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Se estrena La Chancha, de Franco Verdoia, en Cine.ar . Habla el director

El director argentino cataloga a su film dentro del segmento del suspenso.

La tercera película del cordobés Franco VerdoiaLa chancha -que se estrena este jueves a las 20 en Cine.ar- partió de un cuestionamiento y un trabajo en profundidad de un hecho que el realizador vivió en su infancia. A partir de preguntarse de qué manera ese acontecimiento había impactado en su vida adulta, le surgió la necesidad de ver qué herramientas tenía Verdoia para hacer algo de aquella circunstancia. «Ahí surgió la idea o la necesidad de contar este cuento y de pensar que hacer una película era una salida posible. A partir de eso, empezó todo un proceso de ficcionalización de la historia para poder objetivarla y apartarme de lo que era en algún momento el disparador tan personal», cuenta el realizador en diálogo con Página/12.

Verdoia nació en Las Varillas, Córdoba, en 1977. Además de cineasta, es director de teatro y publicidad, dramaturgo y fotógrafo. Se formó como actor en la escuela de Agustín Alezzo. Estudió dirección de actores y entrenamiento actoral en los talleres de Augusto Fernandes, y Javier Daulte. En 2001, egresó como realizador cinematográfico en la Escuela Profesional de Cinematografía de Eliseo Subiela. En 2006, estrenó su opera prima, Chile 672, codirigida junto a Pablo Bardauil. En 2015 estrenó su segundo largometraje, La vida después, nuevamente codirigido junto a Bardauil. En 2017 codirigió junto a Guto Pasko trece capítulos de la primera temporada de la serie Contracapa, íntegramente grabada en Curitiba, Brasil, y estrenada recientemente en la Televisión Pública de Brasil. Fue seleccionado y becado por Fundación Carolina (Madrid) para realizar el curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Latinoamericanos por el guión de La chancha.

La ficción parte del momento en que Pablo (Esteban Meloni) decide volver a su pueblo, La cumbre, pero esta vez de vacaciones con su mujer Kelly (la actriz brasileña Raquel Karro) y su hijo Joao (Rodrigo Silveira). Todo es armonía y entretenimiento desde que llegan del Brasil, donde viven, hasta que en la piscina del hotel donde se hospedan, Pablo descubre la presencia de Miguel (Gabriel Goity). Pablo recuerda un hecho traumático de su niñez del que, entiende, participó este hombre. Y al verlo después de tantos años comienza un proceso en el que todo parece quedar suspendido, al punto de que su mujer no comprende por qué Pablo se comporta de manera diferente.

-Si bien el film está inspirado en experiencias personales, la historia no es autobiográfica, ¿no?

-Está lejos de ser una autobiografía, pero sí es verdad que toma un montón de elementos de mi vida personal, del lugar en el que nací, de ese imaginario de pueblo en el que viví. Y parte de sí de una circunstancia personal que atravesé siendo niño. De alguna forma, es una reedición de aquel acontecimiento bajo otros parámetros narrativos.

-¿El objetivo es mostrar cómo algo del pasado se actualiza en el presente?

-Tiene que ver con eso y también de qué forma esa herida y esa huella que es grabada en la infancia con tanta contundencia queda activada de por vida. Y un acontecimiento inesperado, como el que vive el protagonista, es capaz de volver a abrir y desencadenar un proceso no resuelto del todo. Son esos silencios a puerta cerrada que uno encapsula y que, tarde o temprano, las circunstancias de la vida, de la adultez, lo empujan a uno a abrirlo, a poder revelarlo y a poder sacarlo afuera de uno.

-Te preguntaste qué tipo de huellas deja un evento traumático de la niñez. ¿Hacer esta película fue una forma de encontrar respuestas?

-Más bien hacer la película fue una forma de continuar haciéndome preguntas. Las respuestas que encontré no fueron cerradas. En todo caso, la película me permitió abrir el tema a los demás, que esta historia pueda instalarse y pueda visibilizarse para que otras que están silenciadas empiecen a resonar. Me parece que es una temática que el cine no ha abordado lo suficiente. Por otro lado, creo que la humanidad tiene una deuda importante para con este tema.

-Capaz que es más común pensarlo para el género del documental. ¿Por qué decidiste hacer una ficción?

-Yo sentía que si me quedaba en la impronta meramente personal y autobiográfica había algo que se desvanecía. No creo que la historia personal de uno sea siempre interesante o digna de ser contada. Es interesante para uno. Entonces, ahí me pareció que era necesario aplicar los mecanismos y los artificios de la ficción para que el relato se vuelva interesante y atrapante. La narrativa de la película sigue los parámetros del cine de suspenso. Es, de alguna forma, un thriller psicológico y eso hace que el tema alcance al espectador de otra manera, o sosteniendo su atención de otra forma. Tal vez, si yo me hubiese quedado en el mero relato personal, no habría causado el mismo efecto. Entonces, la película aborda una temática muy difícil, muy delicada, pero lo hace desde el entretenimiento. Y esta junta no es tan frecuente.

-¿Por qué decidiste que la historia transcurra en La Cumbre?

-Yo tenía una fantasía y una ilusión de poder volver a filmar a mi provincia. Soy cordobés, conozco mucho esa región porque forma parte de mi educación sentimental. Mis vacaciones familiares, en gran medida, fueron ahí. Si bien originalmente yo tenía pensado grabar la película en Traslasierra (de hecho, el título original era Traslasierra), cuando empezó la preproducción del proyecto necesitábamos encontrar una ciudad que estuviera más próxima a la capital cordobesa por cuestiones de logística y de producción. Finalmente, encontramos La Cumbre, que está próxima a Los Cocos, donde transcurre una de las escenas más complejas. Logísticamente, La Cumbre y Los Cocos constituían una región que nos venía muy bien en muchos aspectos. Y, al mismo tiempo, seguí teniendo este condimento que yo necesitaba para rodear al protagonista de ese contexto que olía mucho a pasado. Insertar a Pablo en un espacio donde lo animal, lo salvaje, lo natural tuviese una impronta muy fuerte era determinante porque era mi manera de convocar un pasado sin necesitar el flashback como recurso.

-En Chile 672 y La vida después compartiste la dirección con Pablo Bardauil. ¿Por qué en esta decidiste trabajar en solitario?

-Después de las dos experiencias que tuve con Pablo -con quien mantengo una sociedad creativa y seguimos desarrollando proyectos-, para mí era natural pasar a una próxima película en solitario. Y se dio que lo que yo tenía para contar era tan íntimo y tan personal que iba a resultar muy complejo compartirlo de la forma en que yo venía haciéndolo con Pablo. Entonces, siento que me debía a mí mismo la posibilidad de largarme a experimentar este viaje de forma solitaria.

Oscar Ranzani/Página 12

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