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Laura Casabé habla de La Virgen de la Tosquera. Se estrena hoy

Laura Casabé habla de La Virgen de la Tosquera. Se estrena hoy

Diciembre, 2001. La sola enunciación del mes y el año evocan rápidamente las escenas distópicas de aquellos días aciagos, con los saqueos, la crisis económica, el corralito, los piquetes, el calor y los estallidos varios. Estallido político y social, claro, y en el caso de La Virgen de la Tosquera, también hormonal y sobrenatural. Le ocurre a Natalia (Dolores Oliverio), una adolescente que transita el sopor del verano compartiendo tiempos muertos con sus amigas y su amigo Diego, con quien chatea en el cyber durante las tardes.

Está claro que el muchacho es el objeto de deseo de ese cuerpo joven y ávido de experimentación. El problema es que lo es también para sus amigas y para Silvia (Fernanda Echevarría), una chica algunos años mayor que regresó a vivir a la Argentina y termina pasando sus días con ellos. Será ella quien señale un lugar poco conocido ideal para refrescarse, una tosquera en las afueras de la ciudad, epicentro del incipiente tembladeral que ocupa el acto central de la película de Laura Casabé, que luego de un enorme y muy exitoso recorrido por festivales desembarcará este jueves 15 en la cartelera comercial.

Estrenada hace casi un año en el reputado Festival de Sundance y exhibida en el marco de la Competencia Argentina de la última edición del Bafici, entre otros eventos a lo largo y ancho del mundo, el último trabajo de la directora de La valija de BenavidezLos que vuelven y el documental Álbum de familia es el resultado de una cruza alquímica entre los tópicos habituales de los llamados coming of age (los tiempos muertos, el verano, la iniciación sexual, la cercanía universitaria) con el tono misterioso y las situaciones extraordinarias del cine de género, todo enmarcado por el terror colectivo ante la catástrofe socioeconómica. Una fórmula cuya autoría no es potestad exclusiva de ella ni del guionista Benjamín Naishtat (responsable de Historia del miedo y codirector de Púan, entre otros pergaminos). Sin olvidar a Mariana Enríquez, autora de los dos cuentos en que se basa el relato, “La Virgen de la Tosquera” y “El carrito”.

Fue justamente leyendo ese último que Casabé tuvo “una escena mental, un chispazo”. “Eso quedó por ahí, hasta que conocí a Mariana en 2018 y empecé a trabajar con lo que inicialmente iba a ser un relato episódico de tres cuentos: esos dos y ”El aljibe». Después, el devenir de las cosas terminó haciendo que pensáramos en fusionarlos. Si bien “El aljibe” quedó afuera, sí sentí que había una posibilidad de tomar la trama de “La Virgen…» y sumergirla en el universo de “El carrito« para que dialogaran. También estaban mis ganas de hacer un coming of age que fuese una película de género durante el 2001, cuando nosotros fuimos adolescentes”, narra la realizadora ante Página/12, quien nada casualmente tenía la misma edad que las protagonistas de su película cuando Fernando De la Rúa huyó en helicóptero de la Casa Rosada.

¿A qué se debe, entonces, su interés por situar la trama en 2001? ¿A la empatía hacia ellas? ¿Qué aportaba ese tiempo histórico caótico a la historia de a quienes líneas abajo llamara sus “brujas pop y modernas”? Responde Casabé: “Por un lado, me interesaba la idea de un relato de iniciación sexual en el contexto de una descomposición social y de mucha violencia, pero también de mucha comunidad. Eso tenía algo interesante y explosivo. También tenía que ver con haber vivido el periodo de la vida que se considera como el pasaje a la adultez, y donde está esa enorme confusión relacionada con la sexualidad, en medio de una sensación de angustia latente y sobre todo de futuro cancelado, de futuro perdido. Esa sensación de que todo puede cambiar de un momento a otro, de que lo que la familia estaba construyendo quizás se iba a caer a pedazos e íbamos a tener que rearmarnos de otra forma. La idea de que podés perder todo es una forma de terror social muy particular”.

-¿Cómo se trabaja el balance entre lo fantástico y un contexto con tanto significado como el 2001, para que uno no devore al otro?

-Es un equilibrio que no sé si lo conseguimos del todo, honestamente. Sí teníamos claro que la película se movía por una cornisa tonal en la que nosotros no estábamos respondiendo concretamente cuál es el porqué de los eventos, pero es evidente que está sucediendo algo vinculado con lo sobrenatural y lo luminoso. Siento que en algún punto está todo mezclado y que, indefectiblemente, de alguna manera se devoran el uno al otro. Entonces, fue como habitar ese caos y entender que el tono tenía que ver con caminar por esa cornisa sin terminar de abrazar ninguno de los dos lugares, sino más bien trayendo preguntas por lo que pasa. Si bien la película tiene un sistema y yo puedo decir concretamente por qué suceden las cosas, qué es lo fantástico y qué no, es una construcción que tuve que hacer como directora para entender el universo que estaba contando.

