Se estrena hoy Pepita, la Pistolera: hablan Luisana Lopilato y Lucía Puenzo

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Mucho antes de que su nombre quedara asociado para siempre a una escopeta y a tres hombres muertos, Margarita Di Tullio fue una mujer que aprendió a moverse en un mundo donde la violencia tenía reglas y casi siempre esas reglas las escribían otros. Trabajadora sexual, protagonista de la noche marplatense y figura vinculada al delito, construyó poder en un universo atravesado por la explotación, la corrupción policial y la complicidad de las instituciones. En 1985, cuando mató a tres hombres que habían ingresado a su casa, la Justicia consideró que había actuado en legítima defensa. El expediente terminó convertido en mito y Margarita, en “Pepita, la pistolera”.

Es justamente ese pasaje de mujer a leyenda el que le interesa explorar a Lucía Puenzo en Pepita, la pistolera, protagonizada por Luisana Lopilato, quien además participa de la producción. Inspirada en hechos reales, la película -que se estrena este jueves 3 de septiembre– se detiene en un momento preciso de la vida de Di Tullio: el invierno marplatense de 1985, cuando está embarazada, intenta independizarse de su proxeneta y construir un negocio propio, mientras las trabajadoras sexuales de la zona son asesinadas y mutiladas por un supuesto asesino serial.

Pero Puenzo no construye una biografía ni se entrega a las convenciones del policial. Su película prefiere las zonas grises: Margarita puede ser víctima y victimaria, protectora y explotadora, mujer sometida y mujer que aprende a ejercer poder. En ese territorio incómodo, donde ninguna etiqueta alcanza, aparece también una pregunta sobre las condiciones que hacen posible que una mujer tenga que armarse para sobrevivir. Con un universo visual oscuro y áspero, Pepita, la Pistolera reconstruye aquella Mar del Plata atravesada por el puerto, la noche, la prostitución, las mafias, la policía y una justicia que tampoco queda al margen de las relaciones de poder. Y pone en el centro a un grupo de mujeres que, frente a un mundo que las expone permanentemente a la violencia, construyen sus propias redes de lealtad y supervivencia.

Lopilato, también productora junto a Javier Furgang, entre otros, cuenta qué fue lo que la inquietó de Margarita Di Tullio cuando se encontró con su historia. “Había algo de lo que había leído que era la noche donde entraron en su casa. Había algo de lo policial y de lo oscuro. Después me empecé a meter en saber quién fue Margarita Di Tullio, qué hacía y a qué se dedicaba. Y después empecé a ver todo un mundo que dije ‘Ojo, además también me interesa como actriz’. Me empezó a generar el miedo de decir otra vez ‘Ah, ok, es por esto que sigo queriendo actuar y queriendo hacer pelis’. Y después el proyecto por momentos crecía, por momentos no se hacía, por momentos se hacía, por momentos no, hasta que se subió Lu (Puenzo) y el proyecto no se bajó más. Se siguió hasta el final, creció y terminó siendo la película, cuyo resultado se puede ver”, explica la actriz que, gracias al desafío que implicó, el público se encontrará con la mejor actuación de su carrera.

-¿Y terminó siendo la película que vos esperabas?

Luisana Lopilato: -Mucho mejor de lo que esperaba. Yo quería contar esa noche, no sabía ni cómo llegar a ese momento. Y fue una idea muy acertada de Lucía de decir qué íbamos a elegir y cómo contarlo. No es una biopic normal que se cuentan diez años y estás viendo a ver desde cómo empezó hasta cómo termina. Se eligió un pedacito: son nueve meses, que es lo que dura un embarazo. Se eligió que Margarita esté embarazada en esos nueve meses de la película. Termina la peli y se transforma en “Pepita la pistolera”.

-Lucía, la película tiene un tono oscuro, casi de melodrama marginal más que de policial convencional. ¿Por qué decidiste no hacer una película de género en el sentido tradicional?

Lucía Puenzo: -A mí me gustan los híbridos. Hay algo de los géneros que no son puros, que tocan varias cuerdas. Es el tipo de novelas que me gusta leer, y de películas que me gusta ver y escribir. Esa mezcla rara entre thriller social, policial, pero también de la vitalidad de todas esas chicas, que tiene hasta un score rupturista con la idea de una película de género. Trae consigo todavía toda esa vitalidad que vimos nosotras cuando se sumaron todas las trabajadoras sexuales que convocamos al proyecto. Y, de alguna manera, también traían lo que más nos había atraído del comienzo a mí y a Luisana: primero, que no es una biopic clásica, no cuenta una vida entera. Cuenta un pedacito de una vida en los finales de los ’80 de una Mar del Plata invernal, muy pocas veces vista en el cine, con un aparato estatal que a las trabajadoras sexuales y a los trabajadores, en general, los tenía muy desamparados. Y esta excusa del “Loco de la Ruta” no era tal: era una mafia policial, estatal, que las tenía muy amedrentadas y que las estaba asesinando. Y en un mundo tan violento como ese, lo que hizo Margarita Di Tullio en su juventud como trabajadora sexual, también víctima de lo que estaba viviendo ella, porque estaba en un mundo extremadamente violento, nos hizo repensar toda la historia. También pensamos qué era ser trabajadora sexual en los ’80 en Mar del Plata, patear el tablero, reinventar las reglas de juego, decir “Nos vamos a autogestionar, las voy a sacar de la calle y las voy a proteger”. Era muy David y Goliat en la que se metió.

