llegó al cine en pequeños papeles, hasta que tres años después el director Cy Enfield, que lo había visto en el escenario, se obsesionó con él y lo incluyó en su película Hell Drivers, en la que tuvo por primera vez un papel de cierta relevancia.

Antes de llegar a El satánico Dr. No, su pico de popularidad, hizo muchos trabajos para la televisión británica.

Ya en los Estados Unidos, actuó en La gran aventura de Tarzán (1959), con Gordon Scott como “el Hombre mono”, y formó parte del elenco de El día más largo del siglo (1962).

Curiosamente, Dr. No (1962), de Terence Young, en la que Connery se puso en la piel del agente James Bond por primera vez, no tuvo al principio el éxito esperado. Se habló más de la música de Monty Norman y de la impactante Ursula Andress en bikini que de la película en sí, que sin embargo comenzó a ser valorada en sus reposiciones y por la explosión que se produjo al año siguiente con De Rusia con amor, también de Young.

La serie Bond siguió con Dedos de oro (1964), de Guy Hamilton, Operación Trueno (1965), de Young, Sólo se vive dos veces (1967), de Lewis Gilbert, Los diamantes son eternos (1971), de Hamilton, y Nunca digas nunca jamás (1983), de Irvin Keshner, su despedida del personaje luego de 12 años.

Muchas de esas películas podrían contener situaciones comprometidas en los tiempos actuales, porque las compañeras de Bond (“Bond, James Bond”, tal como se presentaba), eran mujeres de físicos monumentales que siempre caían en brazos del héroe, aun las más despiertas, menos en el caso de Pussy Galore, el personaje de Honor Blackman en Dedos de oro, de la que se deslizaba su identidad lésbica en un alarde desacostumbrado para la época.

Se supo que Connery llegó a hartarse del personaje de Bond -luego interpretado por George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y el actual Daniel Craig- y por eso combinó con otras interpretaciones.

Así, logró que el público aceptara otros personajes con su rostro, como en La colina de la deshonra (1965), El gran golpe (1971), Hasta los dioses se equivocan (1972) y fue William von Baskerville en El nombre de la rosa (1986).

Fue dirigido por Alfred Hitchcock (en Marnie, 1964, con Tippi Hedren), por otro británico brillante, como John Boorman (Zardoz, 1974), el mismo año que integró el multiestelar elenco de Crimen en el Expreso de Oriente. Casi pegadas filmó El viento y el león y El hombre que sería rey, fue un maduro Robin Hood en Robin y Marian, con Audrey Hepburn, y se sumó al elenco colectivo que fue la bélica Un puente demasiado lejos.

Dedicado al cine de aventuras y/o acción, se destacó en El primer gran asalto al tren, en Meteoro, en Cuba, en Atmósfera cero y hasta en Los ladrones del tiempo, de Terry Gilliam.

Fue Henry Jones, el papá de Indiana, en Indiana Jones y la última cruzada, y hasta enamoró a una jovencísima (por entonces) Michelle Pfeiffer en La casa Rusia.

Si bien recibió un gran cantidad de premios, el mayor reconocimiento a su trabajo le llegó con el Oscar como mejor actor de reparto por Los intocables (1987), de Brian De Palma.

Allí, al lado de un ascendente Kevin Costner (Eliot Ness), que luchaba por aprehender a Al Capone (Robert de Niro), interpretaba a Jim Malone, el policía incorruptible que era asesinado en una recordado plano secuencia en su departamento.

Connery siempre tuvo una presencia, una estirpe, que era como su sello. Pintón, y buen actor, se hartó de tener que salir por la calle con un corset para estar siempre erguido en las épocas en la que interpretaba a James Bond.

Clarín/Espectáculos

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