Por lo general, la aparición de un elemento sobrenatural suele ser motivo de marginación del personaje que lo lleva. A diferencia de Carrie, por ejemplo, acá Natalia sigue perfectamente integrada a su grupo de amigas. ¿Por qué se da esa situación?

-Esa marginación es un vicio del cual yo quería salir. No sé si es un vicio, pero sí un relato muy arquetípico, muy a lo Carrie y millones de películas, y me parece que La Virgen de la Tosquera no tiene que ver con eso. Lo que yo no quería de ninguna manera era victimizarla ni juzgarla. Tenía claro que lo que debía ser más terrorífico no era lo sobrenatural, sino sus decisiones. En ese sentido, creo que es muy concreto el escape del lugar maniqueo en el que sea la persona marginada a la que le suceden cosas vinculadas con un hechizo o lo sobrenatural. Hay algo canónico que se viene repitiendo y que tiene que ver con una necesidad de expiar las culpas del protagonista como si fuesen las nuestras. Pero esta película no expía las culpas de nadie.

-En Los que vuelven había un elemento sobrenatural más relacionado a lo mitológico. Lo sobrenatural en La Virgen de la Tosquera, en cambio, es mucho más doméstico, cotidiano.

-Eso es lo que hace Mariana Enríquez y se ve de forma muy concreta en los dos cuentos. Desde el inicio la idea fue plantear una mitología urbana construida desde nuestra experiencia antes que imaginar una mitología con dioses que pertenecen a otras culturas que no son propias. Acá, en cambio, el horror, lo sobrenatural y lo pagano vienen desde la calle. Hay algo muy propio de Latinoamérica en esta idea de brujas de barrio que tienen una formación mezclada entre el catolicismo y el paganismo, y que Mariana retrata brillantemente en sus cuentos.

Mencionás la palabra “brujas”, y en varias entrevistas dijiste que querías retratar a tus propias “brujas pop y modernas”. ¿De dónde nace esa idea?

-Primero, en que trabajar con el arquetipo de las brujas es en algún punto irresistible: hay muchas reversiones y yo quería hacer la propia. Pero también siento que eso que viví en la amistad femenina tiene algo de brujería, de conexión telepática, de toxicidad y de gualicho. Yo quería que fueran, además de pop y modernas, las brujas que yo conocía, mis amigas. Esa forma de vivir la amistad en ese momento tan vulnerable donde estábamos todas rotas, en algún punto terminó formando una suerte de aquelarre, de pequeña jauría de chicas.

-En tus obras hay una atención particular a los cuerpos, especialmente los femeninos. ¿Qué papel cumple el cuerpo como vehículo narrativo en La Virgen de la Tosquera?

-Los cuerpos están generando una situación de tensión constante, con el calor, lo pegajoso y la sensación de incomodidad permanentes, pero también de mucho deseo. Yo veo que los cuerpos desnudos están de alguna forma conflictuados, pero que también tienen algo sexual y sensual vinculado con el placer y con el dolor. Están para generar una sensación de incomodidad, pero también de profunda sexualidad. Por eso creo que es una película sobre el deseo y todas sus formas. Todos los personajes son muy deseantes: no hay amor, sino deseo obturado, deseo concretado, deseo latente.

-Hablás del deseo, pero el deseo femenino en particular no es un tema muy habitual en el cine…

-Yo creo que sí está, pero a veces está representado de formas comunes. No quiero ponerme en un lugar de militancia, pero la mayoría de las películas son sobre la idea que se tiene de cómo es el deseo femenino y no sobre cómo es el deseo femenino en sí. Me parece que hay películas, pero tienden a romantizar un poco el deseo femenino, a tomarlo desde un lugar absolutamente superficial. Incluso a veces las mismas mujeres terminamos “cosificando” nuestro deseo porque tenemos seteada una forma de representación. Yo quería que el deseo fuese crudo, carnal, descarnado, obturado e ininterrumpido, y que en algún punto sean mujeres muy dueñas de su deseo, más allá de que no entiendan mucho dónde ponerlo.

Imagino que a partir de un estreno en Sundance y todo el recorrido por festivales de la película deben haber surgido propuestas o posibles proyectos futuros. ¿Te interesa seguir profundizando en el fantástico o estás pensando en correrte hacia otros registros?

-No sé qué sigue después, porque una dice una cosa y después termina siendo otra. Sí sé que con La Virgen de Tosquera sentí que encontré un tono y una forma de trabajo que me hicieron sentir más cómoda, así que me gustaría seguir con estas búsquedas. No sé qué viene, pero me imagino siguiendo este camino. Lamento mucho la situación del cine nacional, que me genera mucho dolor, porque me gustaría seguir filmando acá, seguir explorando el terror desde este lugar del mundo. Ahora mismo necesito frenar un poco, pero lamento sentir que hoy también, como sucede en la película, está un poco obturado el deseo.

Ezequiel Boetti/Página 12-Espectáculos

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