-Ahora, ella quiere salir de ese mundo pero no lo hace. Busca liberarse de la corrupción del poder machista, pero regentea su propio negocio.

L.P: -Claramente, ella no es una heroína.

-No la romantizan…

L.P.: -No la consideramos una heroína, ni está construida como una heroína, y todas esas complejidades que tiene el personaje hace que sea una identificación incómoda con el espectador. A mí me gusta mucho proponerle al espectador “Tomate de la mano de este personaje y no va a ser cómodo el camino, porque además te va a caer bien”. Eso, en general, hace que el camino de una película sea mucho más incómodo en el buen sentido: que te interpele, que te haga hacerte preguntas, que te caiga bien una persona que después fue una asesina durante décadas.

L.L.: -De hecho, la película no justifica ni dice “Está todo bárbaro lo que hiciste” ni tampoco la condena. Acompaña todo lo que va viviendo, el proceso en el que se va transformando.

-Luisana, como productora, ¿qué discusiones te interesaban que la película pudiera abrir y que quizá se perderían si la historia se contara solamente como un caso policial?

L.L.: -Un poco lo que me pasó a mí fue empaparme de todo lo que pasa con las trabajadoras sexuales. La verdad que no lo sabía, no estaba en ese mundo, ni es algo de mi vida ni de mi día a día. Pero empaparme de la historia de lo que viven, que son mujeres como nosotras, que vienen con diferentes realidades de lugares muy vulnerables, de cómo las tratan, de mucha violencia. Algunas por necesidad, otras no, otras por gusto, solo por querer hacerlo, por trabajo. Aprendí de todo ese mundo que para mí era muy lejano.

-Y venís de construir personajes muy diferentes a lo largo de tu carrera, pero Margarita supone un cambio especialmente radical. ¿Qué fue lo más difícil?

L.L.: – Animarme a hacerlo fue difícil. Elegir, animarme y soltarme. Lucía me guió un montón, me ayudó en las elecciones a la hora de decir qué sí y qué no. Al principio, empezás con mucho. En un momento hasta yo pensaba que me hubiera gustado que me engorden, ponerme tipo prótesis en el cuerpo, peluca, parecerme mucho a ella. Lo probamos y después empezamos a bajar. Me habían puesto en un cuarto, con dos vestuarios, y yo iba probando con prótesis de cuerpo, sin prótesis de cuerpo, con peluca, sin peluca, y empezamos a sacar fotos y empezamos a verlo. Y ella me decía: “Lopi, mejor por acá, mejor esto, esto no”. Como actriz, también vas buscando y soñando algo que te imaginas, pero hice una limpieza muy grande.

-¿Cómo se trabaja una escena de violencia desde el cuerpo de una actriz sin que esa violencia termine convirtiéndose en un espectáculo?

L.L: -Ensayando, escuchando, mirándonos. Eso ayudó un montón. De hecho, si hoy tuviera que repetir alguna escena así, lo que pediría sería ensayar. Se ensayó muy milimétricamente, segundo por segundo, palabra por palabra, acción por acción.

L.P.: – También pensando eso que decís: ¿cómo se filma la violencia para que eso jamás se transforme en espectáculo? A mí me pasó en series como La jauría, que hablaba de asesinatos de adolescentes y de juegos en línea, y cómo metiéndote con un tema no podés hacerle el juego a esas cosas. Entonces, de alguna manera, uno puede meterse con todos los temas inflamables o las historias inflamables que quiera, pero pensando mucho desde qué lugar lo va a contar, que no quiere decir escatimarlo. Tal vez es al contrario, pero desde la puesta en escena, ¿qué se muestra y qué no? En muchos casos, se eligió estar en un primer plano de Luisana en lugar de enfocar en la violencia que estaba recibiendo. Entonces, hubo mucha búsqueda, tanto desde los ensayos, como del tono, del ritmo y desde la puesta, de qué mostrábamos y cómo lo mostrábamos.

-Margarita quedó en la memoria popular como “Pepita la Pistolera”, pero la película intenta recuperar a la mujer detrás del mito. ¿Qué encontraron en Margarita que no estaba en esa imagen cristalizada por el apodo?

L.P.: -Para mí la primera pista fuerte fue ver fotos del entierro de Margarita Di Tullio, ya convertida en “Pepita, la Pistolera”, por las decenas de trabajadoras sexuales que se habían trasladado de todos puntos del país para estar ahí en su entierro. Y eso hablaba de un agradecimiento. Nadie viaja cientos de kilómetros para despedir a alguien si no la marcó de alguna manera. Y eso fue un poco la pista para nosotros para tirar de un piolín y empezar a entender qué no estaba en los programas Mirtha Legrand, qué no estaba en los registros policiales, dónde se empieza a entender por qué alguien llega a ser quien es. Que no significa justificar nada, pero sí quiere decir salir a hacerse preguntas. Y que realmente el desamparo que vivían a finales de los ’80 las trabajadoras sexuales era tan bestial, tan animal. Era una policía tan desigual a la que se enfrentaban, que sin justificar nada hay veces que la respuesta también llega desde esos lugares. Ellas se organizaron y salieron a defenderse como pudieron. Y después Margarita fue otra. “Pepita, la pistolera” se fue poniendo cada vez más compleja y más oscura. Y desde ese lugar es que nosotros elegimos hacer un recorte, porque no es que la película podía contenerlo todo. Si no, tendrían que haber sido varias películas.

Oscar Ranzani/Página 12-Espectáculos

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