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River hizo valer el primer chico y volverá a jugar la final de la Libertadores

Gallardo corre en busca de sus jugadores para desatar el festejo. Va por el bicampeonato.

Al equipo de Alfaro no le alcanzó su mejoría ni el 1-0 en la Bombonera, que llegó con un gol de Hurtado cuando sólo faltaban 11 minutos. River se clasificó por el 2-0 de la ida y estará nuevamente en la final de la Copa. En la era Gallardo, desde 2014, River ya superó a Boca en sus cinco cruces por Copas, incluyendo tres Libertadores.

El recuerdo le aportará mejores adjetivos, pero la noche de River en la Bombonera quedará grabada más por el logro que por el juego. Por resistir, aunque sufriendo, la épica de Boca y sumarle otro sello a su impactante pasaporte.

El equipo de Gallardo se puso el overol, posibilidad anunciada por su técnico, y guardó el frac para alguna futura velada. El objetivo tal vez lo ameritaba: está por segundo consecutivo en la final de la Libertadores y nadie puede negar su predominio en América. Jugó a blindar el cero, a minimizar los riesgos, todo en un clima hostil, bien visitante.

Pero no pateó nunca al arco y eso sorprende. Su festejo en la mitad de la cancha muestra lo que vale lo conseguido. La paradoja es que en ese mismo momento Boca se iba de la cancha aplaudido.

El balance le da a favor, sin sobrarle mucho. En la comparación de las dos semifinales su superioridad en el Monumental fue mayor y más lúcida que la de su rival en la Bombonera.

Pero el análisis obliga a empezar por el final, por ese segundo partido de 16 minutos, los que se jugaron después del gol de Boca, cuando la confusión terminó de acorralar a River, lo único que le importaba era el reloj y cada pelota parada en un suplicio.

Fue uno de los peores partidos de River en mucho tiempo y en eso hay un mérito de Boca. El equipo de Alfaro asumió riesgos y se fue encendiendo a partir de la profundidad que lograba por derecha. Buffarini y Salvio se asociaron para complicar el lado más fragil de la defensa de River, donde la responsabilidad la tienen Casco y De La Cruz, especialistas en otro rubro. Por esa banda se jugó gran parte de la primera etapa, tanto cuando atacaba Boca como cuando podía responder, menos, River.

Un acierto de Alfaro fue el ingreso de Almendra. El pibe le dio liquidez al juego en el medio, soltando rápido la pelota, siempre hacia la derecha. Boca arriesgó dándole cuerda a los laterales y dejando a Lisandro Lopez e Izquierdoz a solas con Borré y Suárez. Pero River no encontró la pelota y nunca tuvo ese pase directo y al vacío de Palacios, por ejemplo, que tanto lastimó a Racing. Recién a los 35 minutos logró hacer circular la pelota y la jugada terminó con un remate desviado de De La Cruz.

Lo empujó Boca, sin arrollarlo. Desequilibró por derecha y buscó en el área algo que no encontró porque Wanchope chocó contra Pinola. La pegada de Mac Allister en cada pelota parada provocó expectativa y alguna que otra zozobra como la tremenda pelota que sacó Armani ante su compañero Enzo Pérez.

Hubo en cambio dos jugadas polémicas. A los 9, el línea desactivó por offside previo y discutible lo que hubiera sido una larga discusión: ¿penal de Armani a Wanchope? Y a los 21, otra pelota parada y una carambola que pegó en la mano de Mas, por lo que el árbitro anuló el gol de Salvio. También a los 11 del segundo tiempo, cuando por indicación del línea, Sampaio anuló un gol de Mac Allister. Nunca intervino el VAR.

A los 15 minutos de la segunda etapa Alfaro arriesgó aún más. Zárate ingresó por Almendra y Hurtado por un Abila que no estaba para los 90. Gallardo respondió con Pratto por Borré. El partido estaba cantado: Boca tratando de perforar el cero y jugado en defensa. River, a la pesca.

Pero cada pelota parada era oro para Boca y miedo para River. El cero nunca es garantía y llegó esa pelota que bajó Lisandro López y empujó Hurtado. Uno más y había penales. No ocurrió. El empuje de Boca no alcanzó y el overol de River terminó embarrado y transpirado.

River está en la final, otra vez. La imagen de sus jugadores y Gallardo festejando en el centro del campo prueba lo mucho que vale lo logrado. Al mismo tiempo, la gente de Boca aplaudiendo a los suyos apagó los peores augurios y cerró otro Superclásico para la historia.

Adriá Maladesky/Clarín

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